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Los desafíos del Sinaí

Los terroristas han decidido convertir el territorio en un campo de batalla permanente.

GEES
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El 17 de septiembre, terroristas yihadistas atacaban la base de Al Ghora, que alberga efectivos de la Fuerza Multinacional de Observadores (MNFO), que desde hace treinta años vela por el tratado de paz entre Egipto e Israel en la sensible Península del Sinaí. En un primer momento el reto era garantizar la seguridad en términos convencionales, tras la evacuación civil y militar israelí del territorio, pero los actuales son incluso más inquietantes que aquéllos.

Desde mediados de la década pasada, aún en la época del régimen de Hosni Mubarak, la situación en el Sinaí comenzó a deteriorarse, ante el efecto combinado de las acciones violentas de elementos autóctonos beduinos y de terroristas dinamizados por Al Qaeda. La victoria electoral de Hamás y el desenganche israelí de la Franja de Gaza no hicieron sino complicar aún más las cosas. En la actualidad, todos estos actores siguen en la zona, con el agravante que ha supuesto la defenestración de Mubarak y la subida al poder de los islamistas egipcios. 

En agosto, en otro ataque terrorista, 16 soldados y policías egipcios perdieron la vida en ese territorio clave para la seguridad de Israel. Tuvo lugar tan cerca de la frontera, que los militares israelíes tuvieron que intervenir, lo que ha obligado a las autoridades egipcias a tomar cartas en el asunto poniendo en marcha la Operación Sinaí. Decimos "obligado" porque el presidente Morsi y el Gobierno, también islamista, habían venido siendo demasiado condescendientes tanto con el desafío salafista (en las calles... y en los asaltos a las embajadas) como con el yihadista salafista, manifestado a través de terrorismo puro y duro.

El pasado día 8 el Ejército egipcio hacía oficial la cifra de 32 terroristas muertos en el marco de la susodicha Operación Sinaí, una respuesta contundente para frenar cualquier peligrosa deriva que pudiera tener graves consecuencias tanto para la seguridad interna de Egipto como para la seguridad regional (Israel, Franja de Gaza). 

El problema es que el ataque del día 17, que sucedía a otro perpetrado contra el mismo objetivo sólo dos días antes, pone de manifiesto la voluntad terrorista de internacionalizar lo más posible sus acciones. Además, el hecho de que el mismo día se produjera un ataque contra la Comisaría Central de Policía de El Arish, capital de la provincia del Norte del Sinaí, demuestra la voluntad terrorista de no cejar en su empeño de hacer de la región un campo de batalla permanente.

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