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Obama: consecuencias económicas

La insostenibilidad del modelo obamita ya está aquí. Se le llama 'abismo fiscal' e implicará reducir gasto y subir impuestos por valor de 600.000 millones en 2013.

GEES
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Consumada la tragedia, algunos ven con agrado la reelección de Obama. Es positiva para la economía, alegan, pues el presidente americano no es partidario de la austeridad. En efecto, el déficit anual federal de EEUU es equivalente al PIB de España; pero en qué puede ser esto beneficioso es algo que se nos escapa.

No solo a nosotros. Wall Street y las bolsas europeas se desploman, baja el dólar y aquí repunta la prima de riesgo: se acusa a las previsiones de la Comisión Europea, pero podría deberse a un fundado temor a las políticas de Obama.

El presidente demócrata seguirá tratando de transformar una sociedad signada por la responsabilidad individual en otra subsidiada, en la que el Estado elija ganadores y perdedores. Todo ello a precio de saldo para la generación presente, que carga el muerto a las venideras. Tal perversión de la democracia –no votan aquellos que pagarán las facturas– es antieconómica e inmoral. América tiene hoy una deuda superior a la que tenía en la II Guerra Mundial. Entonces financiaba los pertrechos de unos mozos de dieciocho años que venían a morir a las playas francesas para preservar la libertad. Hoy, más prosaicamente, paga molinillos energéticos, la prolongación del subsidio de desempleo y, en general, la dependencia del Estado.

Pero la insostenibilidad del modelo ya está aquí. Se le llama abismo fiscal e implicará reducir gasto y subir impuestos por valor de 600.000 millones en 2013. Obama quiere que lo paguen los ricos. Suerte con ello. Si no los tienen, y es dudoso que así sea, Estados Unidos volverá a la recesión. Y si los tienen pero con las justas, el escaso crecimiento del PIB no permitirá crear empleo. ¿En qué puede ayudarnos esto? Misterio.

Luego está Bernanke. Ha contribuido a la reelección de Obama más que ningún donante privado, con sus imponentes impresiones monetarias que devalúan el dólar y generan inflación ad extra. ¿Le viene bien al Gobierno español una inflación creciente? ¿Tanto le sobra del presupuesto para revaluar pensiones?

Obama exclamó este verano: "You didn’t build that!", convencido como está de que la riqueza no la crea el esfuerzo privado sino la imaginación y la redistribución estatales. ¿Nos agrada este fanatismo ideológico?

Y la economía no es lo peor. Aunque gocemos de la gracia del Pentágono, que instala sus destructores con antimisiles balísticos en Rota, a Obama no le importa Europa. Ni sufrirá por que seamos frontera con un Norte de África revolucionado por el "liderazgo desde la retaguardia" –así ha denominado Obama su retirada estratégica de Oriente Medio y su abandono del islam moderado a manos de los radicales–, ni padecerá el declive socio-cultural que encubre su reelección, desmoralizando a América justo cuando más necesita Occidente algo valioso que emular.

Estados Unidos es una nación grande y optimista, cuyos pesos y contrapesos políticos y sociales acaso la salven. Los que teníamos poco remedio éramos nosotros. ¿Qué haremos ahora, sin ningún ejemplo a seguir? Obama, al menos, está a tiempo de pedirle a Merkel el rescate. 

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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