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Poderosas milicias libias

Las FFAA, en proceso de reconstrucción, como el resto de las instituciones del país, no están en condiciones de hacer frente a milicias bien armadas.

GEES
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Lo que el régimen del primer ministro libio, Alí Zeidan, está presentando desde hace algo más de una semana como una "ofensiva final" contra las milicias que siguen desafiando su poder no está dando resultados visibles. Es más, una de ellas ha desafiado directamente al mandatario secuestrando, el 31 de marzo, a su jefe de Gabinete, Mohamed Alí al Gatus, cuando se trasladaba a Trípoli desde Misrata.

La iniciativa de Zeidan que intenta aplicar su ministro del Interior, Achur Chauayel, no puede aplicarse porque las Fuerzas Armadas y de Seguridad, en proceso de reconstrucción, como el resto de las instituciones del país, no están aún en condiciones de hacer frente a milicias bien armadas, cuyos miembros le han cogido gusto a ejercer la coacción. Y ello es una muy mala noticia tanto para los libios como para todos sus vecinos, y también para los potenciales socios de este rico país, que esperan que la estabilidad vuelva para hacer negocios.

El esfuerzo destinado a recuperar el control por parte de las autoridades de Trípoli debe aplicarse a todas las regiones, y no sólo a la levantisca y cada vez más alejada Cirenaica, la región oriental que tiene como capital a la convulsa Bengasi, cuna de las revueltas de febrero de 2011. El sur profundo, el Fezan, también escapa a todo control, con milicias y rivalidades tribales agudizadas tras la pérdida del factor integrador que Gadafi suponía. El sur está además en comunicación con el Sahel y, así, en contacto directo con los efectos que la Operación Serval está teniendo de ahuyentar a aquellos terroristas yihadistas que no son eliminados por la ofensiva de las fuerzas franco-africanas. Es significativo que desde el sur libio llegaran al campo gasístico de In Amenas, en el sureste argelino, los terroristas que lo asaltaron el pasado 16 de enero, provocando una matanza. Hasta fines de año no prevén las autoridades argelinas que se restablezca totalmente la producción de gas en la misma.

Pero las milicias también son fuertes en el oeste del país y en la capital, Trípoli. El 31 de marzo una de ellas asaltaba el Ministerio de Justicia, dirigido por Salah Marghani, para mostrarle a éste su rechazo a la exigencia gubernamental de que abandonara la prisión que sus milicianos controlan desde 2011. Es surrealista un país donde los miembros del Gobierno están amenazados de muerte, donde más de 500 centros oficiales (prisiones incluidas) están en manos de milicias y donde abundan las armas de todo tipo, alimentando conflictos dentro y fuera de sus fronteras. Y esta inestabilidad afecta a los estratégicos hidrocarburos: Italia, que ya había visto reducido su suministro de gas tras el ataque de In Amenas, lo ha visto aún más mermado a fines de marzo al interrumpirse el flujo por el Green Stream debido a choques armados en una planta de producción libia en el oeste del país.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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