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UE y preferencia palestina

La paradoja es que la política exterior de la UE dificulta la mayor apertura jamás hecha a los palestinos.

GEES
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La UE, se dice, es un gigante económico y un enano diplomático. Y tanto.

La UE rechazó calificar a Hezbolá como terrorista –como hacen los Estados Unidos, Francia o Inglaterra– y discutió la posibilidad de someter a Israel a un boicot, pero la decisión que ha tomado ha sido impedir que la ayuda a Israel (750 millones de euros, según las últimas perspectivas plurianuales 2007-2013) llegue a los colonos de los denominados "territorios ocupados", los recuperados por Israel a Jordania y Siria (Cisjordania y Jerusalén Este, Altos del Golán) tras la guerra defensiva de 1967 (el recuperado a Egipto, Gaza, fue evacuado de colonos por el "malvadísimo" Sharon en 2005).

Podrán considerarse políticamente inoportunos pero es muy discutible jurídicamente que los asentamientos sean, como repiten mecánicamente los medios, ilegales. Sorprende así la animadversión europea.

Ante las 90.000 víctimas sirias que ya superan con creces las del "conflicto" palestino-israelí en sesenta y cinco años, las provocadas por la inestabilidad en Egipto o las potenciales de un Irán nuclear, es legítimo preguntarse a qué exactamente se dedica aquí la UE.

Se supone que pretende presionar a negociar una paz con los palestinos. Pero "los palestinos" nadie sabe muy bien quién son. Tras abandonar la posición de primer ministro Salam Fayad, su poder se divide entre el presidente electo pero sin mandato (2005-2009) Abbas que reina en Cisjordania y el primer ministro en Gaza Ismail Haniyé. Siendo esto el resultado de un acuerdo de 2007 precedido por el golpe de estado contra la Autoridad Palestina por la versión gazauí de la Hermandad Musulmana, también conocida como Hamas.

Pero además, Netanyahu acepta negociaciones sin condiciones, mientras que el ya un tanto ilegítimo Abbas exige una muestra de buena voluntad. Curioso viniendo de parte de quien llevó a Palestina a la Asamblea General de la ONU a obtener el flamante título de observador no miembro sin renunciar al objetivo tradicional de la OLP-AP de un estado desde el Mediterráneo al Jordán. Es decir, Europa sigue privilegiando a quien no reconoce un estado judío, pretende un único estado palestino y al tiempo reprocha a Netanyahu la "falta de gestos".

Promueve además la desconfianza entre las partes al identificarlas con sus tradicionales padrinos (Europa para los Palestinos, USA para los israelíes). Normal que el centrista socio de gobierno de Netanyahu, Lapid, haya calificado este circo de "directriz miserable, a destiempo, que sabotea los esfuerzos (americanos) por acercar a las partes a la mesa negociadora".

Impide sobre todo el progreso de la solución de dos estados, último elemento de la doctrina Bush (un terrorista como Arafat no podía dirigir la institución) y que dio origen a la Hoja de Ruta. La paradoja es que la política exterior de la UE dificulta la mayor apertura jamás hecha a los palestinos, aquella que más los libera de autoridades incompetentes o criminales. A veces al activismo le sucede algo peor, el activismo idiota.

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