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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

La 'Mercedes'

Resulta que ahora la Mercedes está de moda, y no por las razones debidas. La verdad es que si los piratas del Odyssey no se ponen manos a la obra en lo suyo, que es el expolio, la nave seguiría en el fondo del mar con toda su carga.

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Lo que me llama la atención es que nadie –creo– se haya puesto en estos días a investigar la historia de la fragata y de su tesoro: de dónde venía, adónde iba y por qué se hundió. Sobre todo esto último.

Venía de Montevideo, venía a España y fue hundida por obra de la pérfida Albión, nunca mejor dicho, porque los ingleses perpetraron un acto de guerra cuando no había guerra. Pero hay más: una tragedia que implica nada menos que a don Diego de Alvear y Ponce de León y a su hijo Carlos, que pocos años más tarde retornaría al Río de la Plata (1812), en compañía de don José de San Martín, con el propósito de emprender la campaña que llevaría a las independencias de Argentina, Chile y Perú.

Ese viaje, y esa relación, la de los Alvear con San Martín, es objeto de debate serio desde hace un tiempo. A falta de pruebas concluyentes, digamos que es leyenda argentina, que parece estar siendo corroborada por investigaciones en agraz (sobre todo las de Sejean y Chumbita), que el Libertador San Martín no era hijo de Francisco de San Martín y Gregoria Matorras, sino de alguna mujer del Río de la Plata, probablemente indígena, y de don Diego de Alvear, y que los San Martín lo habrían prohijado como favor al padre biológico para que el muchacho no tuviese un destino de bastardo y pudiese ingresar en el ejército español, como efectivamente hizo.

De modo que él y Carlos de Alvear, que no sentía gran afecto por San Martín, sino más bien una cierta inquina, hija de la envidia por sus ostensibles talentos, serían medio hermanos.

Viajaron cuatro naves: la Medea, al mando de Bustamante y Guerra, la Fama, la Flora y la Mercedes, con un gran cargamento de caudales y mercancías, y el convoy se encontró, delante del Cabo de Santa María, en la costa portuguesa, con un número igual de fragatas ingleses. Pese a no haber guerra, debido al Tratado de Amiens, éstas amenazaron a las españolas.

Don Diego de Alvear –hombre digno, que había defendido y ayudado al virrey Santiago de Liniers– y su hijo Carlos María, que iban con el resto de su familia en la Mercedes, fueron llamados a la nave insignia, la Medea, como intérpretes en una inesperada e innecesaria negociación con los británicos. La Amphion, fragata inglesa, disparó un cañonazo intimidatorio que fue a dar de lleno en la santabárbara de la Mercedes, que estalló, hundiendo el barco en el acto, con toda la familia de Alvear y todas las riquezas acumuladas por ellos dentro. Sólo se salvaron el padre y el primogénito.

Bustamante y Guerra, que no era tonto –había participado incluso en la organización de la Expedición Malaspina–, suponía que algo podía pasar, porque no se fiaba de Gran Bretaña.

España declararía la guerra en diciembre de aquel año 1804.

 

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