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LEY ANTIFUMADORES

Cuestión de derechos (de propiedad)

Con el tema de la prohibición de fumar en bares y restaurantes, mucha gente cae con facilidad en la tentación totalitaria, incluso muchos que se proclaman liberales. Me refiero a quienes están de acuerdo con la prohibición porque no son fumadores y les molesta profundamente el humo del tabaco.

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Veamos. Que consumir tabaco es dañino para la salud no lo voy a negar (pese a las exageraciones de algunos), como tampoco voy a negar que el humo de los fumadores molesta y perjudica a los no fumadores. Es una realidad. De hecho, yo no he fumado en mi vida y me molesta mucho el humo del tabaco. Mucho. Pero esta ley supone un ataque a la libertad individual en toda regla. Mi libertad no me pide que amolde la sociedad a mis gustos y preferencias, sino que permita acciones y estilos de vida que no son los míos, siempre que no me agredan.

Pero ¿no es una agresión en toda regla el tener que soportar el humo de los demás en los bares? Pues no. Rotundamente, no. Pensar así es confundir derechos. No es el fumador pasivo el que tiene derecho a que no se fume en un bar, sino que, por el contrario, es el dueño de ese bar quien tiene derecho a decidir quién entra en su propiedad (derecho de admisión) y qué se hace en ella, que es de hecho lo que hacemos todos en nuestra casa. Puede que un bar sea un espacio público por estar abierto al público, pero no es una propiedad pública.

El fumador pasivo tenía a su alcance conseguir que el humo de los fumadores dejase de molestarle: le bastaba con no entrar en los bares en que se pudiera fumar. Tan sencillo como eso. Nadie está obligado a entrar en bar alguno. Ahora se obliga a los propietarios de los bares a perder derechos y soberanía sobre sus propiedades, lo cual es absurdo, totalitario y liberticida.

En un intento de justificar lo injustificable, el gobierno ha utilizado el argumento de la protección de los trabajadores del sector de la hostelería, grandes fumadores pasivos. Otra absurdidad. Primero, porque los trabajadores no son dueños de los locales en que trabajan. Las reglas del negocio y las decisiones empresariales las ha de tomar el propietario. Nadie está obligado a trabajar en sitio alguno. En segundo lugar, ¿acaso ha preguntado el gobierno a todos los trabajadores del sector su opinión, o simplemente se ha limitado a opinar en su nombre? Por otro lado, parece que el gobierno no es consciente de las pérdidas que van a sufrir bares y restaurantes. Se calcula que aproximadamente de un 20%. Esto significará más paro. Probablemente los trabajadores preferirán seguir aspirando humo antes que irse al paro. Creo yo. El desempleo también es muy malo para la salud...

El gobierno ha dictado una nefasta solución para un conflicto que en las sociedades libres ha de estar totalmente resuelto: que cada quién decida dónde y cuándo se permite fumar en su empresa, local o propiedad.

El gobierno ha decidido imponer un estilo de vida agrediendo derechos individuales de propiedad. Por eso es importante oponerse frontalmente a esta ley, porque después  vendrán otras. La ambición totalitaria del Estado no tiene límite. Sólo el que los ciudadanos acepten.

 

© Instituto Juan de Mariana

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