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La batalla por el niño Jesús

Probablemente ninguna otra figura histórica ha reunido tantos títulos como el niño santo de Belén. Pacifista, cruzado santo, filósofo iluminador, revolucionario marxista, todas estas denominaciones han sido aplicadas a Jesús. Ahora más que nunca, vemos indicios de sobra de que sus enseñanzas básicas están siendo nuevamente sometidas a presión por la política de estos tiempos.

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Para muchos conservadores, Jesús es el gran moralista. Su campaña contra el pecado inspira, entre otras cosas, la exhibición pública de los Diez Mandamientos y aviva la oposición al matrimonio gay. (Un líder evangélico bautizó como "Nuestro Gettysburg" la enmienda federal sobre el matrimonio) Hollywood sigue siendo una abominación hacia el Señor. Si la radio cristiana sirve como guía, Jesús pensaría que la serie de televisión "Esposas desesperadas" es la siguiente gran amenaza a la civilización occidental.

Los progres creen en un Mesías mas interesado en asuntos sociales. Jesús querría un mayor gasto social en programas de bienestar y apoyaría el salario mínimo. En la guerra contra el terrorismo, su Jesús palidecería al hablar del bien y del mal. En realidad, simpatizaría con las quejas de los radicales islámicos, aunque se guardaría una regañina especial para dársela a la superpotencia por su arrogancia. "El precio que los americanos han de pagar por ese tipo de arrogancia con la que operan será en verdad terrible" predice el teólogo de la Universidad de Duke Stanley Hauerwaus. "Y pienso que ¡vaya si nos lo merecemos!"
 
Ya hemos oído estas opiniones anteriormente, durante una temporada de igual agitación como ahora. Por ejemplo, en 1934, los delegados a la Alianza Baptista mundial volvieron muy impresionados de una reunión en Berlín con el nuevo líder alemán. La Alianza dijo: "Es sabido que el Canciller Adolfo Hitler da brillo con su prestigio personal al movimiento por la templanza dando buen ejemplo ya que no usa intoxicantes y tampoco fuma." Un año antes de ésto Hitler había quemado el Reichstag (El Parlamento alemán), había declarado el estado del partido único y había empezado a excluir a los judíos del gobierno y de la vida pública. Y un pastor de Boston alabó a los nazis por hacer cumplir la moralidad pública. "Ha sido un gran alivio, dijo, estar en un país dónde no se puede vender lujuriosa literatura erótica."
 
El Jesús de la imaginación mas progresista, sin embargo, era igualmente miope. Estaba demasiado obsesionado con los fallos de la democracia anglo-americana para medir la furia de la cumulativa tormenta hitleriana. Los editores del la revista "Siglo Cristiano", por ejemplo, atacaron ferozmente "la errada e irracional idea" de que la causa aliada sería una guerra por la defensa de lo bueno de la civilización. Aun cuando el nazismo amenazaba con engullir toda Europa, reverendos como John Haynes Holmes pedían una victoria alemana "como el castigo por los pecados americanos". Su príncipe de la paz practicaba la diplomacia, la no violencia y la cooperación internacional. Entonces dijo Albert Palmer, presidente del SeminarioTeológico de Chicago: ¿Es la fuerza militar más fuerte que la fuerza espiritual que nos rodea y espera su momento del día?" escribió en Junio de 1940. "Sin oposición militar, los Hitlers del mundo desaparecerían."

Es difícil imaginarse a un Jesús histórico hablando así. Lo que sea que se diga de Jesús, Él representa –hasta para los que dudan– el cénit de la visión moral. Los Evangelios lo presentan como una figura profundamente sabia y despiadado con las pretensiones de los hombres sin principios. Sus enseñanzas sobre la condición humana aun llegan a la médula: agudo, lúcido, severo, extremadamente realista. "¿De que le sirve al hombre ganar el mundo," preguntó Él una vez, " si se destruye o se pierde a sí mismo?"(Lucas 9:25)
 
Por ello, que no les extrañe que tanto progres como conservadores tengan problemas con Él. El Jesús de la Biblia ofrece el perdón a los asesinos pero a los mercaderes los echa del templo a latigazos. Come con prostitutas pero promete el fuego del infierno a los hipócritas religiosos. Bendice a los puros de corazón, pero nunca deja de llamar al mal por su nombre. Donde va, la devoción y la amargura parecen seguirle. "Este niño está llamado a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel," dijo un sabio al ver a Jesús, "y para señal que será contradicha para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones." (Lucas 2:34-35)
 
Hasta hoy, casi todo mundo quiere que Jesús esté de su parte en cualquier argumento. Pero el niño del pesebre, el hombre adorado como Deidad por millones, sigue su propia senda-- y nos manda a que le sigamos.
 
Nota de traducción: La batalla de Gettysburg fue un momento crucial para que el Norte le ganara la guerra al Sur y diera paso al renacimiento de la Unión Americana.
 
©2004 Knight-Ridder Tribune
©2004 Traducido por Miryam Lindberg

Joseph Loconte es miembro de la Fundacion Heritage, especialista en temas religiosos y sociedad civil. Sus artículos aparecen en periódicos como New York Times, Wall Street Journal, Los Angeles Times, USA Today, Chicago Tribune, entre otros. También es comentarista de CBS y Fox News. Libertad Digital agradece a la Fundación Heritage el permiso para publicar este artículo.

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