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PACIFISMO

El segundo frente

Antes de que comenzara la lucha, uno de los temores expresados por los críticos de la guerra para liberar Irak fue el de la perspectiva de que Al Qaeda u otras organizaciones yihadistas pudieran lanzar ataques contra los americanos en casa y en el extranjero. Una guerra contra Irak nos distraería de la guerra contra el terror. El Partido Demócrata, que no quiso ir a la guerra contra Irak en 1991 ni en 2003, hizo de este argumento la piedra angular de su crítica a la política de la administración.

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Fue el himno prebélico de Demócratas como Joe Biden, candidato a miembro del Comité de Asuntos Exteriores del Senado, Tom Daschle, líder de la minoría en el Senado, Ted Kennedy o el ex presidente Bill Clinton. De hecho, se publicó un llamamiento en nombre del (probablemente muerto) Osama bin Laden a lanzar un asalto contra los americanos como “segundo frente”, para apoyar al régimen de Saddam Hussein.
 
Pero la guerra llegó y el terror no. En los días previos al conflicto, la coalición antiterrorista liderada por los americanos fue capaz hasta de capturar al número tres de Al Qaeda y jefe de operaciones. Es un hecho notable, pasado por alto a menudo por los críticos, que cualquiera que haya sido el destino de Osama bin Laden, no ha habido ataques terroristas con éxito por parte de Al Qaeda contra americanos en el país desde el 11 de Septiembre. Este es el tributo de mayor fuerza a la estrategia agresiva de la Administración Bush, que ha mantenido al enemigo terrorista en la cuerda floja y desperdigado, y que se construye sobre la percepción de que la guerra contra el terror y la guerra contra los regímenes que albergan terroristas son dos caras de la misma moneda.
 
Pero hay otro frente de la guerra contra América, que no ha estado tan en calma. Es la guerra orquestada por la izquierda antiamericana en casa y en el extranjero. Mientras tropas norteamericanas y británicas arriesgan sus vidas para librar una guerra de liberación con considerable esfuerzo por evitar bajas civiles en el otro bando, centenares de miles de manifestantes salieron a las calles y se enzarzaron con la policía poniendo en peligro vidas civiles propias. En Nueva York, Washington, San Francisco, Los Ángeles y las ciudades de todo el país, los activistas vulneran la ley de un modo calculado para causar caos urbano y disfunción económica. Según los planes de los organizadores, miles de policías que son un elemento integral de la defensa de la Seguridad Nacional se encontraron de manos atadas para evitar que los activistas incrementaran su guerra en casa hasta un nivel de violencia seria.
 
Esta violencia está empezando. Se confiscaron cócteles Molotov en San Francisco, en donde un activista también se jugó la vida saltando desde el Golden Gate. Miles de gamberros han sido arrestados. En el exterior, donde la policía no es tan solícita con la violencia callejera, varios activistas resultaron muertos.
 
Sería imprudente no tomar en serio la amenaza contra la política y la seguridad norteamericanas que representa este ataque organizado. El erróneo nombre de movimiento "pacifista" está organizado y es liderado una izquierda que proclama su solidaridad con estados terroristas como Cuba y Corea del Norte, y con organizaciones terroristas de Oriente Medio. [2] Una pancarta de varios manifestantes de San Francisco reza: “Apoyamos a nuestras tropas cuando disparan a sus superiores”. Una foto de esta pancarta es desplegada orgullosamente en una página web izquierdista que ha jugado un papel clave en la organización de las pasadas manifestaciones (y es financiada en parte por una fundación dirigida por el comentarista de la PBS Bill Moyers).
 
Al movimiento anti Vietnam, alcanzar los niveles de estos manifestantes antiamericanos le llevó 5 años, y otros dos iniciar la violencia real. Cuando se cruzó esa línea, hubo más de 100 atentados en casa, y fue iniciado al menos un culto terrorista. El movimiento actual es potencialmente bastante más peligroso. Al contrario que su predecesor anti Vietnam, se alinea con grupos de solidaridad terrorista y organizaciones fundamentalistas musulmanas activas en los campus universitarios. Esto incrementa la probabilidad de que en sus tendencias violentas se intensifiquen mientras continúe la guerra contra el terror en el exterior. La perspectiva de que desarrolle sus propios vástagos terroristas es real.
 
Al contrario que con los esfuerzos anti Vietnam, el actual movimiento se rige casi completamente por el odio a las instituciones, políticas y propósitos americanos (“Washington es el eje del mal”, “América es el mayor estado terrorista”, “No más sangre por petróleo”). No se inspira en ningún futuro utópico  – sin importar lo ilusorio – del Irak de Saddam Hussein. El socialismo lleva  décadas muerto como objetivo serio de la mayor parte de la izquierda. En su núcleo, la izquierda ha sido siempre una revuelta nihilista y reaccionaria contra el mundo moderno (capitalismo, individualismo, libertad), que es el motivo por el que puede aliarse tan fácilmente hoy con los islamofascistas.
 
Esto significa que el actual renacimiento izquierdista no es disuadido por una victoria americana en la guerra actual. Sus filas probablemente crecerán y sus tácticas se radicalizarán conforme el avance de la guerra contra el terror provoque problemas en otros países musulmanes. Se alimentan de los obstáculos a la paz iraquí –particularmente si es una paz molesta– y continuará sus ataques “anti-globalización” contra los esfuerzos por establecer un orden internacional próspero y tranquilo.
 
Los  mayores peligros de este  renacimiento izquierdista yacen en su potencial disrruptor de la política americana de posguerra y en su potencial de limitar las opciones del ejército americano,  especialmente por su profunda resonancia en el Partido Demócrata, donde la mitad de sus componentes (y muchos de los lideres) se oponen a la guerra. El Presidente ya ha alertado de que el esfuerzo por reconstruir Irak, estabilizar la región y librar la guerra contra el terror “exigirá nuestro compromiso continuo”. Para sostener su seguridad y compromisos en política exterior, las democracias requiere amplio apoyo partisano de sus partidos y de su público. Es este apoyo lo que amenaza la izquierda antiamericana, y es la prueba nuestra nación debe superar.
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