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MISERIA DEL NACIONALISMO

La hora de las nueces

Lo dijo Xabier Arzalluz el 26 de marzo de 1991 y sus interlocutores etarras lo registraron para la posteridad: "No conozco ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan (...) Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas".

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La confesión la recogen Carmen Gurruchaga e Isabel San Sebastián en un muy bien documentado libro titulado, precisamente, El árbol y las nueces (Temas de Hoy, 2000) y subtitulado "La relación secreta entre ETA y PNV". Ahora, cuando ETA guarda las armas en sus zulos (y no las "deja", como tergiversó La Vanguardia en su titular sensacionalista del 21/10), son muchos los que corren a apropiarse de los frutos de la contienda. En primer término los padres peneuvistas, en cuya cuna nació y se amamantó la criatura homicida, siempre mimada por personajes como Joseba Egibar y el mismo Arzalluz; en segundo lugar los parientes próximos, como el aún socialista Jesús Eguiguren; y en tercer lugar los familiares de otras comunidades que comparten parecidos apetitos.

El vigor de los híbridos

La novedad es que la criatura ha crecido hasta el punto de creerse con fuerzas suficientes para poner condiciones leoninas a quienes ambicionan asociarse al festín de las nueces. Con una salvedad: nunca entendí por qué se utiliza el término izquierda abertzale para designar a este perverso protagonista de la disputa por el botín. La izquierda tiene su vertiente moderada, socialdemócrata, con la que es posible compartir proyectos, y su vertiente despótica y asesina, que dejó un rastro de horror y sangre a lo largo de todo el siglo XX, con ramalazos que aún perduran. Pero ambas vertientes prometían, una con ingenuidad, la otra con cinismo, un futuro mejor y una sociedad más justa. En cambio, el referente de los abertzales está en el Cro-Magnon, cuya marca genética y lingüística se jactan de perpetuar. Yo sólo escribo "izquierda abertzale" cuando cito textos ajenos. Aunque también es revelador que la izquierda tradicional no reniegue públicamente de este obsceno parentesco con trogloditas.

Sobre todo el entramado abertzale pesa la sombra de Sabino Arana, un energúmeno que ni siquiera fue capaz de asimilar las falacias pseudocientíficas que apuntalaron, a finales del siglo XIX, las hipótesis racistas del conde de Gobineau. Su racismo fue el fruto puro y duro del odio visceral a la modernidad y el progreso, a la ciudad y la industria, que veía encarnados en España y los españoles. Y los orgullosos herederos, discípulos e idólatras de este desquiciado son los que pretenden quedarse con uno de los despojos de la España balcanizada. Una especie de Kosovo reenviado a la Edad de Piedra. El sabio Luigi Luca Cavalli-Sforza pone en la picota estas fantasías de pureza y superioridad racial (Genes, pueblos y lenguas, Crítica, 2000):

Todos los criadores saben muy bien que cuando se persigue la pureza genética de un linaje con cruces repetidos entre parientes consanguíneos, como padre-hija o hermano-hermana, la resistencia a las enfermedades y la fecundidad, junto con otros caracteres deseables, pueden situarse en un nivel peligrosamente bajo.

En general, convendría buscar lo contrario: los animales de cualquier especie, incluido el hombre, tienen más posibilidades de poseer niveles elevados de caracteres importantes, como la resistencia a las enfermedades, la fecundidad, la inteligencia, etc., si son mezclas genéticas. En efecto, se habla de vigor de los híbridos.

El timo de la "conferencia de paz"

La suspicacia beligerante con que algunos políticos y formadores de opinión recibieron, en primer lugar, el timo de la "conferencia de paz" de San Sebastián, y, en segundo, el repliegue de ETA a sus cuarteles de invierno mientras se procede al reparto de las nueces –condición sine qua non para no volver a sacudir el árbol– se explica por el miedo a lo que podría ocurrir a los habitantes híbridos del enclave troglodítico tras el proceso de balcanización.

Respecto de la "conferencia de paz" escribió Florencio Domínguez, experto en estos temas (LV, 19/10):

Y eso lo firmaron tres tipos como Gerry Adams, que viene de Belfast; Bertie Ahern, que viene de Dublín; y Jonathan Powell, que viene de Londres. Será que no se han fijado en lo que tienen en casa (...) Desde el 1 de enero del 2009 hasta hoy en España hay que contabilizar tres asesinatos y 66 heridos en catorce atentados con bomba y uno con arma de fuego. Todos ellos se cometieron en el primer semestre del 2009. En el mismo tiempo, en el Ulster que gobierna Gerry Adams se han producido ocho asesinatos terroristas –uno de ellos este mismo año– y 309 personas han resultado heridas en atentados, según datos del Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI), que entre el 2009 y el 2010 ha registrado 79 incidentes con bombas y otros 100 con armas de fuego.

Domínguez añade que los mediadores "han copiado el modelo de negociación de Anoeta elaborado por ETA y Batasuna en el 2004", y que, por tanto,

los únicos que se sienten satisfechos al cien por cien por los resultados de la conferencia son los dirigentes de la izquierda abertzale. Ellos sabían para qué querían el evento: para encontrar apoyo internacional a una negociación sobre autodeterminación y territorialidad (o sea Navarra). Y lo han conseguido.

Una ceremonia lacrimógena

Tres días después de la publicación de este artículo, Alfredo Pérez Rubalcaba, Patxi López, Jesús Eguiguren y el incombustible Odón Elorza escenificaron una lacrimógena ceremonia para demostrar que ellos también se sentían satisfechos. En medio de una "emotiva catarsis colectiva", Rubalcaba, el candidato a prolongar el desbarajuste zapateril, divagó:

Este proceso era para acabar con ETA, no para acabar con los independentistas, que siempre han existido, existen y existirán (...) Nuestra lucha ha sido contra los terroristas, no contra los independentistas radicales. A los terroristas y a quienes les protegen se les persigue con las armas del Estado de derecho, la policía, la justicia y la cárcel. Y a los independentistas radicales se les hace frente con las armas de la democracia, con el debate, las razones y las convicciones.

El problema consiste –¡y vaya si lo sabe el émulo de Fouché, aunque ahora su prioridad consista en coquetear con los independentistas radicales!– en que, como lo demuestran con pruebas contundentes en su ya citado libro Carmen Gurruchaga e Isabel San Sebastián, existe una frondosa red de vasos comunicantes entre los terroristas, quienes les protegen y los hoy lisonjeados independentistas radicales. Apelar al "debate, las razones y las convicciones" para hacer frente a los independentistas radicales, cuyo paleoencéfalo está blindado contra todo lo que no sea el instinto de territorialidad, implica tomar a los oyentes por estúpidos o por tránsfugas predispuestos a la complicidad.

El Kosovo paleolítico que figura en los planes de los balcanizadores está retratado en su programa político: irredentismo sobre varias provincias francesas, anexión coactiva de Navarra y absorción de las provincias y las ciudades del mal llamado País Vasco sin conceder a sus habitantes el muy manoseado derecho de autodeterminación. En verdad, el único elemento de modernidad que aflora en este plan es el totalitarismo extremo de cuño marxista-leninista que practican los sedicentes soldados vascos, los gudaris, con la explícita intención de imponerlo a toda la sociedad.

Perder para ganar

No es en lo que los progres llaman la Brunete Mediática sino en lo que yo llamo el Somatén Mediático (LV, 23/10) donde Kepa Aulestia describe el alarmante porvenir:

Siempre se había pronosticado que el silencio de las armas iba a liberar energías en la vertiente independentista del nacionalismo. Pero se suponía que cuanto más tarde se retirase ETA de escena menos posibilidades tendría la izquierda abertzale para rehacerse. Sin embargo, esa "sociedad dentro de la sociedad" no sólo ha demostrado un aguante extraordinario, fruto sin duda de su impermeabilidad moral, sino que además, tras el éxito obtenido en las elecciones locales y forales del 22 de mayo, amenaza con romper los equilibrios de la política vasca. Algo que está desconcertando a los socialistas, que ven cómo los derrotados acaban triunfando, que han decidido perder para ganar, y que no saben en qué momento o de qué manera podrían entenderse con ellos. Como desconcierta al nacionalismo peneuvista que el hijo pródigo regrese con la ambición de echar abajo la casa del padre cumpliendo con la revancha histórica que la izquierda abertzale ha albergado desde su nacimiento.

(...)

Resuelto el final del terrorismo, la otra esperanza que queda por confirmar es si serán las urnas las que democraticen ideológicamente a la izquierda abertzale. Aunque un triunfo electoral podría acarrear el efecto contrario.

Este enfoque pesimista choca con el regocijo que exhiben los secesionistas catalanes y la élite intelectual afín a ellos ante la posibilidad de que ya empiece el proceso de balcanización. Apenas se hubo consumado la estratagema de ETA, su aparato político resolvió enviar a Barcelona a sus personeros Pernando Barrena y Txelui Moreno para que tomaran contacto con los partidos secesionistas catalanes. Josep Ramoneda maquillaba estas gestiones con un barniz intelectual, al mismo tiempo que recriminaba a la derecha que no se hiciera cómplice de la disgregación identitaria, como si ésta fuera la meta de la sociedad feliz (El País, 20/10):

Con el fin de la violencia, la independencia pasa de lo imposible a lo posible. Sin la carga de las armas, se convierte en una opción política a competir con todas las demás. Y así se explica, en buena parte, el ruido de algunos medios de comunicación del entorno de la derecha, que cada vez que se mueve algo en el País Vasco desencadenan una tormenta de insultos y descalificaciones (...) A los conservadores siempre les cuesta digerir los grandes cambios.

Es que los que Ramoneda llama "conservadores" no tienen tragaderas como las que exhibe la élite progre para digerir las aberraciones de Sabino Arana e incluir su nombre en el callejero de Barcelona. O para catalogar a Arnaldo Otegi como un "hombre de paz". O para halagar a políticos racistas convencidos de que el Rh negativo que presuntamente heredaron del Cro-Magnon los hace superiores.

Un católico cismático

Sucede que la vida plantea situaciones muy curiosas y contradictorias. Por ejemplo, un ateo como yo, que, me he hartado de repetirlo, está en las antípodas de la Iglesia católica, y de otras, en lo que concierne al divorcio, el aborto y la eutanasia, puede suscribir sin reservas la declaración de la Conferencia Episcopal Española que llama a "tutelar el bien común de la nación española en su conjunto, evitando los riesgos de manipulación histórica y de la opinión publica por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo" (LV, 22/10). Y sin embargo Josep Antoni Duran Lleida, que se declara católico y que niega ser independentista aunque actúa como mascarón de proa de una coalición cuyos máximos dirigentes sí lo son, afirmó, el día siguiente:

No tiene ningún sentido que la Conferencia Episcopal defienda como valor supremo, moral y religioso, la unidad de España; no tiene ningún sentido y va en contra de la doctrina social de la Iglesia. La Conferencia Episcopal Española con estos pronunciamientos no me representa. Espero un contrapeso de los obispos catalanes.

El secesionista simpático Duran Lleida, que no exige una retractación o un cisma cuando los líderes de su coalición se proclaman soberanistas, parece dispuesto a promover el cisma en su iglesia por un quítame allá esas independencias.

La estrategia de ETA, como la de los terroristas del 11-M, está encaminada a influir en el resultado de las próximas elecciones. Sólo la mayoría absoluta del PP puede desbaratar el plan de los secesionistas, de los antisistema, y de los fóbicos y los frívolos, que el 21-N ya se movilizarán contra el veredicto de las urnas. Por eso será indispensable aglutinar a la inmensa mayoría moderada que compone la base electoral de los dos grandes partidos nacionales, y también será indispensable que Mariano Rajoy continúe sintonizando con el temple de esta sociedad que aguarda la llegada de un gobernante sereno, ecuánime, reacio a la demagogia y a los excesos verbales.

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