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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Los impuestos

El dato me ha llegado hoy, con el correo de Pedro Martínez, uno de mis mailers favoritos: trabajamos para el Estado 129 días al año, algo más de uno de cada tres. Y esta mañana, el tipo ese de la ceja circunfleja anunció nuevas medidas fiscales llamadas a hacernos daño a todos, a obligarnos a trabajar, quizá, la mitad del tiempo para sostenerlo a él, a su política y a su oposición.

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Lo digo así porque la queja de hoy en los del PP era que Smiley les estaba robando sus iniciativas, las que habían inventado para salir de la crisis. ¿Pero no habíamos quedado en que en lo económico el PP era ligeramente liberal? Pues no, tampoco en eso.

La primera noticia es que los tipos que ganen más de 24.000 euros al año ya no tendrán derecho a descuento en la declaración por su compra de vivienda. Una idea excelente, surgida del cerebro no se sabe si de un asesor o del propio presidente o del equipo del PP. Veinticuatro mil euros, 4 millones de pesetas –no "antiguas", como dicen en la tele y en la radio, sino las de siempre–. Clase media tirando a baja. Esa gente para la cual el BCE, organismo que no cuenta con mis simpatías (menos aún el señor Trichet), viene bajando los tipos de interés para que no se encuentre pringada con la hipoteca. Entre los tipos de interés bajos y un descuentito en el IRPF, íbamos tirando. Lo digo en plural porque a mí me toca, entro raspando en esa franja.

La segunda es que a un sector social, que a saber quién lo compone, el de los más desfavorecidos –o sea, que todos estamos desfavorecidos, pero hay algunos que lo están más–, va a recibir 2.000 euros de regalo porque le sale de ahí al gobierno. Que, naturalmente, pagaremos usted y yo, querido lector.

Porque con nuestros impuestos nos estamos pagando la Seguridad Social, que se lleva un pellizco –de sanidad gratuita, nada de nada: la pagamos y, de paso, pagamos la de algún otro que no contribuye, por ejemplo, los inmigrantes ilegales empadronados, lo cual es en sí mismo una animalada–, el alumbrado, el barrido y la limpieza de las calles, que lucen peor que en tiempos de Carlos III, aunque él contara con el Potosí; estamos pagando por poseer una vivienda, por heredar –latrocinio puro y duro, con el que se quedan algún día más de trabajo de nuestros padres: en la comunidad de Madrid, con un gobierno ligeramente liberal del PP, estamos a salvo de eso–; estamos pagando por asociarnos con alguien, aunque hoy el genio de La Moncloa haya anunciado una reducción del impuesto de sociedades para las pequeñas y medianas empresas, las mismas que van desapareciendo por falta de crédito, y de las que se formarán muchísimas menos en los próximos años. En fin, que lo pagamos todo y un poco más.

Porque también pagamos esas campañas espantosas que se hacen contra el cáncer de mama –hay más dinero en campañas que en medios clínicos para combatirlo–, contra la droga –que parecen publicidad de la droga–, a favor del aborto o por una vida sexual sana, que nadie sabe qué será. ¡Ah, y financiamos las manos de colores de Madrid 2016, porque se supone que será un negocio redondo ser ciudad olímpica! El gran negocio consiste en trabajar un poco más durante un tiempo y pagar, en consecuencia, más impuestos. Pero, si el COI sin Samaranch dice que no a la candidatura, todo ese dinero se habrá perdido, todo ese sudor nuestro se habrá ido por el desagüe, como en un casino. Estamos invirtiendo en azar por disposición del señor alcalde.

Y encima no sólo mantenemos al Estado, sino a los diecisiete Estados de taifas que se han inventado en 1978 y que ya pesan más que el central, el de toda la vida. Copio un párrafo de El Confidencial, remitido por Pedro Martínez:
Las comunidades autónomas, con el respaldo de Hacienda, están tratando de cobrar impuestos a todas las operaciones que rebajan los pagos mensuales de los hipotecados, lo que ha dado pie a un duro enfrentamiento con la banca y pone en peligro estas soluciones... y la tasa de morosidad de bancos y cajas. Según distintas fuentes conocedoras de la situación, Hacienda y las autonomías (es un tributo autonómico) quieren cobrar el impuesto de Actos Jurídicos Documentados a todos aquellos hipotecados que rebajan sus pagos mensuales porque no pueden hacer frente a la letra.
Decía mi admirado Albert Boadella, allá por 1978 o 79, cuando se escapó de la cárcel en Barcelona, que la primera obligación de un preso es hacer un plan de fuga. Pues la primera obligación de un contribuyente es hacer un plan propio de rebajas de impuestos, emplear hasta la última artimaña legal o leguleya para soltar la menor cantidad de pasta posible.

Todos ellos, gobierno y oposición, tienen un proyecto para salir de la crisis, que, de acuerdo con las acusaciones de plagio del PP, deben de parecerse mucho. Pero ninguno de los dos contempla lo elemental: la disminución del gasto público y la rebaja de impuestos, sea cual sea la forma en que se cobren. Y, por lo visto, lo mismo pasa, corregido y aumentado, con los partidos nacionalistas donde los hay: ese impuesto a los actos jurídicos documentados es una invención del carodismo-maragallismo.


vazquezrial@gmail.com
www.vazquezrial.com

PS: Hoy, observando al sonriente en el Congreso, comprendí por qué el hombre puede creer que a un presidente autonómico se lo soborna con trajes de Milano, y no de Armani o de Zegna. Fíjense en cómo viste.
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