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ASUNTOS EXTERIORES

Los nuevos europeos

Europa no da muchas alegrías últimamente. Ni la bajada de los tipos de interés ni el debate sobre la Constitución han suscitado gran entusiasmo.

The Wall Street Journal Europe apuntaba en un editorial reciente que el texto constitucional de Giscard y su Convención ha dejado de lado la discusión de los grandes principios para centrarse en los aspectos burocráticos (11.06.03). Alguien había dicho antes que el preámbulo de la futura Constitucional europea, del que Giscard ha retirado casi todas las referencias culturales, incluida una a la Ilustración, con tal de que no hubiera ninguna explícita al cristianismo, más que expresar la voz de la gente, daba lecciones. Es la actitud de Francia.

El caso es que algún periódico francés mostraba una perceptible reticencia ante lo que ha sido uno de los pocos momentos brillantes de la reciente historia de la Unión: el éxito del referéndum por el que los polcaos han aprobado la adhesión. Toda la prensa, incluida la española, se había hecho eco de un cierto desencanto de los polacos, un fenómeno un poco parecido al que —supuestamente: yo no lo padecí nunca, la verdad— sufrimos los españoles a principios de los ochenta. No ha sido así, y con casi un 58 por ciento de participación, más del 77 por ciento de los votantes aprobaron la propuesta de su Gobierno. Pues bien, el enviado especial de Le Monde, insiste en que el entusiasmo era perfectamente descriptible, como “una elección razonable ante la ausencia de alternativas” (09.06.03) (Cualquiera sabe lo que la “alternativa” quiere decir para los redactores de Le Monde. A lo mejor piensan que los polacos habrían mostrado más motivación de habérseles propuesto volver al Comecon.)

Los periódicos de habla inglesa se muestran mucho más satisfechos. Por una vez, el progresismo de The New York Times deja paso a una expresión clara de alegría. En un editorial titulado “Un hito para Europa” (12.03.06) expone que “con su catolicismo y su proamericanismo, tan enérgicos, Polonia aportará una nueva savia a los viejos debates europeos”. “En medio de todos los desacuerdos y las dudas”, sigue diciendo el diario neoyorquino, “Polonia nos recordará de qué está hecha la nueva Europa”.

El catolicismo es justamente uno de los puntos que más parecían fastidiar a Le Monde, que insistía en que los más reacios antieuropeos se sitúan en las filas del catolicismo conservador. Pero en realidad, la actitud francesa parece reflejar una cierta frustración, como si los franceses pensaran que las observaciones de Chirac antes de la guerra de Irak hubieran debido dolerles, a los polacos, y enfriar su interés por la Unión Europea. La política europea también está hecha, como la vida, de pequeños despechos y pesadumbres.

Por su parte, The Financial Times (10.06.03) acoge con gran simpatía el voto de los polacos. Insiste en la nueva dimensión que ahora se abre para Europa, como es la de la apertura hacia el Este. Polonia quiere y puede jugar un papel de “puente” hacia las poblaciones de Ucrania, Bielorrusia y Moldavia, que padecen situaciones políticas precarias y se sienten abandonadas por Occidente.

The Economist (12.06.03), que titula el artículo que dedica al asunto con un inequívoco “De vuelta a casa”, no se pierde sin embargo en muchas disquisiciones históricas ni ideológicas. Cita a una experta británica en relaciones internacionales que plantea así el problema de la entrada de Polonia en la Unión. Lo peor, dice, sería que Polonia fuera “española en cuanto al presupuesto (luchando con uñas y dientes por cada euro), francesa en la defensa de la política agrícola común, británica en su proamericanismo, danesa en su euroescepticismo e italiana en la administración pública”.

Sí que es una pesadilla. Obviamente, todo el mundo coincide en que los polacos tienen mucho trabajo por delante si quieren de verdad que su influencia en Europa esté a la altura de su orgullo. Por eso la prensa ha contemplado con gran interés la ofensiva política anunciada lanzada inmediatamente después del referéndum por Leszek Miller, el primer ministro. No sólo ha habido cambio de personas al frente del Ministerio de Finanzas. También ha lanzado una propuesta importante, la de sustituir el inextricable sistema impositivo polaco por un tipo único. (Ver, por ejemplo, The Wall Street Journal Europe, 10.06.03) A lo mejor dentro de poco empezamos a ver a los franceses yendo a Polonia a buscar trabajo.
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