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Navidades en familia y con fotógrafos

Lo siento, querido lector, pero detesto profundamente la Navidad. Las celebraciones del nacimiento de niño Jesús dan lugar a una serie de días festivos que alteran el calendario laboral, los índices de colesterol y el saldo de las cuentas bancarias. Durante estas fechas tan señaladas, nos obligan a estrechar lazos o cadenas familiares, recorrer angustiosamente las calles buscando regalos y tragarnos los interminables maratones benéficos de las diversas cadenas de televisión. Con el paso de los años, he terminado por parecerme al viejo Scrooge, el amargado protagonista de "Cuento de Navidad" de Charles Dickens, que aborrecía los fastos navideños. Por desgracia, al final de la historia al pobre Scrooge se le reblandece el cerebro y acaba cantando villancicos y comiendo turrones con grave riesgo para su frágil dentadura de anciano.

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Además de las cuchipandas familiares ante la estufa catalítica y el trueque de obsequios, una de las actividades tradicionales de estas fechas de recogimiento es cotillear cómo celebran los ricos y famosos sus Navidades en familia. De este tipo de reportajes que ofrecen las revistas del corazón, se desprenden informaciones muy significativas. En primer lugar, el famoso que se presta a posar ante un arbolito navideño, con traje de noche (si es una dama) o esmoking (si es un caballero), reflexiona sobre el sentido trascendente que tienen estas fechas.

Norma Duval, por ejemplo, declara para la aristocrática "Hola!": "En Navidad echas más de menos a los que te faltan, pero también te hace pensar que debes disfrutar con los que sí están a tu lado". Una respuesta sensata y honesta, pero poco original, puesto que la mayoría de las figuras del papel couché suelen responder lo mismo. Tampoco resulta muy original cuando dice que: "La Navidad es una fiesta familiar en la que la familia se reúne: abuelos, padres, hijos, nietos, sobrinos...". Una perogrullada que sirve para justificar las entrañables fotografías de Norma posando con su copita de burbujeante cava, ante una chimenea decorada con velitas y arreglos navideños.

Sin la elegancia de madame Duval, pero en el mismo tono, se expresa Belén Esteban para "Semana": "Para mi son unas fechas muy tristes, pero con mi hija, las viviré más, porque son unas fiestas que disfrutan especialmente los niños." ¿Si tanta tristeza provoca la Navidad, por qué se empeñan los famosas en vestirse de gala para empinar el codo ante los reporteros gráficos? Las reinas del corazón deberían ser más atrevidas en sus declaraciones para este tipo de reportajes.

Isabel Presyler, por ejemplo, podría salirse algún día de su anodino y calculado repertorio de respuestas para confesarnos: "Odio las navidades. Mi marido coge una cogorzas terribles de sidra y yo me pongo como una foca con tanto turrón". Aunque no sean verdad, las palabras de Isabel tendrían por primera vez cierto interés para los lectores y ella estaría más próxima a todos los españoles.

Otra de las variantes de los reportajes navideños consiste en hacer balance del año que acaba. También en "Hola!", los elegantísimos Raquel Mosquera y Pedro Carrasco declaran mientras brindan con sus copitas: "Durante este año hemos vivido cosas terriblemente negativas. Sin embargo, mirando hacia atrás, una vez superados los sustos, nos quedamos con lo positivo". A pesar de omitir la naturaleza de sus infortunios, el lector informado deduce que la feliz pareja se refiere al grave accidente de tránsito y las reyertas matrimoniales de Rocío Carrasco. En este tipo de entrevistas, los famosos no suelen airear los trapos sucios porque desentonan con la elegancia de sus trajes de fiesta y la amable calidez del decorado. No estaría bien, por ejemplo, que Pedro Carrasco se
sincerase y dijese: "El año 2000 ha sido nefasto por culpa del soplagaitas de mi yerno. Antonio David se merece un par de guantazos". Recordemos que Pedro, a pesar de su natural sosiego, fue campeón de Europa de boxeo.

Las revistas también suelen preguntar a las celebridades por sus deseos para el próximo año. En la revista "Sorpresa", Tamara posa con gorrito de Papá Noel ante un árbol de Navidad y confiesa: "El amor llega de repente, sin que te des cuenta. Si aparece en el 2001, bien, pero no voy a buscarlo". La verdad, no creo que aparezca y menos si Tamara insiste en disfrazarse de Papá Noel, puesto que parece la novia del simpático esqueleto protagonista de "Pesadilla antes de Navidad" de Tim Burton. En todo caso, no estaría nada mal que Cupido se presentase en su domicilio porque el amor es siempre una fuente inagotable de exclusivas.
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