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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Programa, programa, programa

Después de una semana que ha sido miserable en casi todos los aspectos, porque nos han colado un falso cambio de gobierno y –sin que se comentara como era debido, ocultándolo todo bajo el manto del ascenso de Rubalcaba y compinches– unos presupuestos para los que no hay dinero y una ley antitabaco de las más restrictivas del mundo, cabe preguntarse por la oposición.

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Se me dirá que la oposición ha dicho lo que tenía que decir. Sí, es posible. Pero con eso no basta. Y menos todavía cuando se está llegando al momento del reemplazo. Decía un brillante político, politólogo e historiador argentino, Rodolfo Terragno, a quien he citado alguna vez en estas páginas a propósito del mismo asunto, que la función de la oposición no consiste únicamente en oponerse, sino en "estar en condiciones de sustituir". ¿Está el PP en condiciones de sustituir al PSOE? No se sabe.

También a eso se le pueden poner objeciones, porque es cierto que en el partido de Rajoy hay cuadros de primera categoría, que podrían asumir tareas de gobierno en cualquier momento, y hacerlo mucho mejor que cualquier miembro del equipo socialista actual. Sin embargo, cuando digo que no se sabe si está en condiciones de sustituir, de gobernar mañana mismo, no lo hago pensando en las capacidades potenciales que pueda tener el PP, sino en el misterio de su programa.

Desde luego, también esto es objetable, puesto que en la página oficial del partido hay una exposición de ideas y proyectos bastante clara: http://www.pp.es/nuestras-ideas. Pero resulta que esas ideas, que deberían repetirse machaconamente en los discursos de los dirigentes, no suelen aparecer en los mismos. Cuando es imprescindible que lo hagan. Algunas de esas ideas son consecuentes con la imagen que el electorado atribuye al PP. Otras, no tanto. Por eso conviene repasarlas. Porque no pocas de ellas no son aceptables, y es probable que por eso no se las mencione a menudo.

Como ejemplo clave de lo que se espera del PP está la cuestión de las aguas. En este punto, los proyectos y sus fundamentos con muy claros y fácilmente resumibles:

España necesita asegurar el suministro del recurso hidráulico a todos sus territorios, por razones sanitarias, económicas y medioambientales. Es preciso retomar los trabajos para el desarrollo de un Plan Hidrológico Nacional.

En lo económico, en cambio, las cosas son bastante más vagas: austeridad presupuestaria, rebajas selectivas de impuestos, créditos a familias y pymes, reformas estructurales (¿cuáles y de qué?), reforma laboral (¿cuál?), aumento de la competitividad por medio del I+D. Se habla también de luchar contra la "subida de precios" (la palabra inflación debe de ser políticamente incorrecta) a través de una serie de medidas como la rebaja de impuestos y la agilización de la creación de empresas (no se habla del impuesto de sociedades); aunque esto último no debiera plantearse como medida contra la inflación, sino como principio de acción, como reforma estructural. Por último, last but not least, "garantizar la unidad de mercado", lo cual es destacablemente positivo, aunque no se expliquen los métodos.

El tema del trabajo es tratado aparte. Amén de reiterar el consabido propósito de crear empleo, se exhiben algunas medidas para ello. Veamos los ejemplos: "Considerar como no consumida la percepción de la prestación por desempleo para aquellos desempleados afectados por suspensiones totales o parciales de los contratos (EREs temporales)". Así expuesta la cuestión, y creo que la redacción les resultará a mis lectores tan confusa como a mí, uno tiene la impresión de que vamos a mantener a más gente y durante más tiempo. "Fomentar el empleo autónomo para jóvenes menores de treinta años", lo que supongo incluido en la agilización de la creación de empresas. "Proceder a la reforma en materia de Empresas de Trabajo Temporal tendente a reforzar el papel que sin duda tienen": ¿no le habíamos criticado a González la creación misma de las ETT? Por último: "Promover, en el marco del Diálogo Social, una reforma laboral similar a la acordada en 1997 que tenga como objetivo prioritario la creación de empleo y en especial, el fomento de la contratación indefinida bonificando las cotizaciones de los nuevos contratos". Nada nuevo, me parece, aunque es cierto que no se alcanzará algo ni siquiera parecido con Zapatero en la Moncloa, pero porque no hay disposición del gobierno actual a consensuar cualquier política con el PP, y eso es consenso puro. ¿Puede alguien asegurar que los socialistas estarán por la labor cuando se encuentren fuera del poder?

Políticas respecto de la inmigración. "Proposición de Ley de modificación de la Ley de Extranjería que pretende (...) acabar con las regularizaciones masivas que perjudican al propio inmigrante", "reforzar el control de nuestras fronteras y los medios de lucha contra las mafias que trafican con seres humanos", "favorecer la integración de los inmigrantes que ya están en nuestro país, a través de la asunción de nuestros derechos y deberes constitucionales" y "revisar la figura del arraigo en cuanto a plazos y requisitos para su mayor efectividad", además de "regular el contrato de integración para aquellos inmigrantes que deseen establecerse en nuestro país, conforme a lo establecido en el Pacto Europeo de inmigración, o prohibir las regularizaciones masivas". ¿Se cree realmente todavía en la necesidad de que en España se reciban inmigrantes? Lo cierto es que la deserción de los que ya habían venido es notable en el último año, sobre todo en el caso de los latinoamericanos, y que, en general, los magrebíes están resultando inintegrables, si bien cabe esperar una generación para tener los mismos problemas que Francia, Holanda o Inglaterra. Entre tanto, podemos seguir diciendo majaderías. En este terreno, como en los precedentes y en los que siguen, el afán de corrección política en el texto es espeluznante.

Medio ambiente: "Remediar los incumplimientos por España de los compromisos internacionales en materia de emisiones fijados en Kyoto que obligan, además, a destinar miles de millones de euros a la compra de derechos de emisión de CO2"; "mantener un mix energético equilibrado y competitivo, sin renunciar a ninguna fuente de producción de energía; (...) reducir la dependencia energética exterior; garantizar mercados abiertos y competitivos; (...) apostar por las energías renovables, en el marco de los objetivos marcados por la Unión Europea; y (...) establecer planes de ahorro y eficiencia energética; (...) apoyar la I+D+i para el desarrollo de tecnologías más avanzadas y eficientes, de baja intensidad en carbono, y la captura y almacenamiento de CO2; recuperar una planificación hidrológica en la que se garantice la disponibilidad de agua, la solidaridad interterritorial, así como una gestión sostenible y eficiente que favorezca el desarrollo equilibrado en toda España; desarrollar una auténtica política forestal que, a la vez que tenga como eje la gestión y aprovechamiento sostenible de los montes y actuaciones preventivas contra incendios forestales, aproveche el potencial de nuestros montes como sumidero de CO2 con un gran Plan Nacional de Reforestación". Esto último, como el Plan Hidrológico, debería ya ser bandera del PP en todas sus intervenciones públicas, y habría que ir explicando cómo se enfrentarán las conocidas oposiciones autonómicas a su desarrollo. Nucleares no, se repetía hace unos años. Y aquí no se nombran: "energías renovables" apenas.                      

No voy a decir nada de la política de Defensa, más de lo mismo, con mejoras en las condiciones económicas de la carrera militar. Seguiremos sin tener un ejército de verdad y persistiremos en la actual ONG, integrada por extranjeros a cambio de una nacionalidad en los papeles que jamás se traducirá en un compromiso real con la soberanía española ni con la unidad de España, por mucho que lo deseen sus mandos.

También entran entre los proyectos de los populares cambios en el turismo: "El PP propone un IVA súper reducido al 4% de los productos relacionados directamente con el turismo (hostelería, restauración y transporte)"; "sacar de la Ley de Costas la eliminación de los chiringuitos de playa" (la redacción es lamentable pero se entiende), y "facilitar la disponibilidad de fondos y acceso al crédito para las empresas relacionadas con el sector turístico". ¿Pero no habíamos quedado en que el crédito era para todas las empresas? Ah, claro, es que aquí se habla también de la "disponibilidad de fondos", es decir, de subvenciones: la pasión intervencionista es la causa de una notable falta de fe en la iniciativa particular, de modo que se llega a creer que, si no se subvenciona, no hay empresa posible. Pues resulta que no es así, que las subvenciones sólo generan corrupción. Autorice usted el retorno de los chiringuitos y verá qué bien funciona para todos. No hace falta que les ponga a los dueños unos euros en el bolsillo. ¿O no se arreglaron solos toda la vida, hasta que a algún tarado con ansias represivas se le ocurrió sumar a esa gente a las listas del paro?

Lo que viene a continuación más vale que no se diga en los discursos, porque me temo que daría lugar a muchas críticas:                  

Defendemos el modelo de nación previsto en la Constitución, frente al debilitamiento del Estado provocado por el actual gobierno socialista. Defendemos el bilingüismo armónico y el derecho a ser educados en la lengua española que libremente elijamos y a conocer las lenguas cooficiales de cada Comunidad Autónoma. Los españoles tienen derecho a elegir el idioma en el que educar a sus hijos. Queremos garantizar un bilingüismo equilibrado, con el fin de que la lengua sea un instrumento de libertad al servicio de las personas, un vehículo de entendimiento y no una fuente de desigualdades. Los poderes públicos garantizarán que todos los españoles puedan ejercer este derecho que les asiste, también, en el ámbito de la educación. Reconocemos el derecho de las Comunidades Autónomas con lengua cooficial a impulsar y extender su conocimiento. De la misma manera, velaremos por la efectividad del derecho constitucional de conocer y utilizar la lengua común. Estableceremos las medidas necesarias para garantizar el derecho de todos los españoles a usar el castellano y asegurar que ningún ciudadano sea discriminado por el ejercicio de este derecho.

Podría seguir, pero creo que es suficiente. Todos estos principios, que no son programa, explican por qué Fraga hizo en Galicia una política lingüística idéntica a la de Pujol en Cataluña, y por qué sigue en el empeño Núñez Feijóo.

La cosa se completa con lo que sigue: "Aprobación de una Ley de coordinación de las Administraciones Públicas que elimine las duplicidades entre ellas y aproveche al máximo sus recursos; aprobación de un nuevo sistema de financiación autonómica que atienda las necesidades de recursos de las Comunidades Autónomas (...) que debe ser acordado por unanimidad en el seno del Consejo de Política Social y Financiera y (...) basarse en los principios de generalidad, suficiencia financiera, solidaridad, igualdad, corresponsabilidad fiscal y lealtad institucional", además de no "suponer una mayor carga fiscal para los ciudadanos ni financiarse con déficit público", "tener estabilidad y no estar sujeto a futuras variaciones por intereses puramente partidistas".

De reforma de la Constitución, nada. Porque esto no es más que un desarrollo del régimen actual. Cito a Recarte: "En la Constitución dice que el Estado controlará el gasto autonómico, [pero] nadie audita el gasto de las autonomías". Una de las razones de la caída de Adolfo Suárez, y creo que la principal, fue la cuestión de los mininacionalismos periféricos, que al parecer, en aquel remoto tiempo, preocupaba incluso a Felipe González, cuyas inquietudes a ese respecto se aplacaron casi de inmediato, en 1982. El actual modelo de Estado –federal de hecho– no funciona, y no mejorará con imposibles auditorías, a las que las mafias locales pondrán todos los obstáculos imaginables. El problema no radica en el control, que sólo generará dilemas políticos, sino en el sistema. En la Constitución de 1978, hecha a la medida del momento y que debe ser reformada o sustituida.

Cosas que no encuentro en el programa o en las propuestas electorales del PP. ¿Se piensa en derogar la ley del aborto? ¿Se piensa en conservar –lo que equivale a consagrar la desigualdad– las actuales diferencias penales entre hombres y mujeres? ¿Se piensa derogar la muy totalitaria ley de la memoria histórica? ¿Cuál es la política por seguir respecto del terrorismo, tanto etarra como islámico? Y para esto no vale una respuesta general del tipo "No negociaremos". ¿Se seguirán pagando rescates de ciudadanos españoles a piratas y terroristas? ¿Será la negociación lo que guíe la posición del Estado respecto a ETA? ¿Y el sistema electoral? ¿Tampoco aquí habrá igualdad? ¿Seguirán teniendo más representantes en el Parlamento los partidos mininacionalistas que los de ámbito español? Sé que estas preguntas son ociosas si el PP no gana con mayoría absoluta. Pero ¿y si la obtiene también? ¿No sería hora de renovar el sistema, para que ningún gobierno posterior esté expuesto al chantaje de las minorías? Ni una palabra. Y eso que no estamos en un programa de mínimos, sino de máximos.

Lo más probable es que en Génova 13 este artículo, si se lee, vaya a parar a la papelera. Pero está escrito, como muchos amigos saben, de muy buena fe. ¿O me encontraré con que la derecha actúa igual que la izquierda y me mete en el paquete de los enemigos en cuanto digo que el rey está a medio vestir, con sombrero y corbata pero sin pantalones? Lo único que hago es proponer un programa de máximos que proporcione una identidad que el afán centrista difumina. Y pedir un programa de mínimos (aborto, igualdad penal, garantías para la lengua española, memoria histórica, etc.) que sea visible cada vez que un dirigente del PP hable en público, porque ya estamos en campaña electoral. No se equivocaba Anguita al reclamar programa, y ese reclamo, y su satisfacción, llevaron al triunfo de 1996, si mal no recuerdo.

 

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