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LIBERALES Y LIBERTICIDAS

Quiénes llegan al poder

Muchas personas que creyeron en "la refundación de la patria" consideran un "mero accidente" que el proyecto haya derivado en abusos de poder.

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Muchos creen que el problema no es la Constitución de Montecristi, o el proyecto de planificar detalladamente la vida de los ecuatorianos, sino la calidad moral de los dirigentes. Pero puede que no sea un accidente que gente de dudosa moralidad haya llegado al poder, sino una consecuencia inevitable.

El Premio Nobel F. A. Hayek argumenta esto en el capítulo de Camino de servidumbre titulado "Por qué los peores se colocan a la cabeza". Hayek escribió este libro en 1944, cuando las ideas colectivistas (nacionalismo, socialismo, comunismo, fascismo) tenían un influjo muy superior al que tienen ahora.

Hayek explicaba que el líder que pretenda establecer un sistema colectivista no podrá hacerlo sin un grupo de gente sometida a una disciplina totalitaria y dispuesta a imponer por la fuerza dicha disciplina al resto de la sociedad.

Hayek.El factor aglutinante suele ser de carácter negativo; por ejemplo, el odio a un determinado grupo. El deseo del individuo de pertenecer a un grupo se origina muchas veces en un sentimiento de inferioridad, "por eso su deseo sólo será satisfecho si la pertenencia al grupo le confiere algún grado de superioridad frente a quienes no pertenecen al mismo". A un lado estarían los de corazones ardientes y manos limpias; al otro, los pelucones, la prensa corrupta, etc.

Esto tiene que ver con la diferencia entre amar y temer al poder. Tradicionalmente, los liberales han temido al poder de los hombres sobre otros hombres, mientras que los colectivistas luchan por hacerse con y extender ese poder. Los liberales consideran que robar, torturar o traicionar está mal, con independencia del fin que se persiga, mientras los colectivistas pueden considerar que hacerlo está bien si contribuye al bien común. "En la ética individualista, el principio de que el fin justifica los medios es considerado la negación de toda moralidad. En cambio, en la ética colectivista se convierte necesariamente en la norma suprema", decía Hayek.

Por esta razón, a las personas que tienen un alto concepto de la moral o que desean preservar cierta independencia no les parece atractivo formar parte de un sistema que tiende hacia el totalitarismo. "Los únicos deseos satisfechos son el afán de poder, el placer de la sumisión y el derivado de formar parte de una maquinaria inmensamente poderosa y en buen estado, ante la cual todo lo demás debe ceder". En este sistema, las personas pacíficas y honestas no prosperan, mientras que la buena disposición a hacer el mal sirve para promocionarse.

El sistema que se ha venido implantando en lugares como Ecuador ha requerido de individuos dispuestos a confiscar propiedades sin el debido proceso, a coartar la libertad de expresión de las voces independientes, a destruir las instituciones que tienen por objeto limitar el poder y a trastornar la vida de gente cuyo único delito ha sido no alinearse con el proyecto.

 

© El Cato

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, editora de elcato.org y columnista de El Universo (Ecuador).

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