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LA POLÍTICA, A PESAR DE TODO

Resistencias

Alrededor de la resistencia ciudadana contra la dominación liberticida, tanto en distintos lugares de España, no sólo el País Vasco y Cataluña, como en los distantes desiertos de Oriente Próximo, sobrevuela una propaganda muy retorcida en la que el verdugo se encubre miserablemente con la piel de la víctima, alterando así el orden de las cosas.

Alrededor de la resistencia ciudadana contra la dominación liberticida, tanto en distintos lugares de España, no sólo el País Vasco y Cataluña, como en los distantes desiertos de Oriente Próximo, sobrevuela una propaganda muy retorcida en la que el verdugo se encubre miserablemente con la piel de la víctima, alterando así el orden de las cosas.
Sorprende que pase desapercibido, o no se perciba en su justa medida, un hecho fenomenal que puede ayudar a comprender mejor mucho de lo que está pasando en Irak y en Israel en estos últimos tiempos. Mientras la propaganda contraria a la intervención aliada en Irak es por doquier escandalosamente apabullante, las escasas estadísticas que llegan del antiguo país mesopotámico nos hablan de una mayoría de la población iraquí que reconoce estar mejor ahora que bajo la bota del carnicero de Bagdad y teme la salida de las tropas pacificadoras de su suelo. Al tiempo que esa misma radiación aúlla contra la política de seguridad impulsada por el Gobierno de Israel, la mayor parte de la aterrorizada sociedad israelí comparte las desesperadas medidas de Sharon dirigidas a contener la embestida terrorista que les cae encima como una plaga de langosta. Mientras que, en suma, la presión política y mediática del movimiento antioccidental y antisemita, en Oriente y Occidente, anima a la claudicación y al abandono de la lucha contraterrorista, las poblaciones afectadas muestran una voluntad de participar en la normalización de sus sociedades, viéndose forzadas a menudo a hacerlo de forma soterrada o culpabilizada. Estas son las principales víctimas del terrorismo. Y las primeras en caer.
 
La doctrina apaciguadora que asalta sin escrúpulos, y casi sin excepción, los medios de comunicación, desde la CNN a Al-Yazira, desde El País a El Mundo y ABC, lo tiene claro, y ofrece una película de los hechos en la que la población resistente que aquí homenajeo hace de colaboracionista, y los grupos residuales del sadamismo, las secciones territoriales de Al-Qaeda y los movimientos fanáticos islamistas que castigan a residentes y visitantes protagonizan el papel de la Resistencia.
 
En ocasiones nos hemos preguntado algunos por qué no se muestra más la acción ciudadana de los muchos iraquíes que están a favor de la intervención aliada en Irak y se esfuerzan en la democratización del país, así como de los no pocos palestinos que aspiran a desprenderse de la tenaza de Arafat y su corte, y sueñan con trabajar y vivir como personas normales junto a sus vecinos hebreos, porque sabemos que existe esa masa social silenciosa o acallada. Lo que explica este fenómeno es de género dramático. El miedo –o más claro aún: el terror– y la cobertura informativa y propagandística, están detrás de esta ley del silencio, mientras sólo oímos bramar a los mismos. Como aún quedan espacios de libertad (digital, como este diario, o en papel, que hay que rastrear pacientemente) nos enteramos de circunstancias espeluznantes que nos golpean el alma en un goteo informativo pavoroso que delinea una situación trágica y apremiante. Desde hace meses, las secciones del terrorismo islámico en suelo iraquí, sin dejar de hostigar a las fuerzas expedicionarias, están concentrando sus embestidas en la población civil, especialmente, contra aquellas personas que mantienen relación con las tropas coaligadas y con la renovada administración nacional.
 
La agresión terrorista se ceba con los miembros de los altos cargos del Gobierno iraquí –asesinato del presidente del Consejo, Izedin Salim; atentado contra el subsecretario del Ministerio, Abdul-Jabar Yusef–, pero se extiende también a los civiles. Casi siempre selectivamente. Leemos que en Bagdad un minibús cargado de iraquíes que trabajan para EEUU es atacado, acabando con la vida de dos mujeres y la del conductor; que se tirotea sistemáticamente a los trabajadores locales que entran en las dependencias de la Autoridad Provisional de la Coalición y a la colas de aspirantes que buscan empleo en las fuerzas de seguridad nacional; que en Mahmudiya, una traductora empleada por las tropas estadounidenses es abatida en su propia casa; que en el municipio de Kut, una bomba estalla en el domicilio de otro traductor, quien con más suerte sólo queda malherido; que en Faluya, los integristas chiíes, aprovechando el repliegue de los soldados norteamericanos para ceder el control a la nueva Policía local, proclaman, una vez depurada ésta, la “sharía”; que en nombre de la ley islámica, comerciantes nativos son flagelados a bordo de camiones por las calles de la misma ciudad, en pública exhibición de castigo, acusados del delito de venta de alcohol, discos compactos “indecentes” y “medicamentos que contengan droga” (los naturistas, como concesión a los ecologistas poco escépticos, se toleran de momento). La “santas” Nayaf y Kerbala esperan su turno, y una simple tregua no frenará el peligro.
 
Los iraquíes en su conjunto saben muy bien que si la coalición internacional les abandona a su suerte, esta sería una pequeña muestra del panorama que les espera. Tampoco ignoran este hecho los soldados españoles que al volver de Diwaniya relatan (seguro que sin permiso del general Ayala) cómo el director de la Televisión Local, tras una paliza y amenazas como anticipo y aviso, tuvo que cerrar la emisora. Y qué no habrán aprendido los palestinos de Gaza y Cisjordania, donde el menor contacto amistoso con el judío es sancionado con la pena de muerte y donde sólo están autorizadas las manifestaciones a favor de Hamás y el “rais”, admirándose todos enormemente de cómo en Tel Aviv miles de israelíes marchan en contra de su Gobierno legítimo sin ser gaseados por el temible “nazi” Sharon. Mas, ¿quién es el valiente que se enfrenta a la Resistencia islamista?
 
Sufren, en fin, el aliento fétido de la propaganda y la coacción, también y a su manera, los miles de vascos no nacionalistas que, sin embargo, han aprendido a distinguir, por la fuerza de los hechos y la gran ayuda interpretativa de intelectuales honestos, como Jon Juaristi, entre “redes” y “movimientos de resistencia” (La tribu atribulada, p. 136 y ss), en esa castigada tierra donde la red de etarras y gobernantes nacionalistas se califican a sí mismos de resistentes (¡todavía antifranquistas!). Como tienen que hacerlo miles de españoles en Cataluña, ahora con el Tripartito, antes con CiU. Y, en general, en la nueva España en fase de deconstrucción de José Luis el Talantoso, donde reinan el pensamiento único y su recién popularizada “renovación democrática”, los cuales en algunos ámbitos –enseñanza, cultura y medios de comunicación, sin ir más lejos– hacen que sea ya urgente el establecimiento de una verdadera y heroica resistencia para poder sobrevivir.
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