Menú
¿LA DERECHA EUROPEA?

Rimbauds, no Rambos

La mayor parte de nosotros estamos familiarizados con las sutiles diferencias, incluso entre culturas relativamente compatibles. Uno observa, por ejemplo, que lo que los americanos conocen como The Hokey-Pokey[1] se llama The Hokey-Cokey en Gran Bretaña. En el momento en que te imaginas de qué va la cosa, resulta que no has captado todos los matices.

0
Acostumbrado como estoy a estas variaciones lingüísticas, navegar por el Guardian el otro día y leer que la victoria electoral de Ángela Merkel convertiría Alemania en "la vigésima nación de la UE de 25 con un Gobierno de centroderecha" me hizo detenerme en seco.
 
Correcto: la UE –ya sabe, los EUnucos, los europicajosos, los monos rendidos roedores de queso[2], etcétera– son "de centroderecha" en sus cuatro quintas partes. Hace una década todos eran socialdemócratas tradicionalistas de centroizquierda. Pero, tras adelantar el pie izquierdo, Europa puso el pie derecho al frente, lo clavó y se meneó[3].
 
El Guardian está técnicamente en lo cierto. Por el momento, Europa está gobernada en gran medida por políticos "de la derecha". Jacques Chirac, por ejemplo, es "conservador" en términos franceses. Vale, "conservador" es una designación elástica, y en manos de los medios queda a poca distancia, generalmente, del bando que se supone no te debe gustar. Por lo tanto, George W. Bush es "conservador", y también lo son los marxistas sin reformar del politburó chino, y los ayatolás más férreos. Pero incluso bajo esas expansivas normas de admisión encuentro difícil encuadrar al presidente Chirac en la definición. Si él es "centroderecha", entonces es imposible asumir dónde estará el centro. Aun así, el hecho sigue siendo que la alienación trasatlántica de la era Bush ha tenido lugar durante un período de supuesta convergencia entre Washington y las cancillerías de Europa. El resultado final ha sido que el aliado más cercano al presidente de EEUU es el superviviente de centroizquierda Tony Blair.
 
Por eso no han logrado persuadirme esos eurófilos de Washington que ponen sus esperanzas en un realineamiento euroamericano bajo Frau Merkel y el francés Nicolás Sarkozy. Las diferencias entre Europa y América son tan profundas que las etiquetas políticas simplemente se pierden en la traducción. Piense en esas duchas en las que el más ligero meneo de la llave del grifo hace que el agua congelada se convierta en agua hirviendo. La política europea corriente es justo lo contrario: puedes girar totalmente la llave de "izquierda" a "derecha", que no habrá diferencia alguna.
 
Lionel Jospin y Jacques Chirac.Durante la última mitad del siglo XX la política continental evolucionó hasta el punto en que cualquier asunto del que valiese la pena hablar era juzgado más allá de los márgenes de la sociedad educada. Austria era el ejemplo clásico: año sí, año también, ya votases al partido de centroizquierda o al de centroderecha, acababas con la misma coalición centroderecha-centroizquierda presidiendo lo que en esencia era un estado bipartito de partido único. En Francia, M. Chirac no es realmente tan "centroderecha" como más ligeramente que nunca a la izquierda de la derecha de la izquierda del centro –incluso esa distinción se aplica solamente cuando está junto a su ex primer ministro, el Lionel Jospin de la derecha de la izquierda de la derecha de la izquierda del centro. Aunque procedentes presuntamente de extremos opuestos del espectro político, acabaron compitiendo frente a frente en idénticas plataformas en las elecciones presidenciales de 2002; ambos estaban apasionadamente comprometidos con los impuestos elevados, el paro elevado y las tasas de criminalidad elevadas.
 
Los americanos hacen a menudo la misma crítica de su propio sistema –los "republícratas", etcétera–, pero confíe en mí: EEUU tiene aún una política genuinamente responsable, con más diversidad ideológica que en ningún lugar de la Europa occidental. En el Continente, los principales partidos Eurodí y Eurodá[4] están encajonados en una política de consenso que ya no es sostenible. La gente está cansada de determinados aspectos de este acuerdo de posguerra –paro crónico de dos cifras e islamización de las ciudades–, pero no está dispuesta a abandonar sus programas sociales, sus cortas semanas laborales, sus largas vacaciones y sus empleos de por vida. Vota contra el consenso de centroizquierda, pero hay pocas señales de que esté deseando votar por cualquier medicina más fuerte que un modesto giro de tuerca al consenso de derecha de la izquierda de la derecha del centro.
 
¿Recuerda a Dominique de Villepin, el ministro de Exteriores francés de pelo al viento magníficamente obstruccionista en los preparativos de la guerra de Irak? Es un poeta –un verdadero Rimbaud, frente al Rambo de Bush–. Bien, hoy es primer ministro, y en su primer gran discurso como tal se tomó muchas molestias para garantizar a los votantes que las contradicciones internas de una sociedad letárgica del bienestar cuidada en exceso podrían ser completamente resueltas mediante "el genio galo":
 
"En una democracia moderna el debate no se da entre lo liberal y lo social, sino entre inmovilismo y acción. Solidaridad e iniciativa, protección y atrevimiento: ése es el genio francés".
 
Oh-la-la! C'est magnifique, n'est-ce pas? Todos esos sustantivos elegantes sólo esperan a que un genio francés peinado con estilo dirija el curso apropiado entre los peligros de la solidaridad y la iniciativa, la protección y el atrevimiento, el inmovilismo y la acción, la inercia y el pánico, la despreocupación con estilo y los gestos sin sentido, sustantivos abstractos y disturbios callejeros, etcétera. El electorado francés estaba de humor para escuchar algo sobre el crimen o el empleo. Pero para un hombre de letras con un peinado a lo Lord Byron eso es demasiado aburrido y prosaico, en comparación con un debate abierto entre solidaridad e iniciativa entrelazándose parsimoniosamente en el futuro.
 
El nuevo y bien argumentado libro de Tony Blankley, La última oportunidad de Occidente, es entre otras cosas una sentida súplica a la clase política europea para que salga de la apatía antes de que la barca se despeñe por la catarata. No creo que estén preparados para hablar directamente a los votantes, y no creo que los votantes estén listos para escucharlo. Paso adelante con el pie derecho, paso atrás con el pie izquierdo. Pero no comprenden aún que están a punto de ser meneados[5].
 
 
© Mark Steyn, 2005.

[1] Baile popular de los años 50 parecido a Los Pajaritos.
[2] Literalmente, cheese-eating surrender monkeys, descripción despectiva con que los escoceses se refieren a los franceses y empleada en EEUU durante los preparativos de la Segunda Guerra del Golfo.
[3] Los cuatro únicos pasos de The Hokey-Pokey.
[4] Ritmo del baile.
[5] Steyn compara los pasos del baile con los resultados electorales.
0
comentarios

Servicios