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TURKMENISTÁN

Un país que no conoce los derechos humanos

La violación masiva de los derechos humanos en Turkmenistán es el pan de cada día, un fenómeno “normal y corriente” en los últimos diez años. La oposición democrática al régimen está perseguida y los periodistas que se atreven a decir la verdad van directamente a la cárcel.

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Estados Unidos acusó recientemente al gobierno de Turkmenistán de violar los derechos humanos y hasta de torturar a los presuntos participantes en un reciente intento de asesinato del presidente, Saparmurad Niázov. Se trata de una decisión adecuada aunque llega muy tarde. La verdad es que la violación masiva de los derechos humanos en Turkmenistán es el pan de cada día, un fenómeno “normal y corriente” en los últimos diez años. La oposición democrática al régimen está perseguida y los periodistas que se atreven a decir la verdad van directamente a la cárcel. No hay libertad ninguna.

Después de este “desgraciado” atentado del pasado 25 de noviembre, en el que nadie ni siquiera ha resultado herido, las fuerzas de seguridad turkmenas han detenido a centenares de personas. Han encarcelado incluso a los familiares de los sospechosos y los han sometido a torturas, tal y como señalan las acusaciones estadounidenses. Y eso en un país miembro de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa. Así que alguien tenía que denunciar esta situación y lo hizo, por fin, Washington. Por cierto, suponemos que fue debido a que entre los detenidos figuraba un ciudadano estadounidense de origen ruso. No es de extrañar, ya que tras el atentado las fuerzas de seguridad detuvieron a muchos extranjeros.

Estas detenciones tienen su explicación. Primero, porque, según las autoridades turkmenas, los ciudadanos de este país “idolatran” a su caudillo, así que no pueden atentar contra él. Segundo, porque la oposición política puede existir únicamente en el extranjero y muchos opositores han tenido que adoptar otra nacionalidad. Así que para Turkmenistán son forasteros. Por ejemplo, uno de los principales opositores al régimen, el antiguo primer ministro de Turkmenistán, Boris Shihmuradov, tiene nacionalidad rusa. Ahora está acusado de haber organizado este atentado.

A su vez, la oposición democrática acusa al presidente turkmeno de haber organizado este atentado para deshacerse de sus rivales políticos. Muchos analistas piensan que esta versión es probable. Pero, a nosotros nos parece que el atentado era de verdad. El presidente Niazov tiene bastantes enemigos. Y entre éstos puede haber elementos radicales, capaces de organizar un atentado. Sea como sea, es evidente que la frustrada intentona ha sido aprovechada por el poder para machacar a todo lo que queda de la oposición. Además el régimen turkmeno pide las cabezas de los opositores refugiados en otros países. Ahora va detrás del ex ministro de Agricultura, Iklimov, residente en Moscú. Han detenido a su hermano y, según algunas fuentes, le están torturando en la cárcel a la espera de que Iklimov se entregue.

En la prensa internacional aparecen, de vez en cuando, noticias de que el presidente Niazov, antiguo líder comunista, se ha convertido en un verdadero sultán. Es cierto y verdad. Por lo menos, es el único dueño del país. Su familia controla los mejores negocios. Posee una de las fortunas más grandes del mundo. Por ejemplo, el hijo del presidente, Murad, tiene, entre otras empresas, el monopolio de suministro y venta de cigarrillos y productos alcohólicos.

El mismo presidente, a pesar de haber declarado su vocación islámica, consume bebidas alcohólicas sin ningún límite. Además el periódico ruso, Moskovski Komsomolets señala que los secretarios personales del líder obligan a chicas jóvenes y vírgenes a complacer sus desmesurados apetitos sexuales. Y como se sabe —y no se trata de un chiste— las estaciones del año en Turkmenistán llevan los nombres de los familiares del presidente vitalicio. Igual que las calles de las ciudades. Todos los ciudadanos están obligados a estudiar el libro que escribió. Además tienen que rezar cada día por su salud. El libro se llama Ruhnama (Espiritualidad) y está dedicado a demostrar el papel primordial que desempeñaron los turkmenos en el desarrollo de la civilización humana. Niazov, según sus antiguos colaboradores, se cree medio Dios y dice que es capaz hasta de parar o provocar las lluvias.

Turkmenistán es un país rico ya que tiene gas y petróleo. No obstante, la mitad de la población activa no tiene trabajo y los que trabajan ganan unos 15 euros al mes. Las finanzas del estado se malgastan en construir monumentos dedicados al líder y más palacios para él. Prácticamente todos los funcionarios públicos son corruptos. Hay muchos que están relacionados con el narcotráfico. Por cierto, a los disidentes se les acusa siempre de haber cometido “crímenes económicos”, así que teóricamente en el país no hay presos políticos.

Un chiste turkmeno dice que los ciudadanos del país están divididos en tres categorías: son presos; sospechosos de haber cometido algún crimen o amnistiados por el presidente. Nadie queda fuera de estos tres grupos. Pero algo debe haber positivo en este régimen. El presidente, que ya tiene 63 años, prohibió el término “vejez”, o sea en Turkmenistán ya no existen viejos ni mayores, sólo maduros. Y las personas de menos de 50 años se consideran jóvenes. A los que ya tenemos más de 50 eso sí que nos parece positivo. ¿No es cierto?

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