
Una de las formas más cargantes de afrontar el multiculturalismo es la que propone Ken Loach, al que podríamos apodar “Mr. Piñón Fijo”. En su ideológica película Sólo un beso –sorprendente premio SIGNIS del Festival de Berlín– propone la superación (eliminación) de las tradiciones religiosas como la forma de llegar a una armonía cultural. Una intacta idea del siglo XVIII traducida hoy en laicismo militante.
Mucho más interesantes es lo que propone la directora india Gurider Chadha, que alcanzó fama internacional con la estupenda Quiero ser como Beckham, y que ahora nos regala otro producto made in Bollywood, –que es como se llama la nueva meca del cine en la India, con casi mil películas al año. Para ella existe ante todo “el ser humano”, y las tradiciones deberán pulirse cuando se corra el riesgo de traicionar “lo humano”. En Bodas y prejuicios el cóctel multicultural es absoluto: por un lado la película se basa en personaje clásico de la literatura británica, la Elizabeth Bennet de la novela Orgullo y prejuicio de Jane Austen; por otro lado está la fascinación de la directora por los musicales americanos; finalmente nos encontramos con la estética Bollywood en todo su esplendor. El resultado es tan fresco como arrollador, tan colorido como divertido.
Esta adaptación nos cuenta la historia de la señora Baskhi, una mujer india ansiosa por encontrar el marido ideal para sus cuatro hijas solteras. Cuando Wickham y Darcy, dos caballeros anglosajones ricos y solteros, llegan a la ciudad para asistir a una boda, las esperanzas de las hijas aumentan a pesar de que las circunstancias y los comentarios de la gente supongan una gran amenaza para poder llevar a cabo sus deseos. Pero el mayor obstáculo va a ser el de la madre, que quiere yernos indios.