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VETO DE GEORGE BUSH

Células madre y subvenciones

Hace dos semanas, todo el mundo científico comentaba la noticia de que podrían usarse células madre adultas para regenerar tejidos y curar enfermedades. La semana pasada, todo el mundo político comentaba la noticia del veto del presidente Bush a la legislación del Congreso de Estados Unidos y también la propia Orden Ejecutiva del presidente para extender líneas de células madre aprobadas en formas éticamente responsables.

Jennifer Roback Morse
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Mientras los sospechosos habituales están ocupados denunciando a Bush por ser enemigo de la ciencia, el debate en los medios de comunicación oculta por completo los intereses económicos en juego. Las grandes compañías de biotecnología tienen probabilidades de ganar dinero gracias a las subvenciones gubernamentales para la investigación de células madre embrionarias. En cambio, el uso de células madre provenientes de fuentes no destructivas ya ha producido curaciones y finalmente serán más baratas para el consumidor.

Los científicos han utilizado con éxito células madre encontradas en la sangre de cordones umbilicales para tratar la leucemia y otros tumores, la talasemia y diversos desórdenes de la sangre, inmunodeficiencias y otras enfermedades. De hecho, las células madre adultas y las de la sangre del cordón umbilical se han utilizado en el tratamiento de más de 70 enfermedades y trastornos médicos. En cambio, la investigación con células madre procedentes de embriones sigue estando en su, cómo decirlo... etapa embrionaria.

El uso de la sangre del cordón umbilical es más humano que el uso de embriones por dos razones. Primero, porque no se tiene que destruir ninguna vida humana para producir la sangre del cordón umbilical. Estas células madre son el resultado de la llegada al mundo de una nueva vida. No requieren que nos convenzamos los unos a los otros sobre el momento en que comienza la vida. Todo el que quiera salvar vidas con terapia regenerativa puede utilizar sangre del cordón umbilical con la conciencia tranquila.

En segundo lugar, el uso de la sangre del cordón umbilical será indudablemente menos costoso que el uso de células madre embrionarias. El suministro de cordones umbilicales es prácticamente ilimitado. Podemos conseguir una nueva remesa con cada bebé recién nacido. Los nuevos padres pueden preguntar en sus hospitales cómo donar la sangre del cordón umbilical de su bebé, para uso de la propia familia o de gente ajena a ella. Por el contrario, el aprovisionamiento de células madre embrionarias tiene inherentes límites éticos y económicos.

Los partidarios de la experimentación sin límites con embriones humanos afirman con frecuencia que 400.000 embriones congelados acabarán desperdiciándose a menos que se pongan a disposición para la investigación. Sin embargo, pocas parejas firman la dispensa que permite la donación de sus embriones no utilizados para la investigación. Un informe de Rand Corporation en 2003 descubrió que solamente 11.000 embriones congelados, el 2.8%, están disponibles para unas investigaciones que implican su destrucción.

Las células madre obtenidas de la sangre del cordón umbilical son menos costosas y más abundantesPor lo tanto, incluso bajo la más favorable de las circunstancias, el número de embriones "desechados" no sería suficiente para generar la diversidad genética necesaria para dar un tratamiento práctico a una gran cantidad de pacientes. Eso significa que necesitaríamos encontrar alguna otra manera de crear embriones. La clonación es un método. Otro es inducir a que las mujeres permitan que sus óvulos sean recolectados para la investigación. El impacto para su propia fertilidad futura es algo que todavía no se conoce.

Al margen de cómo se obtengan los embriones, alguien, en alguna parte, debe mantener un "banco" de embriones genéticamente diverso, esperando a ser utilizado con fines terapéuticos. Esto sería mucho más costoso que mantener un banco de sangre de cordón umbilical.

Pero para algunas personas, lo importante es justamente ese desembolso. Están en juego importantes intereses económicos que dependen de hacer las investigaciones, mantener el banco de embriones y patentar el material embrionario. Puesto que la sangre del cordón umbilical es más barata de recoger y mantener, los pacientes podrían obtener tratamientos a un costo más bajo usando las células madre de la sangre del cordón umbilical que de embriones humanos.

Y no olvide que la discusión política sobre la investigación con células madre embrionarias es una discusión sobre las subvenciones gubernamentales a dicha investigación. Sus partidarios insisten en que necesitan el dinero de los contribuyentes para llevar "curas milagrosas" al mercado. Una visión más cínica es que un grupo de científicos y sus aliados en el negocio quieren las subvenciones del gobierno para derrotar a la competencia, que emplea la más eficaz y menos costosa sangre del cordón umbilical.

En cambio, varios bancos de sangre del cordón umbilical que son financiados de forma privada están ya en servicio: National Cord Blood Program y Cord Blood Registry. Los hospitales católicos de Nueva Jersey han anunciado que están dispuestos a liderar la iniciativa para coordinar la donación, registro y proceso de distribución, con o sin el dinero de los contribuyentes.

Por eso la utilización de la sangre del cordón umbilical es doblemente más humana que el uso de los embriones humanos para obtener células madre. No hace falta crear o destruir ningún embrión para obtener células madre. Y, puesto que la sangre del cordón umbilical es más abundante y con un coste menor, el precio final para los pacientes será más bajo.

Ésta es la ironía final del conflicto sobre las células madre. La sangre del cordón umbilical produce células que son más prácticas que aquellas obtenidas con la destrucción del embrión. Si permitiéramos que los embriones nacieran, tendríamos un suministro disponible de algo más terapéutico y menos costoso. Y conseguimos un premio gratis: un lindo bebé, como producto derivado. Una situación en la que todos salen ganando.

Acton InstituteJennifer Roback Morse es investigadora especialista en Economía del Instituto Acton para el estudio de la religión y la libertad y autora del libro: Smart Sex: Finding Life-long Love in a Hook-up World.

Traducido por Miryam Lindberg del original en inglés.

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