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AUSTRALIA

Doble homenaje a Víctor Fleming

Después de siete años desaparecido de la gran pantalla, el siempre interesante cineasta australiano Baz Luhrmann, reaparece con una película de grandes dimensiones protagonizada por la actriz que elevó su última película –Moulin Rouge– más allá de las nubes, Nicole Kidman. Le da la réplica Hugh Jackman en una historia épica de amor y guerra.

Juan Orellana
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Ambientada en la Australia previa a la Segunda Guerra Mundial, en una época en la que los niños mestizos eran internados en centros para su conversión al modus vivendi anglosajón, llega desde Londres una refinada aristócrata, Sarah Ashley, para hacerse cargo de una importante hacienda ganadera al quedar viuda. Allí se dará cuenta de que Carney, el magnate ganadero de la comarca, quiere hacerse con su negocio. Ella luchará por mantener su propiedad, y para ello contará con la ayuda de un vaquero independiente y nómada, Drover. Aunque lo parece, no es un remake de Memorias de África, pero si metemos en una coctelera esa y otras películas similares obtendremos algo bastante parecido a Australia. Sin embargo, el ingrediente principal de ese coctail es el cineasta clásico Victor Fleming; hay dos películas suyas que aparecen homenajeadas en el film: Lo que el viento se llevó (especialmente en la secuencia del incendio), y sobre todo El mago de Oz, que constituye un referente argumental imprescindible y continuo de Australia. Incluso el final de la famosa fábula, con su inmortal "En casa se está mejor que en ninguna parte", es usado por Luhrmann para cerrar con broche de oro su film. Además, Australia es un compendio de géneros clásicos; en ella hay comedia, western, cine bélico, melodrama, aventuras,...

Australia es también un ejemplo de corrección política. El indigenismo, la alianza de las civilizaciones –y de las religiones–, la familia alternativa no biológica... son elementos, que sin llegar a ser cargantes, hacen evidente la adscripción del film al pensamiento único. Hecha esta crítica, hay que decir que Australia es una muy estimable película, absolutamente clásica en tipología de personajes, conflictos y resolución, con un uso eficaz pero no abusivo de la tecnología digital, y con una fotografía que la emparenta con Bailando con lobos, Memorias de África y Lawrence de Arabia. La cinta es emotiva y entretenida, en ocasiones divertida, y cuenta con una excelente dirección de actores y con una Nicole Kidman que no aspira a robarle la película a nadie (como corresponde a una profesional de su talla). Además, su tratamiento de la acogida y la adopción de un niño huérfano es positivo y acertado.

La producción del film fue muy azarosa, –y cara, 130 millones de dólares– y el cineasta rodó varios finales para decidir en el último momento con cual se quedaba, ya que algunos podían resultar muy impopulares (o sea, que se moría algún protagonista). Al final ha optado por un desenlace más convencional, pero que es probablemente el que requiere una cinta como esta.

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