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APUNTES DE UN INTENSO MES DE AGOSTO

La fe que genera verdaderos protagonistas

La memoria de este agosto es demasiado densa para resumirla en un apretado artículo de reentré. Pero hay cosas que no pueden quedarse en el tintero, empezando por la terrible persecución que sufren los cristianos del estado indio de Orissa, siguiendo por el fallecimiento del escritor Alexander Solzhenitsin y terminando por el Meeting de Rímini, verdadera atalaya para tomar el pulso a la capacidad de presencia y diálogo del mundo católico, no sólo italiano.

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La brutal caza de los cristianos que se ha desatado en Orissa, con una decena de muertos, miles de personas desalojadas de sus hogares, y numerosas iglesias y conventos quemados, es sólo un episodio más dentro de una cadena terrible de violencia cuyo inicio hay que datar hace más de cinco años, cuando los nacionalistas hindúes del BJP accedieron al poder en diversos estados de la India y promovieron las siniestras leyes anti-conversión. La pasividad del Gobierno central y el silencio hipócrita de la prensa internacional han permitido que esta violencia sea parte del paisaje, aunque ahora parezca que ha estallado como consecuencia del asesinato de un líder radical hindú, inmediatamente condenado por los responsables cristianos.

Bien informado de lo que sucedía, Benedicto XVI se atrevió en una ocasión a denunciar los peligros que acechaban a la libertad religiosa en la India, y recibió una verdadera andanada de críticas por parte de los mismos que ahora no han movido un dedo para frenar la violencia. La verdad es que la violencia anticristiana está ya incrustada en la vida cotidiana de varios estados de la India y la razón es muy clara: el cristianismo ha echado profundas raíces y pone en cuestión la injusticia del sistema de castas, además de suponer un obstáculo para el sueño de una teocracia hinduista que algunos siguen acariciando. Por todo ello se ataca precisamente a quienes están más cerca de los pobres y de los abandonados, con acusaciones burdas de por sí, pero más aún si se piensa que los cristianos no llegan a representar ni siquiera el 2% de la población de un coloso que Gandhi soñó tolerante y pacífico. En todo caso, como ha dicho el valeroso arzobispo de Cuttack-Bubaneshwar, "la cruz tiene profundas raíces en Orissa y el cáncer del nacionalismo no prevalecerá, y la Iglesia seguirá siendo luz para muchas generaciones venideras".

Las noticias de la masacre de cristianos en India corrieron como la pólvora en el Meeting de Rímini donde por fortuna me encontraba participando en este gran evento de cultura, diálogo y misión, nacido de la creatividad y el camino educativo del Comunión y Liberación. En una de las muchas conferencias que allí tuvieron lugar, Monseñor Mamberti, responsable de la Santa Sede para las relaciones con los Estados, afirmó que la cristianofobia debería ser combatida por la comunidad internacional con la misma diligencia con que se combaten el antisemitismo y la islamofobia. Una reflexión diplomática que no escondía el desencanto del Vaticano por la falta de compromiso internacional ante una ola creciente que por desgracia afecta también a Pakistán, Irak, Sudán y otros países.

Alexander SolzhenitsinTambién podía visitarse en Rímini una exposición sobre la vida y la obra literaria del gran escritor ruso Alexander Solzhenitsin, fallecido a principios de agosto. Solzhenitsin no sucumbió a la destrucción que propiciaban los lager soviéticos gracias a la memoria cristiana, capaz de sostener y custodiar las exigencias más radicales de lo humano. Frente a la pretensión arrolladora del poder totalitario, se levantó el yo humano con sus exigencias y deseos, lo único que dicho poder no está en condiciones de abatir. "Para no ser esclavo – escribió Solzhenitsin – basta que uno se reconozca creado por el Infinito, y así se hace capaz de juzgar la mentira que lo circunda y de vivir según la verdad". Los comunistas lo encarcelaron y condenaron al exilio, pero tampoco se libró de los improperios occidentales por haber diagnosticado el mal transversal de nuestra época: "la gente se ha olvidado de Dios, y todo lo que sucede no es sino la consecuencia".

Precisamente, el Meeting de Rímini ha permitido ver a un pueblo para el que la experiencia de la fe es sinónimo de entusiasmo, de creatividad y apertura, sean cuales sean las circunstancias. Y así se han podido escuchar los testimonios de personas encarceladas que mientras cumplen su condena han descubierto la posibilidad de empezar a ser libres y de recuperar los fragmentos de su vida destrozada, gracias al encuentro con Cristo. O conocer la peripecia de sendas mujeres africanas que atraviesan las terribles pruebas del SIDA y del asesinato de sus seres queridos, y que han convertido su dramática situación en punto de partida para construir un futuro de esperanza para su gente. O sentir la pasión de los responsables del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que agradecían el sí que un día dio a Cristo un sacerdote llamado Luigi Giussani, porque ese sí ha generado una historia que ahora les abraza a ellos y les impulsa a ser protagonistas aquí y ahora, sin confiar en falsas utopías ideológicas.

Bastaba recorrer los diversos espacios del Meeting para que las caricaturas típicas que presentan al cristianismo como algo triste y avejentado quedasen pulverizadas, lo mismo que los mitos que asimilan la presencia católica a una mera trinchera: allí estaban dialogando a campo abierto musulmanes, budistas y judíos; allí se sentaban escritores laicos y políticos de todas las tendencias, y no porque sus interlocutores fuesen precisamente blandos, sino porque la experiencia de cada uno era tomada completamente en serio. Alguien comentó, al hilo de los diversos encuentros, que en Rímini sucedían las mismas cosas que cuando pasaba el Señor por los caminos de Galilea. Y es verdad, porque cuando Él se hace presente en medio de su pueblo convierte a cada uno en protagonista y genera una fecundidad imprevisible.

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