
Ese brusco cambio de actitud estaba aderezado solemnemente con la presencia de Zapatero, dos ministros y dos secretarios de Estado, algo nunca visto que también subraya el histórico “punto y aparte”. Otra novedad de la gala fue que se preguntara sobre la marcha a periodistas de La razón, ABC, El Mundo,... su opinión sobre la Gala y proclamarla públicamente. Ningún parecer se excluye de este “nuevo amanecer”. Se brindó por los “matrimonios” gays –y se insistió en la palabra “matrimonio”-, se recordó con orgullo el “país” de Nunca Mais, se reiteró la condena a la guerra preventiva, el grupo Prisa cedió sus muñecos del guiñol de Canal Plus, y la actriz transexual Bibi Andersen comentó que “se le veían las tetas”. Un vergel de país amable y festivo, un edén de la libertad.
Pero no seamos frívolos. Lo más importante, verdaderamente, es lo que pasó soterradamente. Y la actriz Lola Dueñas, de la que nadie duda que sea una buena persona, es quien mejor expresó lo que quiero decir. Ella dedicó emocionada su Goya a “Ramón y Ramona”. Y todos la aplaudieron, incluido el Presidente. Y no pasó nada. Ramona se ha declarado recientemente inductora de un cruel asesinato, y Ramón fue otro inductor del mismo delito. Ha ocurrido lo que con esmero se había previsto: Mar adentro ha cristalizado un cambio social. Ya se puede afrontar la legislación eutanásica porque desde el pasado domingo se sabe que ya se “ha normalizado” socialmente la cuestión. Nadie ha reparado en las gravísimas palabras de la actriz, luego... el plato está servido. Mar adentro se ha ganado a la opinión pública para la causa “de la muerte digna”.
Hay otro asunto menor. Que Mar adentro ganara en las categorías principales era algo asumido desde hace meses. Pero no era lógico ni justo que arrasara en otras categorías. Por ejemplo, Penélope Cruz en No te muevas ha hecho un trabajo notabilísimo; poner a Celso Bugallo por encima de Juan Diego en El 7º día es una broma de mal gusto; y no digamos premiar a Tamar Novas por encima de sus competidores. La dirección de producción es mucho más meritoria en Crimen Ferpecto o Lobo que en Mar adentro. Y el sonido y la música son igualmente discutibles. Conclusión primera: los académicos no ven las películas, votan por presión del marketing; segunda: cómo pretende la Academia favorecer al cine español ninguneando las películas buenas como Héctor o El 7º día para volcarse exclusivamente en una, con una acumulación de goyas que mueve a risa (Titanic tuvo 11 oscars, y Mar adentro 14 goyas),... En fin, dicen que el cine español se desangra de espectadores. Para Mercedes Sampietro la culpa es de Bush y el cine americano. Para mí que la culpa es más de ella y del cine español.