Menú
PSEUDO-MATRIMONIO DE HOMOSEXUALES

La gallardonita

Es posible que a algún malpensado se le pasara por la cabeza que Gallardón, el sin par Alcalde de Madrid, aprovechara el que había salido ya el último suplemento Iglesia de este periódico, antes del parón veraniego, para oficiar su primer pseudo-matrimonio de homosexuales y así eludir los comentarios que más se hubieran leído al respecto. Pero no es así, este gallardo edil sabía que no dejaríamos de comentarlo. El paréntesis estival en él es un gesto de hidalguía; sencillamente nos concedía tiempo para pensarnos la columna.

0

Y alguno podrá también pensar que ahora voy a empezar a perorar sobre las uniones de personas del mismo sexo y si se debería dárseles o no la categoría de matrimonio a lo que de entrada tiene de raíz imposibilitada la maternidad. Pero no, de eso ya hemos hablado en otras ocasiones. Lo que más me llamó la atención de este caso, seguramente engullido por el olvido en que quedó sumergido por las olas de las playas vacacionales, fue la justificación que el constructor, no sé bien si constructivo, alcalde dio para su actuación: "las leyes una vez que se aprueban obligan a todos y esa es la razón por la que el Ayuntamiento de Madrid lo que hace es aplicar la ley cuando dos personas del mismo sexo solicitan al Ayuntamiento que autorice la celebración de su boda". En principio, la justificación de Ruiz Gallardón parece lo más adecuado en cualquier Estado en el que se viva, sea o no de derecho. De hecho, su compañero de partido, Manuel Fraga, justificó, en mitad del mes de agosto, en la misma línea la actuación de su conmilitón: "lo que ha dicho el señor Gallardón es que la ley es ley mientras no sea echada abajo, y si hay alguien que quiere hacer uso de ella, no podemos oponernos a ello: ahí tenía razón".

Sin embargo, el Arzobispado de Madrid rápidamente se apresuró a decir: "La verdad sobre el matrimonio debe ser respetada y promovida por la legislación civil y no son aceptables ni las equiparaciones de las llamadas uniones homosexuales con el verdadero matrimonio, ni mucho menos una definición legal del mismo, como ocurre en la vigente legislación española". Lo cual no es sencillamente un brindis al Sol, sino algo que vincula a quien se dice católico y, por ello, añadía la nota del Arzobispado madrileño: "Esta doctrina obliga a todos los fieles católicos, incluidos los políticos católicos según la responsabilidad que les es propia, a tener especialmente presente que todo reconocimiento legal, teórico y práctico de las llamadas uniones homosexuales contribuye a ofuscar valores fundamentales que no sólo pertenecen a los creyentes, sino al patrimonio común de la Humanidad".

Boda gay oficiada por Gallardón¿Por qué no dejar esta noticia en el cementerio de la actualidad que fugazmente pasa? ¿Por qué volver sobre ella? Porque la doctrina de Gallardón es, para el ciudadano, lo que la criptonita para Superman; lo deja débil e impotente ante el poder. Y esto es así, porque la actuación de los políticos, así como la de los ciudadanos, no puede hacer dejación de la propia responsabilidad refugiándose en una cuestión de formalidad legal, porque, por encima de la ley, los hombres tenemos un dictado superior que es la propia conciencia. Los iuspositivistas, es decir, quienes opinan que el legislador crea la justicia, porque es la ley únicamente la que determina el deber de los ciudadanos, niegan en el fondo la responsabilidad de los hombres y, con ella, la libertad, porque es el poder soberano el que decide. La conciencia es prescindible, pues no hay un bien y un mal que el hombre tenga que buscar y decidir sobre él, ya que el bien –al menos el social– es algo que crea el legislador. Y la moral privada, mientras que no sea demasiado totalitario el poder, es abandonada, no a la conciencia, sino al capricho de cada quien, que es a lo que queda relegada la libertad, en vez de ser la capacidad para elegir el bien. Es curioso que todos los genocidas, empezando por los nazis, se hayan refugiado en el iuspositivismo, en la obediencia debida.

En el tablero político hay muchas cuestiones en juego, pero de fondo solamente hay unas pocas y una de ellas es ésta. En ella nos jugamos estar en una sociedad de sujetos libres o estar en una sociedad crecientemente absorbida por el Estado.
0
comentarios

Servicios