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DESAFÍOS PARA LA CONVIVENCIA EN ESPAÑA

La nueva política que viene

Hemos dejado atrás un año con importantes acontecimientos, que marcan nuestra política nacional. Se perfila un nuevo año que va a plantear desafíos de primer orden para la convivencia de España, como el Plan Ibarretxe. Retos que provocan una intranquilidad en gran parte de la población española y abren nuevos debates que, en muchos casos, conducen a una crispación y a una pérdida de ilusión en el valor de la democracia. Es mucho lo que está en juego en este momento. El desafío no es sólo para la derecha preocupada tradicionalmente por la integridad de España.

Hemos dejado atrás un año con importantes acontecimientos, que marcan nuestra política nacional. Se perfila un nuevo año que va a plantear desafíos de primer orden para la convivencia de España, como el Plan Ibarretxe. Retos que provocan una intranquilidad en gran parte de la población española y abren nuevos debates que, en muchos casos, conducen a una crispación y a una pérdida de ilusión en el valor de la democracia. Es mucho lo que está en juego en este momento. El desafío no es sólo para la derecha preocupada tradicionalmente por la integridad de España.
José Luis Rodríguez Zapatero y Josep Lluís Carod-Rovira
Todo esta corriente de aireación de los temas más controvertidos tienen una relación muy estrecha con la "nueva política" que está emergiendo en estos últimos meses, desde la entrada en el Gobierno del Partido Socialista. Una política que para los más fieles puede ser un signo de liberación pero que camina por derroteros que pueden agrandar más el pesimismo de los ciudadanos. No se trata ya de una nostalgia del poder perdido, ni siquiera de sentirse incómodo ante otras alternativas políticas. Da la impresión de que la política ha perdido su referencia fundamental, que todo es cuestión de cómo conquistar el poder y mantenerse a costa de lo que sea. Se olvida la cuestión fundamental de toda comunidad política: alcanzar el bien común, más allá del bien particular de un grupo de ciudadanos, de los intereses de una opción minoritaria.
 
La "buena" política es transversal para toda la sociedad, subraya la horizontalidad de las cuestiones; todo lo contrario de las afirmaciones particularistas y los nacionalismos exarcebados, que siempre quieren imponer lo propio frente al interés general. Lo que da sentido moral a la política es el bien común de toda la comunidad. El problema es que, habitualmente, no se tiene una idea clara, ni siquiera aproximada, de lo que es el bien común. La "nueva política", que debería ser una profundización de la libertad, no ofrece sino una huida hacia adelante respecto a nuestros problemas transversales, de toda la sociedad.
 
En una sociedad como la actual, donde las dificultades más urgentes (terrorismo, paro, vivienda, enseñanza, etc.) tienen, como mínimo, una dimensión regional (y frecuentemente global), la defensa de los particularismos nos empobrecerá, además de ser la expresión más clara de insolidaridad entre grupos y regiones. La acentuación de las minorías lleva en sí misma algo de cicaterismo, que producirá a menudo problemas de cohesión social. La "nueva política", que defiende tan entregadamente los particularismos culturales y étnicos, con frecuencia se olvida de las diferencias de orden económico y social que se dan también entre las distintas regiones y nacionalidades de España. Ante estos retos, el verdadero Estado de Derecho debe armonizar el obligado respeto y garantía de la identidad histórica y cultural de los pueblos con el respeto a los vínculos de interdependencia constituidos a lo largo de una convivencia secular (véase el documento de la Conferencia Episcopal Española Contructores de la Paz).
 
Creo que hay una necesidad urgente de resituar la cuestión política en su adecuado papel. La política tiene bastante de consenso y de asentimiento generoso hacia el bien común, hacia el bien de los otros. Con esta "nueva política" difícilmente hubiera podido salir adelante el proyecto europeo que vamos a refrendar estos días. Hay una tarea de rehabilitación de la política apoyada en la superación del pragmatismo como principal criterio político. Es preciso que se dé una elevación del nivel moral de la comunidad política para que podamos llegar a una sociedad justa y de bienestar común, y en esa tarea la política debe contar con la sociedad civil y con las instituciones que trabajan por rearmar la moral y los objetivos de interés general de nuestra sociedad democrática.
 
Fernando Fuentes Alcántara es miembro del  Instituto Social "León XIII".
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