
De todas las candidatas, sin duda Crash era la mejor. Munich es buena, pero por razones de equilibrio de política internacional era impremiable. Buenos días y buena suerte está donde tenía que estar: fuera de la quiniela. Brokeback Mountain tampoco es que haya sido la perdedora de la noche. Se llevó el mejor director (Ang Lee) y el mejor guión adaptado, amén de otras cosillas, pero hemos evitado que nos den la brasa con la peli una vez más.
Los premios de interpretación son impecables. Philip Seymour Hoffman era el mejor haciendo de Truman Capote. Perosi quieren disfrutar de su interpretación no vayan a verla en versión doblada, que es horrorosa. Busquen un cine en versión original subtitulada. Todo su amaneramiento, sus matices, sus inflexiones... brillantes en la película original, son casi un esperpento en la copia doblada. La actriz Reese Witherspoon, que nos tenía acostumbrados a interpretaciones poco dignas del recuerdo, en esta ocasión –haciendo de compañera del “hombre de negro” Johnny Cash– ha bordado un personaje que es a la vez dramático y sensual, divertido y profundo, fuerte y frágil, y lo hace con una naturalidad pasmosa. Merecida estatuilla. Entre los secundarios George Clooney y Rachel Weisz, guapos de Hollywood, se han llevado unos premios que no creo que molesten a nadie. Syriana y El jardinero fiel son dos películas que merecían estar representadas de alguna manera en los Oscar.
Como película extranjera, Sophie Scholl era de la que más se hablaba en España, pero es que aquí no ha llegado aún la sudafricana Tsotsi, la ganadora. Aunque ya saben que este premio es muy discutible, porque casi ningún académico se molesta en votar esa categoría. Película de animación: Wallace & Gromit, divertidísima, pero se quedan fuera dos películas más consistentes, con más entidad: La novia cadáver, de Tim Burton y El castillo ambulante, del maestro Miyazaki. Muchos premios estéticos –fotografía, dirección artística, vestuario– van para Memorias de una geisha, que para eso hicieron la peli, y no para otra cosa.