
Ahora lo que nos conmueve es la utopía igualitaria. Zapatero lo ha dicho alto y claro, con obras y con palabras: "La igualdad entre hombres y mujeres es el instrumento de más progreso, de más modernidad y de más calado histórico" de su Gobierno: de la agenda de la igualdad ha pasado a la agenda del poder del feminismo radical, de la utopía totalitaria. La utopía está en la igualdad, el paraíso está en la igualdad, que venga Marcuse y lo vea.
Nadie se debe llevar a engaño. Otra cuestión es que queramos elevar a la categoría de ciencia política el posibilismo político mezclado con el buenismo moral. La legislatura que nos espera va a ser de aúpa para con lo cristiano y con los cristianos. Como nadie se atreve a gritar aquello de "los cristianos, a los leones", conviene que nos vayamos haciendo a la idea de que ahora lo que se lleva es: "Lo cristiano, a los leones."
Ha llegado el Gobierno que instaura la nueva policía político-social en materia no de orden público sino del orden de la igualdad. Que se prepare la Iglesia en su "desigualdad" constitutiva. Como se empeñe la nueva ministra de Igualdad, habrá que ordenar sacerdotisas y obispas para hacer paritaria la Conferencia Episcopal. Si no, multa, policía y juicio que te crió. Ya me veo a don Francisco Vázquez explicando en la Congregación romana de los obispos que hay candidatas al episcopado en España de probada virtud y de igual dignidad. Mayores cosas veredes, amigo lector. Quienes defienden el sacerdocio femenino no tienen más que cursar una instancia en el nuevo Ministerio de la Igualdad y ya veremos a ver qué pasa. Por supuesto que no se trata de dar ideas, ni mucho menos, sino de poner la venda antes de la herida.
Comenzó la semana con un discurso de investidura del presidente en el que se decía, entre otras cosas: "Acabemos, señorías, con la discriminación por la orientación sexual. (...) Erradiquemos cualquier discriminación por razones religiosas o de ideología. Añadamos esta Ley de Igualdad de Trato a las leyes aprobadas de Igualdad entre hombres y mujeres y contra la violencia de género...." Lo que se espera de un presidente del Gobierno es que, al menos, sepa matizar, explicarse con un poco más de claridad. Cuando habla de discriminación por razones religiosas, ¿a qué se está refiriendo? Acaso la que padecen los seguidores del islam, que campean por los predios de la subvención pública desde esa fundación que nutre de fondos del Estado a las religiones de notorio arraigo. O acaso nos habla de los budistas, de los testigos de Jehová o de los hinduistas. Hombre, no creo que se refiera a los protestantes. Quizá a los católicos o, más bien, ¿no estará insinuando que son los católicos los que discriminan?
Días antes, para ir contextualizando, recibíamos la noticia de que Inés Alberdi, socióloga de profesión, era nombrada nueva directora del fondo de la ONU para las mujeres, con la ayuda y el empujón del Gobierno. Se trata de gestionar cerca de 100 millones de dólares en programas del Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para las mujeres en la lucha contra la violencia de género. Una lógica habitual, no diré normal, se preguntaría por las causas de la denominada violencia de género. Hete aquí que, en un libro de la nueva gestora de la ONU, titulado Violencia: tolerancia cero, la señora Alberdi señalaba que el problema de la violencia contra las mujeres tiene su origen en la sociedad patriarcal de la que la Iglesia católica, la moral religiosa judeocristiana, es la principal responsable.
Para colmo de desdichas concluyen las borrascosas calendas con un tú a tú de Felipe González y Juan Luis Cebrián, en su país, que es El País, desde el olimpo de la ideología del camaleón: "Yo creo que este Gobierno debería denunciar los acuerdos con la Santa Sede ya", opina el primer director del El País, "Sí, yo pienso que los acuerdos con la Santa Sede son preconstitucionales", coincide el ex presidente. "A mí no me estorbaron porque nadie me pidió que violentara la Constitución en nombre de esos acuerdos. Pero eso ha cambiado drásticamente en los últimos cuatro años". Sin comentarios, ni a los Acuerdos, ni a la acusación de violentar la Constitución, a quien corresponda, ni al cambio drástico en los cuatro años. Cambio, el de la igualdad de trato a la Iglesia.