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COMERCIALIZACIÓN DE LA NAVIDAD

Navidad sagrada y secular

La Navidad en Norteamérica tiene lugar de una manera que ofende a mucha gente en todo el mundo, así como a muchos cristianos en los Estados Unidos. Las costosas compras, las promociones incesantes, los villancicos que no paran, los luminosos, las decoraciones del jardín... ¿Tiene que ser así la Navidad?

La Navidad en Norteamérica tiene lugar de una manera que ofende a mucha gente en todo el mundo, así como a muchos cristianos en los Estados Unidos. Las costosas compras, las promociones incesantes, los villancicos que no paran, los luminosos, las decoraciones del jardín... ¿Tiene que ser así la Navidad?
Santa Claus

No, no tiene por qué serlo. Pero tampoco deberíamos ser tan rápidos en ofendernos.

Una Navidad que se celebre a lo grande no tiene por qué no ser sincera. Este argumento lo hizo Benedicto XVI antes de convertirse en Papa. En un ensayo de 1977 indicó que “hoy en día se espera de los teólogos y predicadores una crítica más o menos sarcástica a la manera en que popularmente celebramos la Navidad… La Navidad, nos dicen, ha sido comercializada irremediablemente y ha degenerado en un frenesí de marketing sin sentido; su religiosidad es ahora chabacana”.

“Por supuesto”, continuó, “tales críticas están en buena medida justificadas, aunque en muchos casos pueden olvidar que, detrás de la fachada de negocio y sentimentalidad, el anhelo de lago más puro y grande no está completamente extinguido; de hecho, la estructura sentimental ofrece a menudo el escudo protector detrás del cual se esconde un sentimiento noble y genuino que es simplemente reacio a mostrarse a la mirada de los demás”.

Está hablando del núcleo de intenciones buenas y virtuosas que está detrás de mucho de lo que es atacado como “comercialización”. Mucho de lo que compra la gente es para otros. Pero lo que la gente hace para conmemorar la Navidad refleja un sentido interior de que algo extraordinario ocurrió y continúa ocurriendo la noche del nacimiento de Jesús. Todo este escándalo no tendría lugar por un hombre gordo vestido de rojo; se necesita más que eso para crear la asombrosa muestra en que se ha convertido la Navidad.

“La frenética comercialización nos repugna”, escribió el Cardenal Ratzinger, “porque ciertamente está completamente fuera de lugar en la conmemoración del silencioso misterio de Belén, del misterio de Dios que por nosotros se convirtió en mendigo (2 Corintios 8:9). Y aún, debajo de todo, ¿acaso no se originó todo en la noción de dar y, por tanto, en la urgencia interior de amor, con su compulsión de compartir, de darse uno mismo al otro? ¿Y acaso la noción de dar no nos transporta directamente al núcleo del misterio que es la Navidad?”

Debemos reflejar también la realidad de que muchas asociaciones caritativas recaudan más dinero durante esta época que en cualquier otra del año; muchas veces más. Esto también refleja la realidad cultura de que todo este gasto no tiene tanto su base en la codicia o el materialismo sino en la generosidad y la liberalidad. El dinero no es el objeto sino el conducto que hace esto posible.

Esto también ofrece una razón por la que en los Estados Unidos se celebraría la Navidad más a lo grande que en muchos otros países del mundo: simplemente debido a que hay muchos más recursos aquí, consecuencia de un sistema económica que recompensa la innovación y la creación de riqueza. Este país es también el más generoso del mundo, con un sector dedicado a la caridad que es mucho más grande que el de cualquier otra nación.

¿Y qué hay de las quejas de que la Navidad ha perdido su raíz religiosa? Necesitamos recordar que las fiestas culturalmente significativas desarrollaron tanto un significado religioso como uno secular. Esto es una consecuencia inevitable de una fe que está dispuesta a compartirse con el mundo. El que disfrutemos de los aspectos seculares (Santa Claus, los renos, los elfos) no nos impide de encontrar también un verdadero significado en lo religioso.

Desde los primeros tiempos, la Navidad no fue meramente un asunto privado de hogares y parroquias. Los cristianos encuentran la gracia en el reflejo del milagro de la Encarnación pero han dado el evento llamado Navidad como un glorioso regalo al mundo. Es debido a esto que esta fiesta puede ser tan secular y aún así mantenerse tan sagrada. Hay una distinción entre los dos pero no siempre una batalla entre ambos.

“El concepto de dar regales está anclaro en esta liturgia de la Iglesia”, escribe el Papa, “y, al mismo tiempo, somos conscientes de la primitiva raíz de todo regalo de Navidad: que Dios, en su noche de paz, deseó convertirse en un regalo para la humanidad, que se entregó a nosotros”.

“El genuine regalo de Navidad a la humanidad, a la historia, a cada uno de nosotros, no es otro que el mismo Jesucristo. Incluso aquellos que no creen que fuera la encarnación de Dios tendrán que admitir que ha enriquecido la vida interior de generaciones y generaciones”.

Pongamos a un lado nuestra tendencia a rechazar y abandonar el abrazo de nuestra cultura a estas fechas. Participemos con alegría y generosidad, llevando regalos a otros así como a nosotros nos ha sido dado tanto por el asombroso hecho de que la Eternidad se convirtió en Tiempo para vivir entre nosotros.

Instituto ActonEl padre Robert Sirico es sacerdote católico y presidente del Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad en Grand Rapids, Michigan.
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