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MIEDO A VIVIR

"Seguridad" francesa y realidad económica

Los estudiantes franceses tomaron las calles nuevamente esta semana en una muestra de solidaridad consigo mismos. Son los ritos galos de primavera: protestas y manifestaciones.

Los estudiantes franceses tomaron las calles nuevamente esta semana en una muestra de solidaridad consigo mismos. Son los ritos galos de primavera: protestas y manifestaciones.
Estudiantes franceses protestando porque les quieran dar empleo

El descontento estudiantil va y viene pero lo inquietante sobre las manifestaciones estudiantiles este año es que representan problemas más profundos y amplios que se extienden más allá de unas cuantas ciudades en Francia: la expansión de la ignorancia económica y la apatía moral.

Las manifestaciones de los estudiantes franceses se desencadenaron a raíz de la propuesta del primer ministro francés, Dominique de Villepin, para introducir una enmienda en las leyes laborales ya existentes y poner el práctica el "Contrato de primer empleo"(CPE), una política laboral menos restrictiva para jóvenes trabajadores sin experiencia. La medida se aplicaría a los que tuvieran menos de 26 años y permitiría que las compañías francesas pudieran despedir a estos trabajadores en los dos primeros años del empleo.

Las actuales leyes laborales en Francia hacen que sea difícil despedir a cualquiera por casi cualquier motivo, incluso en épocas de penuria económica. También desalienta a contratar durante épocas de crecimiento económico porque los empresarios saben que contratar a un nuevo trabajador puede terminar costándoles millones de dólares en sueldos y beneficios con el paso del tiempo. Aquellos que sufren más por esta estructura laboral tan rígida son los jóvenes y los trabajadores no cualificados. Eso ayuda a explicar la alta tasa de desempleo en Francia que se acerca al 10%. Para la gente joven es prácticamente el 20% y, en los barrios pobres, el desempleo ronda el 40%.

Los estudiantes en toda Francia, incluyendo los de universidades de élite como la Sorbona, están protestando contra el CPE de Villepin porque, según aducen ellos, les quita la seguridad laboral y los expone a la précarité, palabra francesa que describe algo así como precariedad o inestabilidad. Parece que los manifestantes franceses no se dieron cuenta de que su potencial précarité se traduce en verdadero desempleo e inseguridad para otros, muy en especial para las clases más bajas.

El Financial Times informaba de que Villepin expresó su pesar ante "los malentendidos y la incomprensión" de sus ideas por parte del público. Lo de la incomprensión es correcto: no entienden de economía. Las estrictas leyes laborales dejan a las empresas sin incentivos para contratar mano de obra y son un desincentivo para los empresarios que necesitan flexibilidad para afrontar la inseguridad de una nueva empresa.

Franceses practicando el deporte nacionalPero hay más que la mera ignorancia de economía. La preocupación con el yo y la obsesión con la seguridad que lleva a estos jóvenes a protestar en las calles contra leyes laborales productivas son el reflejo de problemas más profundos en la sociedad. Esta preocupación, aunque pronunciada en Francia, se encuentra también en otros países, incluyendo a Estados Unidos. He aquí algunos de los problemas:

No ser capaces de reconocer el compromiso: Los manifestantes franceses y sus simpatizantes no entienden el principio de compromiso o transacción en economía. Lo quieren todo: seguridad laboral, pleno empleo, crecimiento económico, prosperidad universal e innovación empresarial. Paradójicamente, son incapaces de entender tanto la escasez como el crecimiento económico. Ven incorrectamente la economía como un juego de suma cero pero, al mismo tiempo, se niegan a aceptar concesiones como consecuencia de la escasez.

La falta de prudencia: Quiero decir prudencia en su sentido clásico: la capacidad de ver la realidad como es y proceder como corresponde. Esta evasión de la realidad explica la incapacidad de ver el compromiso como parte de un problema económico más grande.

No ser capaces de asumir responsabilidad personal: Ésta es una paradoja interesante en Francia, cuna del existencialismo. El mensaje central de la doctrina existencialista es la libertad, sin excusas; no obstante, los jóvenes franceses quieren que el estado se haga responsable de su futuro.

La falta de espíritu emprendedor: La desgana para tolerar riesgo y emprender nuevos negocios de manera creativa tiene sus raíces en un problema cultural. Esto lo señaló Samuel Gregg, director de investigación del Instituto Acton, en un editorial del Wall Street Journal europeo el año pasado. La falta de espíritu emprendedor, decía, está conectado a la falta de esperanza que a su vez es el resultado del ateísmo práctico que domina la vida de la Europa occidental.

Aburrimiento: Los jóvenes franceses, como muchos otros, están simplemente aburridos. La gente necesita algo por lo que vivir, además de seguridad, 6 semanas de vacaciones y hobbys. La gente joven, en especial, necesita oportunidad, riesgo y la posibilidad de ser heroicos. Pero en una cultura que relega la verdad, la belleza y la bondad para dar paso a caprichos subjetivos y que ridiculiza las virtudes clásicas como arcanas, no es sorprendente ver que los jóvenes salgan a las calles en busca de un sentido.

El poeta y dramaturgo francés Paul Claudel escribió una vez que la juventud era tiempo de heroísmo y sacrificio, no de búsqueda del placer. Uno se pregunta qué diría de las manifestaciones en Francia hoy en día y de los gritos juveniles en busca de una mayor protección gubernamental. La falsa seguridad que da el estado niñera merma no sólo la energía y el apetito por el riesgo que conlleva la actividad comercial y que son clave para el empresario, sino también la esperanza y el deseo de buscar verdades más grandes y trascendentes que son clave para una vida humana plena. Por tenerle tanto miedo a la précarité, la humanidad pierde su joie de vivre (alegría de vivir).

Acton InstituteMichael Miller es director de programas del Instituto Acton.

*Traducción por Miryam Lindberg del artículo original.
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