
Soy leyenda, de Francis Lawrence y protagonizada por Will Smith, vuelve al mismo argumento, esta vez adaptando una novela del célebre Richard Matheson (El hombre menguante). La novela, escrita en 1954 y ambientada en los setenta, era una novela de vampiros que ya ha conocido varias versiones cinematográficas. La actual, con guión de Mark Protosevich y Akiva Goldsman, tiene tres partes diferenciadas, a cada cual peor. La primera, muy bien lograda y con una espléndida decoración digital, nos presenta a un superviviente, como un náufrago de la urbe que desarrolla diariamente unos rituales que le permiten sobrevivir. Está muy bien creada esa atmósfera inquietante de un Manhattan soleado y solitario, cuyo silencio se rompe por las carreras de ciervos o los rugidos de los leones escapados del zoo.
La película desciende en interés cuando se nos presenta a los habitantes de la noche, una especie de zombies generados por ordenador, de increíble fuerza y monstruosidad extrema. Aquí el film transita por terrenos muy conocidos e intercambiables, y nos brinda escenas que valdrían para cualquier entrega de Resident Evil o películas por el estilo.
Por último, cuando desembocamos en el tramo final, y a nuestro personaje le llega el momento de la anagnórisis, su momento de heroísmo sacrificial, resulta que el espectador no se cree nada, y se encuentra ante el tópico desenlace rodado y dirigido sin que nadie en el plató se lo tome en serio, sin hondura dramática ni verosimilitud. Entre otras cosas porque el diseño del personaje no se ha ido preparando para ese momento. Es un clímax metido con calzador. Aunque sobre el papel sea más edificante un final de sacrificio redentor, si no se sabe hacer es mejor optar por un final feliz convencional, sin inmolaciones ni donaciones que requieren un talento que no sabemos si Lawrence posee y que pensamos que Will Smith no lo tiene en absoluto, a juzgar por su carrera.
A pesar de todo, si nos olvidamos de los resultados de una dirección insuficiente, y nos aproximamos al film como la metáfora que es toda ciencia ficción, Soy leyenda sugiere puntos de interés. Por un lado presenta los riesgos de la investigación genética y la ilusión de un futuro en el que todo está bajo control. Si otros films apocalípticos prefieren centrarse en desastres climáticos o naturales (El día de mañana, por ejemplo), este muestra la amenaza en el progreso mismo, entroncando con la gran literatura de ficción anti-cientifista de mediados del siglo XX. En ese sentido se puede deducir de la película que los avances eugenésicos pueden terminar produciendo monstruos como los del film.
Otro aspecto interesante es cuando el agnóstico personaje exculpa a Dios del desastre y carga sobre el hombre toda la responsabilidad de lo ocurrido. Es la doctrina de los "verdes" cristianos, que afirma que la creación es algo bueno y que los hombres la corrompemos con nuestras ansias de riqueza. Aunque es una doctrina ingenua (la madre naturaleza, ella solita, puede ser terriblemente cruel), pone el acento en la responsabilidad de la acción humana, concretamente en la investigación científica, lo cual es muy oportuno en un tiempo donde ya nadie cree en los límites morales del ejercicio de la ciencia.
Por último, el sacrificio de Robert Neville (Will Smith), aunque muy mal presentado, no deja de ser la enésima analogía crística de quien entrega su vida para salvar al género humano, encarnado en este caso en la imagen de una mujer y su hijo, metáfora muy vista de la esperanza de un futuro mejor.
En fin, una película muy comercial, hecha a la medida de Will Smith, y que hubiera ganado muchos puntos si hubiera caído en otras manos y con otro casting. De todas formas, esta película la hemos visto mil veces, y Will Smith ya ha salvado al mundo otras mil. Por favor –como dice el chiste–, además del musculitos Smith, ¿hay alguien más por ahí que pueda salvarnos?