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Javier Somalo

Pedro, Pablo y el Valle de los Caídos

En España siempre hay una mitad de muertos que no cuenta y una izquierda que lo alienta. La verdad sigue confinada y con mascarilla de hierro forjado en el Valle de los Caídos de Sánchez e Iglesias.

Javier Somalo
En España siempre hay una mitad de muertos que no cuenta y una izquierda que lo alienta. La verdad sigue confinada y con mascarilla de hierro forjado en el Valle de los Caídos de Sánchez e Iglesias.
Valle de los Caídos | Flickr/CC/Neticola

El 16 de julio se celebrará el funeral de Estado por la Verdad. Se homenajeará la memoria de la mitad de los muertos por la pandemia del coronavirus en España, "los 27.000 compatriotas que fallecieron", tal y como dijo Pedro Sánchez. El resto, hasta casi 50.000 que reportan el sistema MoMo, las funerarias o el INE, ha desaparecido en los congeladores de Illa y Simón. Este viernes, tras muchos días de promesas incumplidas, el Gobierno ha decidido que la cifra oficial es de 28.315 fallecidos.

Sánchez no tardará en buscarle salida al Valle de los Caídos como memorial de la pandemia. De la mitad, claro, porque caídos son otros tantos. Él mismo sería capaz de ordenar reconstruirlo en calidad de salvador –dice que el Gobierno ha salvado vidas– si no tuviera que pedir permiso a Pablo Iglesias. Así que, siguiendo a Arquímedes, ya hay candidatos para ocupar el volumen desalojado que llevaron en helicóptero a Mingorrubio.

En el Valle de Sánchez e Iglesias cabrán también los asesinados por ETA, banda que nada tiene que ver con sus socios de Gobierno, pero sólo como símbolo del "fin del conflicto". Por eso también promete a Bildu –el escaño de ETA– retirar medallas a personajes como Billy El Niño. Porque Bildu no tiene que ver con tortura alguna; sólo es un partido que visita formal e institucionalmente en la cárcel a Txapote, el asesino, entre otros, de Miguel Ángel Blanco. Quizá quieran recordar al concejal en una placa junto al etarra Bolinaga, el torturador que mantuvo a Ortega Lara 532 días secuestrado en una madriguera.

Lo "constituyente" bien merece grabarse en piedra. José Antonio y Franco; Pedro y Pablo. El nuevo Valle también podría tener hasta su propia trama en la "desescalada" de la democracia hacia la "nueva normalidad".

Porque hay más intrigas. A Felipe González lo metieron sin más en el cajón porque les incordiaban sus arrebatos de sentido común con Cataluña y Venezuela pero, tras un amago, en Podemos han decidido que no está de más investigarle por los GAL en una comisión parlamentaria auspiciada por Bildu, PNV, ERC, JxCat, la CUP, el BNG... Se ha encargado de explicarlo Pablo Echenique en Twitter y, por su argumentación, es posible que resuelva el asesinato de Kennedy y las desapariciones en el Triángulo de las Bermudas.

A ver qué dice el Gobierno del PSOE de su vicepresidente y a ver cómo acaba esta historia de repentino cambio de opinión en Podemos, justo cuando empiezan a complicarse las cosas para Pablo Iglesias a cuenta de una tarjeta telefónica mutilada. Y es que siempre aparece alguna tarjeta telefónica en esas cloacas que, cada cierto tiempo, rebosan.

Mientras se dilucida este misterio que rompe el silencio del Valle, resulta mucho más práctico ir a por la Corona señalando al anterior cráneo que la portaba. Víctima de casi todos los pecados endémicos borbónicos, Juan Carlos I desempeñó un papel crucial en la salida del franquismo hacia la democracia y eso es justo lo que quiere revertir Pablo Iglesias usando a Sánchez como presunto autor intelectual, que ya es atrevimiento, pero sin asumir riesgos y sin el indiscutible interés por la concordia que demostró el Rey en la Transición. Pablo ataca a la Corona y Pedro otorga.

Entre Pablo y Pedro, van a por la monarquía desde las debilidades del emérito o desde donde se tercie. Y a por la Guardia Civil si se desmanda o, literalmente, desmandándola. Y a blanquear a ETA concediendo pretensiones a su partido, acercando a presos o permitiendo visitas a las cárceles en pleno estado de alarma. Eso sí, cuidado con González, no sea que esa estatua acabe rompiendo algún escaño.

Por lo demás, todo sigue su curso en el final del estado de alarma. La caza a Isabel Díaz Ayuso ya es pública y parece que el nuevo director de El País tras la salida de Soledad Gallego Díaz es José Manuel Franco, que pasa de reo a fiscal por arte de la inconstante justicia española. No es que Ayuso dejara morir a los abuelos, es que los condenó a muerte y ordenó a los hospitales defenestrarlos. Lo pone en El País, lo dicen en la tele… hasta hay un vídeo. Pero todo lo anterior es lo de menos porque ya nadie oculta que la "Operación Ayuso" en realidad es una moción de censura, la nueva forma de llegar al poder, motivada siempre en algún presunto escándalo. Los muertos, que me perdonen, son lo de menos.

El 16 de julio será el funeral de Estado porque así lo ha decidido el presidente del Gobierno que, como Iglesias, no quiso luto ni visitó el Hospital de IFEMA o la morgue del Palacio de Hielo. Sea como fuere, en España siempre hay una mitad de muertos que no cuenta y una izquierda que lo alienta. La verdad sigue confinada y con mascarilla de hierro forjado en el Valle de los Caídos –28.313 oficiales, 50.000 posibles– de Sánchez e Iglesias, pero la mentira anda de turismo buscando a quien contagiar en un desatado frenesí que tiene mucho de "constituyente" sin poder serlo, lo que podría ser interpretado sin demasiadas trabas como golpismo. Visto así nuestra "nueva normalidad" es bien antigua.

Javier Somalo, director del Grupo Libertad Digital.

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