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Barcelona en la cumbre

Los preparativos de Barcelona ante la cumbre europea, la nueva masacre terrorista en Jerusalén y las valientes declaraciones de Francisco González, presidente del BBVA, quien pidió “tolerancia cero” frente al terrorismo en la junta general de esta entidad, son los principales temas que hoy ocupan las portadas de los diarios. Asimismo, también abundan los reportajes y las noticias sobre las fiestas pastilleras.

El País entrevista a Rodrigo Rato, quien afirma que el caso Gescartera no le ha afectado políticamente; que se pueden prohibir ideologías (en alusión a Batasuna, defendida por el PNV), como en el caso de Milosevic. Se muestra confiado en las previsiones de crecimiento realizadas por el Gobierno: “Algunas previsiones sobre el crecimiento de la Economía española para este año se van a tener que revisar. Y a lo mejor no son las del Gobierno”.

Asimismo El País dedica editorial a uno de sus temas recurrentes: la educación. Esta vez le toca el turno a la exigencia de “igualdad” de condiciones entre la enseñanza de la religión católica y el islam. Pronunciándose en principio por una escuela absolutamente laica, exenta de toda enseñanza religiosa, El País se encarga de recordar los convenios de cooperación firmados con la Comisión Islámica de España, y emplea los mismos argumentos que ésta —plasmados en el convenio— en pro del argumento del “arraigo” del islam en España: “...los españoles de hoy no pueden desconocer que tiene [el islam] un pasado en nuestro país y que incluso ha contribuido a la formaci´n de la identidad española, aparte de que haya alcanzado en estos momentos una determinada implantación social por efecto de la inmigración”. No deja de ser curioso que el furioso “laicismo” y “progresismo” de El País le impulsen a defender la enseñanza del islam en los colegios públicos, con el pretexto de la “igualdad de trato” respecto de la Iglesia. Más coherente con el laicismo sería oponerse a todo tipo de enseñanza religiosa, aunque por tal enseñanza, El País parece entender solamente la de la religión católica, mientras que la de cualquier otra confesión parece no ser otra cosa que inocua antropología cultural. Aquí se echa de ver su caduco anticlericalismo jacobino: “Algo hay (...) de confesionalismo rancio, incrustado en el actual Estado aconfesional español”, refiriéndose a los acuerdos Iglesia-Estado firmados en 1979.

ABC dedica un editorial a la remodelación del Consejo del BBVA, donde se ha restado poder a las familias de Neguri, tradicionales dirigentes del banco. La “poda” del Consejo de Administración y las contundentes declaraciones de Francisco González en contra del terrorismo de ETA y de la marginación de los no nacionalistas son para ABC “una clara coincidencia con los mensajes de PP y PSOE”. A este tenor, Jesús Cacho afirma en la contraportada del suplemento Nueva Economía de El Mundo que la salida precipitada de Ybarra y Pedro Luis Uriarte quizá tuviera algo que ver con determinados “fondos reservados” en cuentas cifradas fuera de España, que se destinaban “en principio (...) a pagar el impuesto revolucionario de la ETA y que sirvieron, además, para atender otros asuntos (tal que pago pago de mordidas a políticos corruptos latioamericanos)”, circunstancia que denunció Francisco González. Por lo que parece, el nuevo presidente del BBVA no tiene otra pretensión que gestionar eficazmente un banco, sin ceder al chantaje del nacionalismo “moderado” ni el del asesino. Sea en buena hora.

El Mundo, que también dedica un comentario a las declaraciones de Francisco González, publica una entrevista a Valery Giscard d’Éstaing, presidente de la Convención Europea encargada de redactar una constitución para una unión europea ampliada. Giscard compara su reto al de Benjamín Franklin en 1787 para eleaborar la constitución de EEUU, y recela de la actitud de “muchos dirigentes, como Aznar, que quieren que en Europa prevalezca el Estado-nación”, y que habrá que arbitrar un sistema satisfactorio para que los países grandes no impongan sistemáticamente sus tesis a los países pequeños, en clara referencia a Schöeder y Chirac en la cumbre de Niza. El Mundo ve en Barcelona la oportunidad de superar los obstáculos que se oponen a una gran Europa: “Europa siempre ha avanzado en los momentos de crisis. Como dice Giscard, ya no es posible retroceder si la UE no quiere convertirse en un satélite político y económico de EEUU”. Sin embargo, no es de extrañar que algunos dirigentes recelen de la macroburocracia de Bruselas. Las diferencias culturales y económicas entre los países que hoy integran la Unión Europea (mucho más acusadas en los candidatos al ingreso) no parece que hagan posible hoy por hoy la vía federalista, de la que Giscard y los europeístas convencidos son tan partidarios. Por otra parte, tampoco es precisamente una tragedia ser satélite político y económico de EEUU. Si bien es deseable que Europa, en un mundo donde la política internacional la decidirán EEUU, China y Rusia principalmente, tenga una voz única y sin fisuras, no es menos cierto que EEUU, para bien o para mal, es el principal defensor de las libertades en el mundo... y en el pasado siglo XX, los europeos hemos sido sus principales destructores.

La Razón entrevista a Loyola de Palacio, vicepresidenta de la Comisión Europea, quien considera que “España ya está preparada para tener una mujer presidente”. En cuanto a la cumbre de Barcelona, de Palacio considera necesario que “los Quince se pongan de acuerdo en las reformas estructurales y es imprescindible que sean en Barcelona. No podemos fallar”. La vicepresidenta también se pronunció claramente sobre el terrorismo etarra: “En Europa se entiende que haya Estados complejos. Lo que no se comprende es que haya un rincón donde no hay libertad. Donde por tener unas ideas te asesinan”.

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