La huelga general convocada por los sindicatos CC OO y UGT para el 20 de junio y la Cumbre europea-iberoamericana son los temas más destacados de las portadas del domingo.
En los comentarios editoriales predomina la tesis de que se trata de una huelga política contra el actual Gobierno, debida a la incapacidad de la oposición de mejorar las propuestas y políticas del gabinete de Aznar.
Según La Vanguardia, “el apoyo que Rodríguez Zapatero presta al paro en un difícil momento económico, mientras que asegura que ‘un partido responsable no convoca huelgas’, es tan poco equívoco como el oportunismo de quienes aprovecharon las huelgas contra el PSOE”. No cabe duda de que Zapatero, huérfano de ideas y de proyectos sólidos, se ha apuntado (tras algunos días de vacilación o de consulta con quienes de verdad mandan en el PSOE) al carro del desgaste al Gobierno. Sin embargo, comparar el 14-D con la próxima huelga en clave de oportunismo es deformar la realidad y la Historia: con tasas de paro cercanas al 20%, tipos de interés de dos dígitos, el cáncer de la corrupción multiplicándose y las sospechas de crimen de Estado, el 14-D fue una sana reacción de la ciudadanía contra los desmanes del felipismo. La huelga del 20 de junio no es más que el coletazo enrabietado de unos sindicatos que, en el fondo, se dan cuenta de que su ineficacia e impotencia para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores ha sido puesta de manifiesto por la acertada política económica que ha puesto en práctica el Gobierno en los últimos años... no quieren perder su “espacio político”.
El Mundo considera que, si bien es cierto que los sindicatos han organizado una huelga política, sería “excesivo e injusto acusar al PSOE de estar detrás de la convocatoria (...) Las declaraciones de ayer —de Zapatero— suponen un intento de nadar y guardar la ropa, ya que, a pesar de su apoyo a los sindicatos, brilla por su ausencia una adhesión a su iniciativa. Tal vez, porque no está seguro del éxito de la huelga o porque piensa que no existen motivos para una medida tan drástica”. Puede que la invitación de Zapatero a Aznar para que “baje a la calle” y retire el proyecto de reforma del subsidio de desempleo no deba interpretarse como adhesión estricta a la convocatoria sindical... si por adhesión entendemos colocarse al frente de la manifestación. Además, si Zapatero creyera que los sindicatos han recurrido a una medida demasiado drástica, lo lógico seria instarles a sentarse en el mesa de negociaciones, la cual, el Gobierno siempre ha mantenido abierta, tal y como hoy manifiesta Juan Carlos Aparicio en la entrevista que publica La Razón. Poco importa el que haya sido el PSOE o los sindicatos quienes hayan organizado la convocatoria. La cuestión es que ambas partes, irresponsablemente, la respaldan.
La Razón también destaca el apoyo de Zapatero a la huelga y la incapacidad de los sindicatos “que no han podido hallar en seis años un solo argumento para una huelga general”, y advierte al PSOE de que “los partidos que apoyan una huelga sin motivos, un pulso callejero contra el Gobierno”, ocultan en realidad “su incapacidad de hacer una oposición digna”.
Resulta curiosa, sin embargo, la ausencia en los editoriales de análisis centrados en las propuestas concretas de los sindicatos. Todo se limita a críticas de formales y acusaciones —muy fundadas, por otra parte— de politización, cuando en realidad, bastaría una breve lectura y un somero análisis de las propuestas sindicales para darse cuenta de su inviabilidad a medio y largo plazo. Diríase que criticar la ideología sindical es una especie de tabú, comparable al que hasta hace muy poco han disfrutado los nacionalistas vascos. Es hora de empezar a reconocer en público y ante los lectores que los sindicatos españoles sirven para poco más que generar “liberados”, convocar movilizaciones en defensa de sus propios intereses corporativos y dificultar la lucha contra el desempleo.
ABC, por el contrario, prefiere ver el la botella “medio llena”: “Si Zapatero estuvo en la primera línea de una manifestación contra los proyectos de reforma de la enseñanza, ya ha anunciado que ni su partido puede participar en la convocatoria de una huelga general ni él va a ilustrar la movilización con su presencia. No es poca cosa, pues el riesgo no sólo era prolongar innecesariamente el coma electoral sino una radicalización convulsa y ajena a los postulados de la socialdemocracia”. No está mal, ciertamente, que Zapatero rehúse encabezar la manifestación en la huelga. Pero da la razón a los sindicatos en su “iniciativa”, acusando al Gobierno de intransigencia y falta de talante negociador, lo que, para el caso, es lo mismo. Mientras tanto, no estaría mal saber qué es lo que propone su partido para seguir creando empleo y acabar con el fraude en el subsidio de desempleo... de seguro, algo no muy diferente a lo que proponen los sindicatos: más de lo mismo hasta que las arcas se queden vacías.

Zapatero se apunta a la huelga
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