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El motín de los orfebres

Dos mil años después, en la otra orilla del Mare Nostrum, se alzan gritos y puños hacia los sacrílegos que ofenden a los dioses de cada necionalidad histérica.

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En aquel tiempo hallábase Pablo de Tarso sembrando la palabra de Dios en Éfeso, ciudad de la señora Artemisa, diosa de los muchos pechos. Mas, a pesar de su divina inspiración, su prédica no conseguía acariciar los oídos de los efesios, sobre todo en el barrio de los orfebres, dirigidos por el platero Demetrio. Bien se sabía desde hacía muchas primaveras que los hábiles artífices de Éfeso obtenían no poca ganancia de la venta de reproducciones en plata de su sin par templo de la diosa, que incluyera entre las siete maravillas del mundo Antípatro de Sidón. Pues Pablo, tanto en dicha ciudad como en toda el Asia, estaba persuadiendo y llevando tras sí a una gran multitud diciendo a quien quisiera escucharle que Dios sólo había uno y que no eran verdaderos dioses los ídolos hechos por manos de hombre.

Alzáronse, pues, en tumulto los orfebres bajo las palabras del platero Demetrio, quien les hizo ver que lo dicho por el impío Pablo no sólo iba en descrédito de la diosa Artemisa, que vendría a quedar despojada de su majestad, sino que representaba un enorme peligro para sus monederos. Al oír esto, aunque muchos de los presentes no sabían por qué se habían reunido, llenáronse de ira y, rechinando los dientes y alzando los puños, comenzaron a gritar: "¡Grande es la Artemisa de los Efesios!". Y no corrieron a gorrazos al impío Pablo y sus discípulos por milagrito de Jehová.

Dos mil años después, en la otra orilla del Mare Nostrum, se alzan gritos y puños hacia los sacrílegos que ofenden a los dioses de cada necionalidad histérica, a las creencias de sus adoradores y a las ganancias de sus regidores. ¡Ay del que ose poner en peligro los puestos, prebendas, colocaciones, títulos, honores, sueldos y beneficios derivados de los sacrosantos hechos diferenciales y del intocable, inmutable, imprescindible, incuestionable, insustituible, inmejorable, insuperable, inalienable, imprescriptible e inembargable Estado de las Autonomías! Pues al grito de "¡Grande es nuestra comunidad autónoma, o nuestra nacionalidad, o nuestra realidad nacional, o nuestra nación, así como su autogobierno y su derecho a decidir!", aunque muchos no sepan ni lo que significan las palabras que pronuncian, el impío será corrido a boinazos, a barretinazos, a chapelazos o a lo que manden los dioses del lugar.

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