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No se le ocurra a usted ser pobre

Tres cuartos de siglo de educación –de deshumanización– comunista no pueden pasar en vano.

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Excelente día, éste de Navidad, para constatar una vez más que en esta envidiable época nuestra en la que reinan planetariamente ésos que llaman Derechos Humanos, la vida humana está crecientemente amenzada por sus dos extremos, el nacimiento y la vejez. Aunque últimamente comienza a mejorar la cosa, pues parece que viene a unirse a ellos un nuevo factor de riesgo, la pobreza.

Esta vez la novedad nos ha llegado desde orillas del Báltico. Porque la ministra de Sanidad lituana, Rimante Salaseviciute, del Partido Socialdemócrata, ha explicado que, como el suyo no es, textualmente, un Estado social, la eutanasia puede ser una buena opción para los pobres que no puedan acceder a la ayuda médica, en concreto a unos cuidados paliativos que, por lo visto, por aquellas latitudes septentrionales el Estado no garantiza a todos.

En primer lugar, salta a la vista el estrepitoso fracaso tanto de setenta años de comunismo como de veinticinco de nuevo régimen democrático en construir un sistema sanitario eficaz y humano para todos los lituanos.

En segundo, sorprende que en una nación de supuesta tradición católica como Lituania, tan cercana histórica y culturalmente a la igualmente católica Polonia, tales declaraciones, tan opuestas a la concepción católica de la dignidad humana, no hayan provocado la indignación general. Tres cuartos de siglo de educación –de deshumanización– comunista no pueden pasar en vano.

Y finalmente, aun dando por barrida la moral católica, sorprende semejante afirmación en labios de una socialista. Si un partido de eso que llaman izquierda, esencialmente obsesionada con la igualdad hasta en sus extremos más injustos y aberrantes, no la persigue al menos en lo más importante de todo, la salud, sobre todo en los momentos más duros de la enfermedad, no se comprende bien para qué existe.

Curiosa paradoja ésta –¿o no tanto?– de que, finalmente, los defensores del denostadísimo darwinismo social, que hace un siglo sirvió para legitimar el imperialismo blanco sobre los pueblos de color y cuya máxima expresión se supone que fue el nazismo, hayan acabado siendo las izquierdas actuales.

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