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Jorge Alcalde

Curar el ébola cuando el Zmapp está agotado

Habría una cantidad ingente de litros de sangre a disposición de mafias que ven su negocio aventado por las noticias sobre transfusiones milagrosas en EEUU.

Jorge Alcalde
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Habría una cantidad ingente de litros de sangre a disposición de mafias que ven su negocio aventado por las noticias sobre transfusiones milagrosas en EEUU.

El misionero español Manuel García Viejo ha recibido la segunda peor noticia de los últimos meses. La primera fue la confirmación de que estaba infectado por el ébola. Ahora sabe que no hay dosis de Zmapp, la droga experimental que ha salvado a cinco de los siente enfermos anteriormente tratados. Todas las dosis en teoría disponibles han sido ya entregadas. Manuel tendrá que esperar otro tratamiento. Pero ¿cuál?

La Organización Mundial de la Salud ha aprobado por vía de urgencia el uso del llamado suero de convaleciente en estos casos. Se trata de recibir una transfusión de un preparado extraído de la sangre de un enfermo de ébola que haya sobrevivido. No existe realmente un protocolo oficial de actuación para este otro tratamiento que sí ha sido utilizado en anteriores ocasiones. En el primer gran brote de ébola, en 1976, algunos hospitales acapararon sangre de pacientes curados espontáneamente para tratar a otros infectados. En casos de infecciones víricas como el SARS o el sarampión, o de otras fiebres graves como la fiebre de Lassa, también se ha acudido a esta práctica.

En teoría, la sangre del enfermo que ha superado el mal ha desarrollado anticuerpos contra el virus que podrían ser útiles para otros pacientes. Así ocurrió, por ejemplo, durante el brote de ébola de 1995: siete personas de la República Democrática del Congo que recibieron suero de convaleciente sobrevivieron. En este último episodio uno de los dos enfermeros estadounidenses tratado con Zmapp, Kent Brantly, también recibió una transfusión de este tipo, y él mismo se prestó a donar su sangre para curar a otros.

Pero no existe evidencia suficiente para avalar esta terapia. Algunos reanálisis posteriores al brote de 1995 lanzaron la sospecha de que en realidad los siete pacientes curados ya habían mejorado su estado general antes de recibir el suero. En estudios posteriores realizados en monos no se ha descubierto mejora significativa con esta técnica.

Incluso aunque la terapia funcionara, los riesgos no son pequeños. El primero de ellos es la posibilidad de transmitir con la sangre del paciente otras infecciones. Este inconveniente puede ser superado mediante un riguroso control viral del fluido donado. Pero en países como Sierra Leona o Liberia tal control es poco menos que imposible.

De hecho, la cadena de televisión Bloomberg ya ha denunciado la existencia de un floreciente mercado negro de sangre en Sierra Leona. Grupos no controlados de supuestos médicos compran y venden sangre de pacientes recuperados. Hay que tener en cuenta que el 45 por 100 de los infectados se cura espontáneamente. Eso significa una cantidad ingente de litros de sangre a disposición de mafias que ven su negocio aventado por las noticias sobre transfusiones milagrosas ocurridas en Estados Unidos. Un nueva pieza para componer el macabro puzle del ébola en África.

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