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Jorge Alcalde

La resurrección del gusano

Se fue casi sin avisar, a pesar de que había formado parte de la vida de muchos niños españoles y de una floreciente industria secular.

Jorge Alcalde
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Se fue casi sin avisar, a pesar de que había formado parte de la vida de muchos niños españoles y de una floreciente industria secular.

Bombyx mori ligneus desapareció de España cuando el siglo XX empezaba a transitar su segunda mitad. Se fue casi sin avisar, a pesar de que había formado parte de la vida de muchos niños españoles y de una floreciente industria secular.

Bombyx mori ligneus es el nombre científico del gusano español de seda autóctono. Las primeras larvas llegaron a España con la invasión de los árabes, en el siglo VII. Y fueron protagonistas de una de las industrias de la seda más importantes del mundo. Desde la localidad granadina de Galera sedujeron al planeta entero por sus cualidades para la sericicultura, el arte de fabricar sedas naturales. A Bombyx mori ligneus se le conoció internacionalmente como gusano de Galera por ello. Y más tarde como gusano de Almería, cuando en pleno siglo XV los barcos genoveses atracaban por pares en el puerto andaluz en busca de toneladas de textil y de larvas. Durante la dominación árabe y buena parte de los siglos posteriores a la reconquista, los sericicultores españoles realizaron una de las mejores campañas de selección genética que se recuerdan, escogiendo solo los gusanos más aptos, las sedas más ricas, las larvas más sanas, purificando la raza para envidia de fabricantes italianos y asiáticos. De los mejores capullos salió el hilo que lucirían las damas más exigentes de medio mundo, y la hijuela convertida en codiciado sedal de pesca o en sutura de prestigiosos cirujanos.

En algunas regiones españolas, como Murcia, la actividad sericicultora se convirtió en fundamental para mantener el desarrollo económico hasta el siglo XIX. Luego llegaron la pebrina y la molicie.

La primera era una enfermedad que asoló las plantas de producción de gusano de gran parte del continente europeo. Los animalitos morían pocos días después de que se les moteara la piel con una legión de manchas negras, como si hubieran sido sazonados con pimienta. En Francia, la Comisión del Gusano de Seda de Lyon encargó el estudio de la enfermedad nada menos que a Louis Pasteur. Él fue quien descubrió que las motas negras no eran un síntoma, sino la causa de la enfermedad. Se trataba de parásitos fácilmente evitables. Enseñó a los indoctos sericicultores franceses a utilizar el microscopio y separar las larvas sanas de las infectadas, y contribuyó así al mantenimiento de la industria de la seda gala. Por desgracia, en la España del "Que inventen ellos" los criadores de gusano no llegaron a contar con tamaña ayuda científica. Vieron cómo desaparecían los cultivos a puñados y chocaron de frente contra la pereza de las autoridades agrícolas, que jamás dieron un real por la recuperación de la especie.

Para colmo, la apertura del Canal de Suez favoreció la llegada de mercancías de Asia. Desde allí venían oleadas de gusanos chinos resistentes a la pebrina que fueron colonizando nuestro mercado autóctono.

Aun así, el gusano de Galera se las apañó para sobrevivir hasta pasada la Guerra Civil. Pero ya no pudo superar el último envite de la historia: el desdén de la política agraria franquista hacia esta actividad.

Bombyx mori ligneus despareció de España. Pero no del mundo. Como resultado de la febril relación comercial con los barcos genoveses durante el Medievo, en Italia se conservaron restos genéticos de la especie. Varias instituciones científicas italianas, coreanas y japoneas mantenían reservas de ADN suficientes para soñar con la recuperación. Y esta misma semana hemos tenido noticia de que la soñada recuperación está más cerca que nunca. La Asociación Española para la recuperación del Gusano de Seda Autóctono ha anunciado varios acuerdos con laboratorios japoneses para trabajar con germoplasma del famoso bichito con la intención de volver a introducirlo en España.

Recuperar la industria de la seda se antoja imposible, pero pronto volveremos a tener en nuestro país cajitas llenas de hoja de morera entre las que culebreen gusanos idénticos a los que llegaron a España dentro de las tinajas que portaban los invasores del norte de África.

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