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Iowa: Ted empieza a ser la Cruz de Trump

Las encuestas han fallado. La campaña va a ser larga y disputada. Estos podrían ser los dos titulares que resumiesen lo ocurrido en Iowa.

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EFE

Las encuestas han fallado. La campaña va a ser larga y disputada. Estos podrían ser los dos titulares que resumiesen lo ocurrido en Iowa.

En el bando republicano se perfila una campaña a tres, a no ser por un improbable milagro que resucite a alguno entre los restantes candidatos.

El gran vencedor ha sido Ted Cruz, que ha sabido aprovechar su momentum y con un mensaje conservador sin complejos ha resultado claro vencedor en el caucus de Iowa, con un 28% de los votos. No lo ha tenido fácil: con las encuestas y el establishment en contra, el hasta ahora todopoderoso Trump enfocando todo su arsenal contra él y sus apoyos naturales, los dos vencedores en las anteriores primarias republicanas en el estado, Santorum y Huckabee, haciendo campaña para el magnate; y sin embargo Cruz siguió trabajando incansablemente, seduciendo al voto evangélico, especialmente importante en Iowa (él es uno de ellos, ¿queréis más fiabilidad?), y manteniendo su discurso anti establishment. No lo tiene todo, ni mucho menos, ganado, pues Iowa es un estado especialmente conservador, pero sí va a gozar de la ventaja de ser el frontrunner y es previsible que vaya recogiendo el voto de protesta que hasta ahora se concentraba en Trump y que puede migrar a un candidato con mayores opciones y propuestas no tan alejadas de las del multimillonario.

La derrota de Donald Trump, que se ha quedado con un 24%, es dura y supone un agrio baño de realidad. Lo es porque destruye la aureola de ganador que ha cultivado Trump en todo momento. Precisamente la victoria ha sido su tema más recurrente: él es un triunfador que siempre gana, su vida profesional así lo atestigua. Con él los americanos volverán a ganar, contra los políticos profesionales, contra China, contra el Estado Islámico, contra quien se ponga por delante. Por supuesto contra Ted Cruz, ese "canadiense" contra quien no vale la pena ni debatir. Ahora toda esa narrativa se va al traste deja tocado al muy discutido candidato Trump, que ha mostrado que también es mortal.

Eso sí, los motivos que le han llevado hasta aquí persisten. Por un lado, el nivel de enfado de los norteamericanos. Una encuesta reciente señalaba que los menos enojados son los que viven en hogares con rentas por encima de los 150.000 dólares anuales (los ricos) o con rentas inferiores a 15.000 dólares (los pobres). Por contra, los más irritados y pesimistas son quienes ganan entre 50.000 y 74.900 dólares. El americano medio está decididamente enfadado y cree que las cosas en su país necesitan un cambio drástico.

Por otro lado está lo que el presidente del American Enterprise Institute, Arthur C. Brooks, llama "política del desprecio":

el trumpismo es la consecuencia de esa política del desprecio. La candidatura de Trump surgió como reacción al desdén de los progresistas hacia los ciudadanos de a pie que solo aspiran a ganarse la vida en una situación económica complicada. Muchos creen haber encontrado en Donald Trump a un paladín capaz de contraatacar.

Con o sin Trump, estos elementos van a seguir siendo clave en las primarias de este año.

Junto con Cruz, el otro gran vencedor de ayer ha sido Marco Rubio, que se ha quedado a solo un punto de Trump en porcentaje de votos y ha conseguido sus mismos delegados, 7 (Cruz ha obtenido 8). Descartado no hace tanto, Rubio se mete ahora de cabeza en la carrera y a medida que lleguen los caucus en estados menos conservadores sus posibilidades van a crecer. Estamos más cerca de un candidato hispano-cubano, se llame Cruz o Rubio.

Triste resultado el de Jeb Bush, con solo un 2,8% de los votos, por detrás de Ben Carson (9%) y de Rand Paul (4,5%), que probablemente le aparte de la carrera presidencial. Otro de los candidatos favoritos de la estructura del Partido Republicano, el gobernador de Nueva Jersey Chris Christie, consigue un misérrimo 1,75%. No son buenos tiempos para los candidatos del establishment.

En el bando demócrata, la ventaja en las encuestas de Hillary Clinton se ha esfumado y Bernie Sanders ha conseguido empatar con la antigua primera dama. Un éxito para Sanders, que a pesar de su edad ha conseguido movilizar en su favor el voto más joven y, aunque no ha conseguido derrotar a Hillary, sí ha puesto en evidencia sus carencias. Con el anuncio de la retirada de Martin O'Malley, que ha obtenido solo un 0,57% de los votos, la carrera demócrata es cuestión de dos.

Pues ya lo ven: los candidatos favoritos hasta ahora han mostrado síntomas de debilidad en Iowa, lo que significa que hay partido. El próximo martes, en New Hampshire, más. Por cierto, las encuestas allí, antes del caucus de Iowa, daban ganadores a Trump con amplia ventaja (30% frente al 12% de Cruz y el 11% de Rubio) y a Sanders, que obtendría un 57% de los votos frente al 34% de Hillary. Veremos si esta vez aciertan o si, como ha sido el caso en Iowa, nos esperan sorpresas.

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