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El error de VOX

Una repetición de los comicios en Andalucía sería el mayor regalo de Reyes que jamás haya recibido la izquierda en toda la historia de la democracia española.

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Santiago Abascal, presidente de VOX | EFE

VOX se ha equivocado. En esta época nuestra, la del imperio ubicuo de lo banal, el noventa por ciento de la acción política parlamentaria de los partidos (quizá algo más del noventa por ciento) consiste en eso que los vendedores profesionales de humo llaman comunicación. Y VOX acaba de incurrir en un error grave de comunicación. Su empecinamiento en poner en solfa la posibilidad real de un cambio de dimensiones históricas en Andalucía por una cuestión estrictamente sectorial, la relativa al sucedáneo autonómico de la Ley de Violencia de Género aprobada en su día por las Cortes Generales en Madrid, algo tan ajeno y alejado del clamor general del electorado para desplazar al PSOE del Palacio de San Telmo, sencillamente, no conduce a ninguna parte. Porque ni la posibilidad de modificar el articulado de esa legislación nacional entra dentro del ámbito competencial reconocido al Parlamento andaluz por el estatuto de autonomía de la región, ni el grueso del electorado adscrito al ámbito sociológico al que se dirige VOX, el de la derecha entendida en un sentido ámplio, va a entender la aparente preeminencia innegociable de esa cuestión a la hora de formar un nuevo Ejecutivo en Andalucía.

Así las cosas, abundar de entrada en esa actitud tan próxima al maximalista doctrinario solo podría abocar a la formación de Abascal a un callejón sin más salida que el retorno al testimonialismo del que apenas acaba de salir hace un instante. Y es que la única opción políticamente inviable para VOX en Andalucía sería la de forzar una repetición electoral. Eso conduciría a una forma de suicidio asistido para los de Abascal. Suicidio asistido por dos razones, a falta de una. La primera, tan obvia, remite a la segura movilización de los abstencionistas de izquierda que posibilitaron con su retraída desidia el batacazo de Susana Díaz. La segunda, por lo demás no menos obvia, apelaría al retorno del principio del voto útil en el campo conservador ante la certeza de esa movilización general en el ámbito de influencia socialista; un voto útil que lógicamente tendería a migrar hacia las dos siglas con posibilidades de alcanzar la mayoría, esto es, Ciudadanos y el Partido Popular.

Una repetición de los comicios en Andalucía sería el mayor regalo de Reyes que jamás haya recibido la izquierda en toda la historia de la democracia española. Un regalo que VOX pagaría más caro que nadie. Porque lo pagaría carísimo. Tan caro que muy probablemente supusiese el colapso súbito de sus expectativas, hoy tan esperanzadoras, no sólo en Andalucía sino también, y sobre todo, en el resto de España. Practicar la política de los valores, tan necesaria aquí y ahora, no tiene que implicar enemistarse con el principio de realidad. Los partidos políticos están llamados a ser coherentes y fieles a sus postulados ideológicos y programáticos, pero, por encima de todo, tienen que ser útiles para quienes confían en ellos en las urnas. Y la utilidad inmediata de VOX, la más perentoria e inexcusable, apela a la función de catalizador del cambio en Andalucía. VOX se ha equivocado. Pero todavía están a tiempo de rectificar.

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