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José García Domínguez

El revival de la revolución pendiente

En fin, primero se quiso Alfredo; después, Pepunto; luego, Rubalcaba; y ahora pretende hacerse pasar por Roosevelt.

José García Domínguez
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Aprovechando que el derecho a ser tratados como adultos no figura en la carta a los Reyes Magos en que ha desembocado la performance del 15-M, el postulante Rubalcaba se ha animado a declamar un insulto a la inteligencia a modo de programa electoral. Algo que, por cierto, no representa un giro hacia la izquierda, sino hacia la miseria; hacia la miseria intelectual, por más señas, ese territorio siempre fronterizo donde conviven los demagogos de todos los pelajes prestos a capitalizar el resentimiento social. De ahí, entre otras nuevas populistas, el solemne compromiso de resucitar el Impuesto del Patrimonio con destino "a los ricos".

Carnaza retórica para exclusivo consumo de una plebe audiovisual ignorante de que, ni siquiera hace un mes, el PSOE rechazó en el Congreso una propuesta similar de Izquierda Unida. Carnaza como esa otra proclama de inequívoco aroma chavista, el anuncio de una tasa específica que grave los beneficios de la banca, destinada a "crear empleo". ¿Y por qué a los bancos y no a las ferreterías o a los mayoristas de plátanos? Quizá porque procede echar a los leones al "sistema financiero más sólido del mundo". Alguien tiene que pagar por las epopeyas de los días de vino y rosas. Como las célebres del compañero Hernández Moltó, el Adam Smith de Caja Castilla-La Mancha cuya fe en el libre mercado lo empujaría a conceder créditos por valor de setenta y seis mil millones de pesetas a tres familias, tres, de compadres suyos. Y el chivo expiatorio, parece, ha de ser la banca privada.

En fin, primero se quiso Alfredo; después, Pepunto; luego, Rubalcaba; y ahora pretende hacerse pasar por Roosevelt. Olvida Pérez, sin embargo, que durante la Gran Depresión las ayudas del Gobierno americano se dirigieron a la gente; a las familias angustiadas por el pago de las hipotecas, no a las entidades financieras inquietas por su cobro. En concreto, destinó el equivalente a setecientos mil millones de dólares actuales a las personas que no podían costear el recibo de esa losa a fin de mes, frente a algo menos de doscientos mil dirigidos a comprar acciones de los bancos en crisis. Justo lo contrario, pues, de cuanto aquí ha llevado a cabo su Gobierno. Detalle baladí que alguien le debiera explicar.

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