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José García Domínguez

Hillary Clinton y Carmen Calvo

Hubo un tiempo en el que la izquierda española se esforzaba por aprender de Gramsci. Hoy, en cambio, prefiere emular a Hillary Clinton y a François Hollande.

José García Domínguez
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Hubo un tiempo en el que la izquierda española se esforzaba por aprender de Gramsci. Hoy, en cambio, prefiere emular a Hillary Clinton y a François Hollande.
Carmen Calvo, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. | EFE

Cuando ya llevas 26 años seguidos perdiendo, verbigracia la izquierda en la plaza de Madrid, quizá la culpa no sea de los electores de Vallecas por ser estúpidos y dejarse influir más por Ana Rosa que por Jorge Javier. Cuando llevas 26 años seguidos perdiendo de modo ininterrumpido, quizá la culpa sea tuya. Y más cuando la tan cómoda y recurrida coartada autoexculpatoria de la baja participación de los de abajo se te viene abajo, valga el juego de palabras, tan de golpe como el martes pasado. Porque resulta que los de Vallecas sí que fueron a votar. Como los de Alcorcón, Parla, Pinto y Móstoles, que también fueron. He ahí, dolorosa, la prueba de que el problema no estaba en el Sur, como tanto se había repetido, sino en la izquierda. ¿Cuántos votos le aportó el martes el Sindicato de Manteros a la izquierda? ¿Cuántos? ¿Alguien desde la socialdemocracia compatible con la mínima honestidad intelectual se atrevería hoy a cuantificarlos?

Hubo un tiempo, ahora muy lejano, en el que la izquierda española se esforzaba por aprender de Gramsci. Hoy, en cambio, prefiere emular a Hillary Clinton y a François Hollande. Así la vicepresidenta Carmen Calvo, que acaba de referirse a los votantes madrileños de extracción humilde y popular que han apoyado a Ayuso con el mismo desprecio clasista apenas disimulado que Clinton usó para señalar a la "gente deplorable" que vota a Trump, esos mismos trabajadores de la clase media empobrecida a los que el otro, Hollande, llamaba "los desdentados" con infinito desdén aristocrático. Porque no de muy distinto tenor ético, estético y moral han sido las últimas palabras de Calvo. Bien, si la izquierda quiere seguir perdiendo durante los próximos 26 años, lo que tiene que hacer es eso, continuar hablando de las cañas de cerveza que se toma Ayuso cuando se cruza con su ex por las tabernas con una lata de berberechos por medio. Pero si lo que ansía es ganar algún día, acaso lo que debiera hacer la izquierda sería preguntarse por qué razón tantos padres de Vallecas se empeñan ahora en inscribir a sus hijos en colegios concertados, en lugar de matricularlos en centros públicos que les saldrían gratuitos. Estoy seguro de que Gramsci le daría muchas vueltas a eso. Carmen Calvo, en cambio, lo dudo.

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