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José García Domínguez

La ley del silencio en Cataluña

La tarea de la ANC no es instaurar la República en Cataluña, sino el miedo en el cuerpo de los catalanes refractarios al pensamiento nacional único

José García Domínguez
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En el tedioso asunto catalán, el Gobierno da la sensación de haberse creído esa mentira piadosa que rige en todo orden democrático, a saber, que la llamada opinión pública se configura merced al juicio crítico de unos ciudadanos autónomos, informados y responsables; esa fantasía tan enternecedoramente cándida que cualquier estudiante de zoología podría refutar de un plumazo. Es sabido, el valor de una hormiga crece de modo proporcional al número de sus iguales que la acompañan, pero disminuye en idéntica medida cuando se va quedando sola. Y la evidencia empírica de los últimos veinte siglos acredita que el valor moral del hombre común no resulta ser muy distinto al de una hormiga común: encoge hasta la miniatura si se le deja aislado; por el contrario, gana fortaleza a medida que se sabe escoltado por otros que participan de su credo.

Qué le vamos a hacer, el alma humana es gregaria por naturaleza. Ya lo advirtió en su día Tocqueville a propósito de la Revolución Francesa: "Temiendo más la soledad que el error, [los contrarios a la Revolución] declaraban compartir las opiniones de la mayoría". Cualquiera que haya observado a las hormigas en un pupitre escolar, en una empresa, en un partido político o en cualquier otro entorno colectivo habrá comprobado que tienden a cambiar de opinión si son amenazadas con la exclusión del grupo. La secuencia, por lo demás, resulta simple. Una opinión deviene hegemónica cuando las otras enmudecen. Cambios súbitos de parecer, esos que eclipsan a la disidencia, que requieren de un clima previo de miedo. Y es que, sin el recurso al miedo, las voces críticas no desaparecerían.

He ahí la genuina misión asignada por Mas a la Asamblea Nacional de Cataluña. Porque la tarea de la ANC no es instaurar la República en Cataluña, sino el miedo en el cuerpo de los catalanes refractarios al pensamiento nacional único. Por eso el lenguaje atrabiliario y la carga de violencia simbólica que caracteriza su acción pública. Recuérdese que no fueron las balas de Terra Lliure, sino la presión en la calle de La Crida, una organización de masas idéntica a la ANC, lo que terminó por expulsar de la vida civil durante un cuarto de siglo a los críticos con el nacionalismo. Y mientras tanto, los más de novecientos empleados de TVE y RNE en Cataluña, durmiendo la siesta.

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