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José  Herrera

Venezuela y el cambio imparable

Sánchez actúa disimulando un dogmatismo ideológico similar al del Rodríguez Zapatero, quien asesora, ampara y trata de dar legitimidad a la dictadura.

José  Herrera
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Sánchez actúa disimulando un dogmatismo ideológico similar al del Rodríguez Zapatero, quien asesora, ampara y trata de dar legitimidad a la dictadura.
Una venezolana celebra la proclamación de Guaidó como presidente interino | EFE

Pese a los desesperados intentos de algunos por cambiar el nombre a las cosas, empieza a quedar clara ante la opinión pública la legitimidad constitucional y democrática del gobierno constituido por la Asamblea Nacional de Venezuela. Dicha legitimidad nace de las urnas en las que los venezolanos otorgaron a la oposición la mayoría absoluta en las elecciones legislativas de 2015, y quedó reforzada por el modo fraudulento con el que Maduro transformó el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral o la "Asamblea Nacional Constituyente" -usurpadora de la legitimada en las urnas- en herramientas al servicio de la consolidación de la narcodictadura. Años antes ya había hecho lo propio en el ejército, designando mandos afines a la longeva maquinaria represiva cubana.

Ha hecho falta que se produjera una gravísima crisis humanitaria y el éxodo de más de cuatro millones de venezolanos para que la comunidad internacional en general, y la de América Latina en particular, pusieran atención al clamor popular de los millones de venezolanos que sufren cada día las consecuencias de su pérdida de libertad por el chavismo en forma de hambre, miseria, violencia, muerte y represión.

La verdadera falta de legitimidad es la de Maduro, cuya autoproclamación el pasado día 10 se produjo tras unas elecciones convocadas de forma fraudulenta y desarrolladas en absoluta falta de libertad y transparencia. Tiene por tanto sentido que, en ausencia de un ejecutivo legítimamente constituido, sea la Asamblea Nacional legítima, vigente hasta 2020, la que decida nombrar un presidente interino, cosa que ha hecho en la persona de Juan Guaidó.

Los líderes del Partido Popular, Ciudadanos y Vox han hecho bien en su respaldo unánime y sin fisuras al gobierno legítimo de Guaidó aprobado ahora por la Asamblea Nacional. Algunos medios vinculados a la izquierda española señalan esto como una anomalía, cuando lo verdaderamente anómalo es que el presidente del Gobierno de España, el mismo que se resiste a convocar elecciones en España, proclame esa vía como la adecuada para un país en el que, a todas luces, la dictadura impide el normal funcionamiento del juego democrático.

En lugar de liderar la posición de la UE en respaldo de los demócratas venezolanos, Pedro Sánchez ha tratado de endosar a la UE el apoyo a un evanescente "diálogo", consciente de que, en ausencia de la autoridad moral del gobierno español y apenas cuatro meses antes de unas elecciones al Parlamento Europeo, es casi imposible que se apruebe un pronunciamiento comunitario rotundo similar al realizado contra la dictadura y en respaldo de Guaidó por de una treintena de países entre los que se incluyen los Estados Unidos, Canadá y las principales democracias latinoamericanas, salvo México.

El presidente del Gobierno actúa –lo suyo es actuar– disimulando un dogmatismo ideológico similar al del Rodríguez Zapatero, quien asesora, ampara y trata de dar legitimidad a la dictadura comunista de Venezuela, porque ambos han trasladado al PSOE a los años previos al Congreso de Suresnes de 1974 en el que, liderados por Felipe González los socialistas españoles abandonaron el marxismo. La decisión de abstraerse de tomar partido en la crisis humanitaria a la que ha conducido el comunismo de Nicolás Maduro debe leerse también en clave interna, pues la continuidad de Sánchez en la Moncloa depende de la aprobación de unos presupuestos generales del Estado que hoy están en manos de sus aliados de la extrema izquierda española.

El cambio en Venezuela es imparable. La comunidad internacional no puede permitir que una execrable dictadura siga pisoteando los derechos y libertades de los venezolanos que aún siguen en el país, y también de los millones que se han visto obligados a emigrar. En esta situación es un deber moral de todos, y muy especialmente de los que tienen responsabilidad política, no eludirla, sino ayudar a que se restablezca de una vez la libertad en Venezuela, cosa que pasa hoy por reconocer la legitimidad constitucional y democrática del gobierno liderado por Guaidó y la ilegitimidad del Estado narco encabezado por Maduro.

José Herrera, director de Relaciones Internacionales de FAES.

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