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José Manuel Puertas

El método de Sergio Scariolo y las dudas razonables de la selección española en la Copa del Mundo de China

Es conocido que Scariolo es de entrar poco a poco en los torneos, pero no sobran motivos para ser demasiado optimista con España.

José Manuel Puertas
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Es conocido que Scariolo es de entrar poco a poco en los torneos, pero no sobran motivos para ser demasiado optimista con España.
España ya está en la segunda fase de la Copa del Mundo | EFE

Tres victorias ante Túnez, Puerto Rico e Irán y ahora, a jugarse las habichuelas ante una Italia peligrosa en ataque pero enormemente irregular en defensa y sin ninguna presencia en la pintura y una Serbia ante la que la realidad es que si jugara diez partidos ante España, los de Djordjevic ganarían nueve. Mientras, Argentina postulándose para ser primera de su grupo de la segunda fase y, en el hipotético caso de victoria española ante Italia y derrota frente a Serbia, ser el rival español en cuartos de final.

Hace quince días ese era el escenario más optimista para la selección española. Jugarse el pase a la lucha por las medallas contra Argentina, un equipo en el que sus tres bases, Campazzo, Laprovittola y Vildoza son elite pero sus pívots, dejando aparte al legendario Luis Scola, no dan la talla para competir a este nivel. Transcurrida la primera fase de la Copa del Mundo de China, dicha situación es la que reproduce fielmente a los mejor pronósticos para los de Sergio Scariolo.

¿Qué ha pasado, entonces, para que exista un ambiente de tanto negativismo entre la parroquia nacional? En primer lugar, que por regla general el aficionado español piensa que por llevar 'España' en la camiseta, a equipos como Túnez, Puerto Rico e Irán hay que sacarlos de la pista. En segundo, es cierto que Sergio Scariolo ya avisó antes del estreno que mal haría España si estuviera al 100% desde el salto inicial del primer partido. Puro método del de Brescia, al que lleva años yéndole muy bien jugando al filo del alambre en estos campeonatos. Pero no se puede negar que hay un tercer factor, y es que España está haciendo un baloncesto bastante malo, con una defensa mejorable en muchos minutos de los partidos y con un acierto exterior con el que será muy difícil seguir ganando partidos ahora que llega la hora de la verdad.

Dicho eso, ¿Forma todo esto parte de una estrategia preconcebida y a partir de ahora España se va a convertir en un ciclón, como hemos visto no hace tanto? Cuesta creerlo. Los tiempos en los que la selección ganaba en la primera fase por inercia y en la segunda, cuando apretaba, sólo había dos o tres equipos que podían siquiera toserle ya han pasado. Probablemente no volverán además. El propio Marc Gasol dijo en Madrid tras el amistoso ante República Dominicana que quizá este no era el mejor equipo para ir tan de menos a más, consciente del riesgo que ello suponía de dejarse algún partido de la primera fase por el camino. Hoy España jugó más con fuego que nunca en este torneo. Perdía ante Irán 57-62 a cinco minutos del final.

Resulta complejo pensar que se trate de un juego preconcebido en todos sus extremos. Algo de ir poco a poco hay. Pero limitaciones en el equipo, indiscutiblemente también. Sencillamente hay varios equipos mejores que España: Estados Unidos, Serbia, Francia y Australia lo son indiscutiblemente. Y Lituania o Grecia son, como poco, del mismo nivel. Ojalá ante Italia entren los triples, porque falta va a hacer. Que Llull, Juancho Hernangómez, Ribas o Rubio los encuentren con cierta regularidad. De no ser así, tocará encomendarse a que Marc Gasol domine la pintura y que los Gallinari, Datome y Belinelli no tengan el día tonto en la muñeca, ya que una derrota frente a los de Sachetti pondría a España en la puerta de salida de la Copa del Mundo, toda vez que lo de Serbia, ya saben, parece poco menos que una misión imposible (uno de cada diez).

Ser el número 2 del ranking mundial dio a España, junto a la necesaria suerte en el sorteo, un camino más o menos despejado hacia la semifinal. Pero para ganarse una plaza entre los cuatro mejores del mundo hay que hacer las cosas mucho mejor de lo que hasta ahora se han hecho. Empieza la hora de la verdad y el cuadro es el deseado. Alarmas cero, por tanto. Pero motivos para no ser exageradamente optimista desde luego, los hay. Y no pocos.

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