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José Manuel Puertas

Un día grande en Palencia como ejemplo de normalidad

La Bella Desconocida albergará hoy, con la visita del Barça, un partido de la Liga Endesa por primera vez en su historia

La Bella Desconocida albergará hoy, con la visita del Barça, un partido de la Liga Endesa por primera vez en su historia
Celebración del ascenso del Zunder Palencia | Palencia Baloncesto

Este viernes, 29 de septiembre, quedará ya grabado para siempre en la historia del deporte palentino, toda vez que supondrá, a partir de las 19 horas, el estreno de su máximo representante en la elite del baloncesto nacional. El Zunder Palencia de Marco Justo recibirá al Barça en el Pabellón Municipal de Deportes de la ciudad castellana en su primer encuentro como locales en la temporada, tras comenzar el pasado sábado su andadura en la Liga Endesa con una clara derrota ante el Monbus Obradoiro (84-64).

Debería ser este un asunto que, más allá de la obvia trascendencia local, fuera visto con cierta normalidad desde el resto del país. A nadie debería sorprender que un club sea capaz de competir en la competición en que se lo ha ganado. Cuando Eibar (27.400 habitantes) o Almendralejo (33.500) alcanzaron la cúspide del fútbol español, no se puso en cuestión su capacidad para jugar en Primera División, como no sucedió con ese cuento de hadas que es el Balonmano Nava, capaz de soñar en grande desde Nava de la Asunción (Segovia), localidad con apenas 2.790 censados. Si hablamos de baloncesto, el mejor ejemplo de ‘aldea gala’ bien podría ser Bembibre, cerca pero por debajo de 9.000 habitantes y cuyo orgulloso equipo disputa esta campaña por ―ahí es nada― decimosegunda temporada consecutiva la Liga Femenina Endesa.

Visto así, que Palencia (población en torno a 78.600) pueda medirse hoy al Barça debería ser, efectivamente, algo normal. Sin embargo, lamentablemente y durante años, no fue así en el caso del baloncesto masculino en este país. Bien lo saben precisamente en La Bella Desconocida, pues el ascenso deportivo de los morados a la elite en 2016 nunca fue ratificado. Era aquella una época oscura para la canasta española, en la que, cierto es que con los rescoldos de la crisis económica aún quemando, Burgos ―tres veces―, Melilla, Menorca u Ourense tuvieron que renunciar por unas antediluvianas exigencias económicas a lo que se habían ganado en la cancha. Fue la intervención de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia en 2017 la que suavizó los requisitos de acceso a la ACB. Desde ese momento, se recuperó una normalidad deportiva que nunca debió ni deberá perderse. Desde entonces, Gipuzkoa Basket y Río Breogán ―en dos ocasiones―, San Pablo Burgos, Basquet Manresa, Bilbao Basket, Real Betis, Covirán Granada, Basquet Girona, Morabanc Andorra y Zunder Palencia han acometido con la normalidad que exige la lógica el salto de categoría: han sido capaces de competir y de conseguir que fuera la cancha la que dicte sentencia. Tan solo en la anómala campaña 2019-20, la suspensión de la temporada por la pandemia, se quedó sin ascender el Carramimbre Valladolid.

Ante tales datos, es probable que entre los lectores los haya que opinen que esta columna llega a destiempo, que el problema ya está resuelto y que se trata de mirar hacia adelante por el bien de la competición y no tanto hacia atrás. Pero como este que suscribe es de esos que opinan que, quien no conoce su historia está condenado a repetirla, he estimado oportuno recordar que no hace tanto, entrar en el club de la ACB era una quimera y que la competición prácticamente se cerró de facto. Que demasiados sentimientos y carreras profesionales que merecían una oportunidad se vieron cercenados. Por eso me alegro tanto de que hoy miles de personas que llevan años soñando en morado ―el original Maristas Palencia se fundó en 1979― puedan tener al fin el premio de que su equipo participe en la mejor liga doméstica del mundo, NBA aparte. Que su Zunder Palencia se mida ni más ni menos que con el Barça. Porque eso, para la ciudad supone un empujón para su economía, un aliciente para su día a día y uno de los mayores hitos de su historia contemporánea. En Palencia se han ganado el derecho a creer y está bien que nadie pueda evitar eso. Porque recuperar la llama por el baloncesto de provincias es fundamental para que la canasta española siga siendo durante muchos años preponderante a nivel internacional.

Y bueno, sí. De la renuncia del Gran Canaria a la Euroliga esta misma temporada habrá que escribir otro día, si les parece, pues el problema no deja de ser similar. Cuando la sensatez de la supervivencia destruye los sueños y, sobre todo, la meritocracia, es que algo no funciona del todo bien en el sistema.

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