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"Bomba nuclear sobre Washington"

¡Qué buen país el que es capaz de atenazar así a un presidente gastador!

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¡Qué buen país el que es capaz de atenazar así a un presidente gastador!

¿Por qué será? Por qué será que los gobernantes, no importa su pertenencia política, raza, religión o lengua, siempre hacen recaer sobre la sociedad el resultado de sus errores. Una y otra vez engañan, siguiendo los viejos consejos de Maquiavelo al Príncipe, y cuando se encuentran ante la denuncia del engaño lanzan una soflama apocalíptica advirtiendo amenazantes a la sociedad de los males que le esperan, pues toda ella sufrirá el paso del ángel exterminador.

Supongo que es por esa extraña gracia (la llamada "Gracia de Estado") por la que el gobernante se siente autorizado a pontificar con aplomo sobre la falsedad más flagrante. Olvidan los orígenes del problema, las motivaciones que les llevaron a provocar el mismo y, con la mayor naturalidad, responsabilizan a la sociedad de los desaguisados que ellos mismos han creado. Se convierten, súbitamente, en apóstoles de las ideas que brotaron en contra de sus caóticos programas, vaticinando el mayor de los caos si no se pone remedio a la situación creada.

Cuando el presidente Obama se deslizaba por su campaña electoral se le criticó, dentro y fuera, porque su programa parecía extraído de los episodios de Alicia en el País de las Maravillas tan pulcramente descritos por Lewis Carroll (seudónimo de Charles Lutwidge Dogson). Era un programa irreal, fantasioso y altamente demagógico, que trataba de captar votos para su causa sin importar a qué precio.

Nunca dio respuesta a la cuestión clave que se repetía una y otra vez por críticos y por analistas: ¿cómo piensa pagar ese programa? Sólo uno de sus apartados ya se hacía imposible: el programa sanitario. Todo eran cuestiones menores para el que se sentía presidente.

Acorralado por sus promesas, trató de hacer algo de aquello que había prometido. Ya en el inicio se ve sobresaltado por aquella cuestión menor: ¿cómo pagar lo prometido? Su respuesta se produjo con el desenfado y desfachatez que gasta la izquierda allá donde manda: endeudamiento.

Así comenzó la espiral de endeudamiento, agotando las posibilidades que le ofrecía el techo de gasto establecido por una democracia que siente más respeto por el interés de los ciudadanos que por las aspiraciones de su presidente. Llegado al límite, consiguió in extremis que le fuera ampliado para poder seguir endeudándose, confiada la nación en que eran situaciones coyunturales de pronta solución.

Lejos de solucionarse, estamos hoy ante un nuevo asalto, se pieden más ampliaciones con un árbitro al que no le importa el KO; y es que el gastador es como el bebedor o el drogadicto: nunca tiene bastante. El señor presidente ha llevado los Estados Unidos al borde de la suspensión de pagos. Una situación alarmante que contrasta con su arrogancia, amenazando con los efectos equivalentes a una "bomba nuclear" si se desemboca en ella. Ni un signo de arrepentimiento o de enmienda. La culpa es de quienes no le autorizan seguir gastando.

¡Qué buen país el que es capaz de atenazar así a un presidente gastador!

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