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José T. Raga

Trabajar menos y mayores salarios

La remuneración por el trabajo no puede ser superior a la productividad del trabajo, salvo el consiguiente cierre empresarial por quiebra.

La remuneración por el trabajo no puede ser superior a la productividad del trabajo, salvo el consiguiente cierre empresarial por quiebra.
La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz | EFE

Como proclama, la suscribirían hasta los más tontos, o con mayor precisión, sólo los más tontos porque, dado que la conjunción de ambas variables no puede tener un final feliz, no lo harían quienes tuvieran una cultura suficiente para distinguir lo posible de lo imposible.

Pese a este comienzo tan apocalíptico, no es la primera vez que la oímos, y para los que la corean, no es, ni será, la única vez que la airean públicamente. Se pretende encontrar fieles partidarios, en unas ocasiones, y despertar a los dormidos, en otras.

Viene a ser la versión, en el siglo XXI, de aquella otra, con que acababa el Manifiesto Comunista: "Proletarios de todos los países, uníos". De hecho, la falta de imaginación de los voceros obliga a repetirla año tras año, cada Primero de Mayo.

La novedad, sin embargo, hace que no deba ocultarse –lo contrario sería un fraude a la obligada honestidad– que los vociferadores más notables, sindicalistas y ministros, disfrutan de elevados salarios y prebendas, más cuantiosos aún, si se consideran sus resultados.

Contrariamente, tengo que suponer que son conscientes de ello, en los países en los que aquella llamada del Manifiesto Comunista llegó a fraguar en una forma de gobierno, los niveles salariales son muy inferiores, sin disminución de la carga de trabajo, a la vez que, en general, los derechos humanos y sociales del trabajo están muy lejos de lo exigible.

De lo apetecible a lo posible –menos trabajo y más salario–, puede mediar un largo trecho, y de hecho suele ser lo común. Como, no es menor el trecho entre lo esperado y sus efectos –dejaré de tener necesidades, gracias al mayor salario–, cuando, los recursos disponibles, pocos o muchos, siempre serán limitados, mientras que las necesidades son ilimitadas, apareciendo nuevas, cuando se satisfacen las antiguas.

Y, por adentrarnos más en el mundo real, la remuneración por el trabajo –sueldo, salario, jornal… más cargas sociales (cuota obrera más cuota empresarial) que de ordinario se ocultan al cálculo del trabajador– no pueden ser superiores a la productividad del trabajo, salvo el consiguiente cierre empresarial por quiebra, y su efecto sobre el empleo, es decir, sobre el desempleo.

Hasta donde yo conozco, nada hay en las proclamas del Primero de Mayo que mencione una verdad que es inapelable. Los vociferadores la conocen, o deberían conocerla y, además, disponen de materiales a través de los informes de organismos internacionales y nacionales –Fondo Monetario Internacional, O.C.D.E., Comisión Europea, Banco de España…–.

Las estadísticas europeas, son bien elocuentes. Considerando la media europea de 27 países, igual a 100 puntos, la productividad por trabajador, en España, superaba la media hasta 2017 –años de gobierno Rajoy–, mientras que, en 2018, que el 2 de junio comienza el gobierno de Sánchez, se situó por debajo de la media (99,8), siguiendo así, desde entonces, hasta el último dato (97,0) en 2023; compárense con Irlanda, ese mismo año, productividad (200,3). Después, todos competimos en los mismos mercados.

Con estos datos ¿aún reclaman disminuir trabajo y aumentar salarios? No sé quién les engaña.

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