
Es bien cierto que todos somos diferentes, unos de otros, y que cada cual tiene sus peculiaridades, sus preferencias, sus capacidades y sus actitudes ante los diversos escenarios vitales en que nos desenvolvemos.
Incluso por la contumacia, tampoco es propia de una determinada profesión u ocupación, porque esta depende del propio carácter de las personas, con independencia de qué hagan en su vida profesional, o en el cargo de confianza para el que hayan sido designadas.
¿Cuál es, pues, la peculiaridad de esa contumacia en la actividad desarrollada por un ministro, y en su caso, qué carácter tiene esa actividad en el caso de la ministra de Trabajo y Seguridad Social, a quien pretenden referirse estas líneas?
La ministra de Trabajo, y el propio Ministerio del que es titular, tienen ante sí, de forma privilegiada, lo que conforma el mercado de trabajo como tal. Sí, mercado, porque con tal denominación, identificamos una relación entre oferentes y demandantes que tratan de intercambiar sus posiciones, aportando sus capacidades y recursos, para dar cumplimientos a sus objetivos, mediante el pago de un precio que, en este caso, recibe la denominación específica de salario, jornal o, más genéricamente, retribución.
El mercado de trabajo, tiene una riqueza que le distingue claramente del de los otros recursos (tierra y capital). También la tierra tiene una peculiaridad, su fertilidad, que la hace diferente al capital dinerario, en el que sus unidades son homogéneas, por lo que sólo importa su cuantía y cómo financiarla.
El trabajo reúne un conjunto de atributos dinámicos que le hace diferente en sus capacidades productivas ab initio, pero que incrementa sus desigualdades en el curso de la propia jornada laboral; no solo entre los distintos sujetos del trabajo (trabajadores) sino también en cada uno de ellos a lo largo de la propia jornada laboral, con altibajos en su productividad, dependiendo de factores personales como la dedicación, el cansancio, el propio compromiso de asumir la tarea productiva…
¿Por qué, señora ministra, asume una tarea tan compleja, como regular la prestación del trabajo, interfiriendo en esa múltiple y variada relación entre oferentes y demandantes de trabajo, fijando sus condiciones y entre ellas de modo destacado, las de jornada laboral, con sus condiciones, y salario mínimo a percibir por el trabajador?
Tal como van las cosas, al parecer tiene V. E. la intención de posponer la aprobación propuesta del conocido como "registro horario", por objeciones muy varias de la CEOE presentadas a su texto, y en general, por el acortamiento de plazos para implantar sus medidas; acortamiento sobre los de la UE.
Y, en esa atmósfera, una nueva pretensión se recogería en un nuevo proyecto de ley para blindar a los trabajadores que denuncien corrupción en las empresas, haciendo nulo su despido, ampliando así la protección al informante de la Ley de 2023. Para ello, tendrá que modificar también el Estatuto de los Trabajadores, que no es cuestión menor.
Francamente no creo que los trabajadores, en porcentaje significativo, piensen que las empresas son un a modo de infierno para martirizarles. Y, raramente, la regulación resuelve el problema.
