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José T. Raga

Desvanecimiento de mitos

Pocos, pero muy pocos, de los ministros que son o han sido de los gobiernos de Sánchez, han sido acreedores a la mitificación.

Pocos, pero muy pocos, de los ministros que son o han sido de los gobiernos de Sánchez, han sido acreedores a la mitificación.
EFE

Cuántas veces hemos participado en reuniones, quizás informales, que derivaron, sin pretenderlo, hacia la descalificación de personas públicas, por su torpeza o incompetencia para la misión asignada, agravadas aquellas, por la vanidad y soberbia de que solían hacer gala.

En ese escenario, siempre alguien intervenía, para suavizar el asombro de otros, ante los frecuentes cambios de opinión de los políticos, avalando hoy lo que condenarán mañana… –ya saben a qué me refiero, aunque no estoy pensando en nadie–. Recuerdo una de aquellas intervenciones, convertida en consejo: si queréis saber si una persona es honesta, no la pongáis a prueba.

Hoy, se me ocurriría añadir, porque si lo hacéis, se desvanecerá la supuesta honestidad, aunque esta conclusión, de hecho, quedaba implícita. Pocos, pero muy pocos, de los ministros que son o han sido de los gobiernos de Sánchez, han sido acreedores a la mitificación.

La mayoría podrían entrar en el grupo de los vanos, pero siendo honesto, no me importa confesar que dos de ellos les atribuí competencia para la función y capacidad para llevarla a término. Mi atribución se desvaneció, primero, con la titular de la Cartera de Economía –hoy presidenta del B. E. I.– y, en estos momentos, comienza a desvanecerse el ministro de Transformación Digital y…, cuyo largo historial de éxitos profesionales, no se compadece con su reforma de las pensiones públicas.

Estoy con la Comisión Europea (Ageing Report) en que, calculando el balance del sistema de pensiones públicas, a partir de las bases actuales de contribución al mismo y del gasto en pensiones, indexado al IPC –que pasaría del 13,1% del PIB en 2022 al 16,7% en 2070– resulta, de suyo, insostenible, dada nuestra proyección poblacional.

Una situación, que obligaría a aportaciones complementarias, mediante impuestos adicionales, o mayores cotizaciones sociales, rechazadas inicialmente, como innecesarias, por el entonces ministro de Inclusión, Seguridad Social… José Luis Escrivá.

Pregunta: ¿cualquier solución para el déficit del sistema, pasa necesariamente por incrementar impuestos/cotizaciones, o por negar derechos adquiridos de actuales/futuros pensionistas –reducción de las pensiones presentes o/y de las futuras, o retraso en el acceso a la jubilación–?

¿Por qué no comenzar limpiando el sistema? Toda pensión no contributiva, dado que no ha generado derecho, si cumple una función social que hay que atender, impútese a otra partida presupuestaria, pero no a la de un sistema que se basa en el equilibrio de cotizaciones y gastos derivados de aquellas, pero no otros. Parece que los fracasos de la gestión pública, en sus diversas vertientes, tienen que financiarse con los fondos generados para financiar las pensiones. Por ejemplo, ¿por qué un día de cotización, de los trabajadores temporales y de los falsos indefinidos, computará por 1,5 días, como tiempo de cotización?

De todos modos, antes de esos pequeños remiendos, por qué no disminuir los gastos corrientes innecesarios. ¿Se puede hablar de restricciones o de mayor esfuerzo fiscal, cuando tenemos un gobierno de veintidós ministros/as, de los/as cuales, tres son vicepresidentes/as, además del presidente?

¿Es que el gasto público corriente, es una suerte de res sacrae, que no se puede cuestionar?

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