
Los muy entrados en edad, vivimos momentos muy frecuentes, en los que tenemos la sensación de proceder de otro mundo porque, nuestra capacidad de comprender, y más aún aceptar, lo que vemos a diario nos resulta complejo y, en ocasiones, muy difícil o imposible de asumir. Sin embargo, son muchos los que conviven, incluso participan de ese mundo, sin la menor preocupación.
Se diría que viven confiados en un, a modo de providencialismo, presentando una imagen personal de ignorancia deliberada a todo lo que puedan significar principios, con un único lema: "El hoy es lo que hay, el mañana quién sabe".
Un punto de diferenciación entre el antes y el ahora, aparece respecto a la prioridad de qué significa el trabajo humano, su aportación al sentido de dignidad de la persona, individual y social.
Hay un estribillo que, en sus análisis sobre la juventud en España, asegura que los jóvenes de hoy se enfrentan a dificultades mayores para encontrar trabajo de las que fueron en tiempos pretéritos. Verdad o mentira, es obligatorio plantearse cuál es el motivo y cómo puede resolverse. ¿Es un problema de competencias, de habilidades, de disponibilidad, de entusiasmo…?
Si fuera un problema de competencias, cómo se compadece esto, con el mayor número de alumnos universitarios en los estudios de Grado, y mucho más en los de postgrado, que en cualquier tiempo anterior. El mayor conocimiento debería producir mayor nivel de competencias, aplicando los conocimientos al mundo económico.
¿Debemos concluir, que el problema es de disponibilidad para el esfuerzo, exigido por las condiciones de cualquier trabajo, o de compromiso para desarrollarlo, en tiempo y forma?
El problema del trabajo/empleo en España es, en efecto, una cuestión preocupante. Preocupante, con diferencias acusadas entre los demandantes de trabajo, y preocupante también, entre los oferentes de puestos de trabajo –empresas o empleadores públicos– que se dicen insatisfechos por el cariz del mercado.
Una cuestión de la que se habla, pero con poco entusiasmo porque contradice ideologías es, dada esa atmósfera de dificultades para el empleo, cómo puede explicarse que más de un millón de empleados, en el primer trimestre del presente año se hayan ausentado del trabajo por la conocida baja médica por incapacidad temporal –un 9,0% mayor de los del mismo período de 2025, y doble de los de 2019–.
El Gobierno, y concretamente tres ministerios, están directamente involucrados en la búsqueda de soluciones: El Ministerio de Trabajo y Economía Social, el de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y el de Economía, Comercio y Empresa. Todos ellos, tienen la obligación de estar altamente preocupados, al menos a como lo están los empresarios ante la inseguridad de cuántos, y de quienes, acudirán mañana a aportar su trabajo, como suponemos, que tanto deseaban.
Los clásicos dirían que, si la ausencia en el trabajo no implica una penalidad en la masa salarial, poco extraña que se produzca con tanta frecuencia. El mundo empresarial ya propuso que en los convenios se recortasen los complementos salariales a las aportaciones de la Seguridad Social, durante la baja. Pero, esta mercancía es difícil de vender.
Y así estamos…
