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¿Para qué la regularización?

Me pregunto, apelando a la responsabilidad como país de acogida, si los inmigrantes tienen información suficiente sobre el país al que se dirigen.

Me pregunto, apelando a la responsabilidad como país de acogida, si los inmigrantes tienen información suficiente sobre el país al que se dirigen.
Colas para la regularización en Valencia. | EFE

Dejo constancia, en el inicio de estas líneas, de que mi criterio respecto a los inmigrantes es que pretenden encontrar un medio de vida mediante el trabajo que, a buen seguro, no encuentran en su país de origen.

No puedo, o no quiero, aceptar la alternativa de que se trata de delincuentes que buscan oportunidades para delinquir en España con mayor rendimiento que en sus países de origen. Estoy convencido de que la mayoría –muy amplia– busca, honestamente, abrirse un nuevo camino vital aquí con mejores esperanzas que en sus países de origen; si delinquen, aplíquese la ley.

En principio, merecen consideración y ayuda, y me escandaliza que se mencione el problema de la inmigración como si de un movimiento de mercancías se tratase. Estamos hablando de personas humanas, con los mismos derechos que cualquier otra persona, a buscar los medios para un desarrollo humano y económico.

Desde el comienzo de esta semana, me duele ver largas colas para los trámites presenciales a fin de conseguir la regularización. Me duele el suplicio al que se les somete; me duele, en definitiva, que sean víctimas de la imprevisión del Gobierno, cosa ya habitual, por otro lado. ¿O pensaban que serían unos pocos los que acudieran a su llamada?

Y me pregunto, apelando a la responsabilidad como país de acogida, si disponen los inmigrantes de información suficiente sobre el país al que se dirigen, y en qué medida pueden asegurar que es el lugar adecuado para colmar sus esperanzas, tras su disposición a aportar cuanto esté en su mano para ello. Aportación que difícilmente podrá ser otra que su propio trabajo.

Desde esa cuestión, que no considero menor: ¿saben los inmigrantes que, de entre 38 países que recogen las estadísticas de Eurostat, solo Macedonia del Norte con un 11,5% y Bosnia-Herzegovina con un 12,2% de desempleo superan al de España en 2025, que ascendió al 10,5%?

Ello sin olvidar que, en los datos españoles de desempleo, se hace constar en dicha publicación que no corresponden conceptualmente a los que figuran para los demás países; o, dicho de otro modo, que el término desempleo en España significa otra cosa distinta a la del resto de países de la tabla. ¿Será un error encontrar empleo en uno de los tres países con mayor desempleo?

Más aún, ¿nos preocupa el desempleo inmigrante más que el del interior del país? Un dato es alarmante: las bajas por no superar el periodo de prueba, durante los dos primeros meses de 2026, alcanzaron un 45% (141.157 bajas), según datos del Régimen General de la Seguridad Social. ¿Falta de pericia o de compromiso por el trabajo? Habría que determinarlo y buscarle solución.

¿Por qué no emigrar a Alemania con solo el 3,8% de parados, o a Países Bajos con un 3,9%, Noruega 4,5%, Irlanda 4,7%...? ¿Se deciden por España para sumarse al 10,5% de los ya parados?

La falta de información no puede considerarse una causa extravagante, ni se puede eludir la responsabilidad del Gobierno por el proclamado anuncio de regularización, masiva e indiscriminada, atractivo para quienes, de buena fe, carecen de información.

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